La mayoría de las redes sociales oscilan entre dos funciones: complacer la necesidad de compartir la vida con los contactos y exponer al desconocido la propia intimidad. Sin embargo en el caso de Instagram y también Twitter, donde las fotos son públicas, la pérdida de privacidad es más acusada.

En consecuencia, la aplicación despierta ese instinto voyeur que el ser humano lleva consigo, combinado con la inevitable inercia de desear lo que poseen los demás. Una tendencia, ésta última, que se ve acentuada por otro de los impulsos sociales irremediables del ser humano: mostrar estilos de vida de ensueño.

La red social recién adquirida por Facebook se ha convertido en la versión 2.0 de la “ventana indiscreta” de Alfred Hitchcock. Con la diferencia de que los vecinos observados no viven en el edificio de enfrente, sino en lugares de todo el planeta, lo que magnifica el efecto voyeur de los usuarios.

Instagram, además, sacia el afán de espiar la vida de los demás, sobre todo la de los famosos que invitan al resto de “mortales” a entrar en sus casas. Las fotos de los hijos de Messi o de Shakira y descubrir a Justin Bieber haciendo muecas en su yate eran instantáneas que antes solo se mostraban, como mucho, en las revistas del corazón, pero hoy son compartidas por los mismos protagonistas, generando el revuelo de sus fans.

Otra conducta que se manifiesta a menudo en las redes, muy asociada al voyeurismo, es el exhibicionismo. En Instagram es aun más exagerado, ya que es una plataforma para mostrar fotos donde, además, se pueden aplicar filtros embellecedores de rostros, objetos, paisajes... A menudo la necesidad de exhibirse se mezcla con las ganas de proyectar al mundo una imagen parcial de lo que realmente se es. En la mayoría de los casos solo se enseña de puertas para afuera los pequeños o grandes placeres de la vida, dependiendo del nivel adquisitivo del instagramer.

Las instantáneas se componen de objetos de moda, dispositivos de tecnología de punta, fiestas, conciertos, festivales de música, vacaciones en playas paradisíacas, casas bien decoradas, platos de comida apetitosa o libros y revistas colocados con gusto, entre otros instantes seductores. En este afán de exhibicionismo, alejado o no de la realidad, las redes sociales pueden generar niveles de competencia entre los usuarios un tanto angustiosos. Para el psiquiatra Michael Brody, la envidia y los celos se magnifican en las redes sociales.

 

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