Rember Yahuarcani es artista plástico. Sus obras están colgadas actualmente en el Museo de Bellas Artes de Salta (Belgrano 992). El título de la muestra revela su origen, “Desde el Amazonas”. Rember es joven pero siente bajo la piel un pasado vigoroso, en el que se entremezclan la magia y la tragedia. Y habla de él, de su pueblo y de su arte con una convicción imperturbable: “Yo soy de la nación Uitota, del Clan Aymenu, el Clan del Cielo.

Nosotros somos originalmente de la sabana colombiana, pero entre 1932 y 1933, por el conflicto peruano-colombiano, fuimos trasladas unas 2 mil familias hacia suelo peruano. Por esos años los uitotos, junto a las naciones Bora y Ocaina, estuvimos esclavizados por los “patrones del caucho”. En esa época trágica los uitotos pasamos de ser 45 mil habitantes a ser solo 10 mil. La mayoría fue asesinada, colgada, quemada o torturada hasta morir en el cepo”.
 

Actualmente, los uitotos viven en la comunidad de Pucaurquillo, en el distrito de Pevas, a orillas del Río Ampiyacu, afluente del Amazonas, a unas 18 horas de viaje por río desde Iquitos, la capital de la Amazonia peruana. Allí nació y se crió Rember. Salió por primera vez de Pevas a los 18 años, para presentar su primera exposición en Lima. “Aún sigo yendo a Pevas porque allí está toda mi familia y es el lugar donde encuentro mi inspiración. Ahí está mi abuela, la figura matriarcal del clan, que me cuenta historias y leyendas uitotas”, contó el artista a El Tribuno.
 

Rember creció pintando, haciendo esculturas y collares con semillas. Era la forma de supervivencia aprendida de su padre. Los destinatarios de esas creaciones eran turistas. Luego, en 2003, después de su primera muestra en Lima, su trabajo dio un viraje: “Mi objetivo, actualmente, es que las personas conozcan una cultura amazónica y que tengan una visión distinta a la que están acostumbrados. A ‘los indígenas’ siempre se nos ha encasillado en la antropología, la etnografía y la historia. Somos ‘material de estudio’; quedamos inmóviles en el tiempo. Eso ha hecho mucho daño a la habitantes de la Amazonia. Eso ha causado burla y exclusión. Yo declaro que ‘los indígenas’ también tenemos arte, ciencia, filosofía, medicina, música y poesía.
 

Por otro lado, busco que a través de mi pintura los uitotos sean vistos de una forma más horizontal. Yo no creo en la igualdad, pero sí creo mucho en el respeto”, sostiene Rember.
 

En la pintura de Yahuarcani no hay distinción entre la realidad y el sueño, ni entre hombre y naturaleza. Es una cosmovisión heredada de sus ancestros. “Muchas personas relacionan mi pintura con las visiones de la ayahuasca, pero no es así. Los uitotos tenemos el amipiri, que es la esencia de las hojas del tabaco. Con ella no tenemos visiones, pero sí sueños. Por medio del sueño y del ampiri curamos a nuestros enfermos y nos trasladamos a nuestro mundo espiritual, poblado de seres, dioses y héroes que nos enseñan y nos dan sabiduría”, explica el artista. Esa es su fórmula: Rember pinta, cada mañana, lo que le dictan los sueños. 
 

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