“Ni las personas ni los animales pueden vivir así”, dictaminaba el buen juicio de un grupo de vecinos apostados ayer al mediodía en la esquina de 17 de Junio y Federico Rauch, en el barrio Ciudad del Milagro. Mirones, afectados directos y activistas se habían apostado al frente de una propiedad de alto a la que desde hace tres años llaman la Casa del Horror. Dependiendo de los elementos que emergieran sobre las carretillas de personal de la Cooperadora Asistencial y Acción Social, apretaban la mandíbula o apartaban la mirada. Las ratas huían amedrentadas porque la patrulla destruía sus madrigueras. Pero el hallazgo de 23 perros muertos causó indignación entre los presentes.

Francisco Capasso (64), el principal interesado, estaba ajeno y ausente en el procedimiento. Este hombre es propietario del inmueble intervenido, pero hace seis meses vive en total indigencia en la plaza Gemes.

Dos preocupaciones

Un panal prendido de una ventana del primer piso chorrea miel. Líquido de color indefinido cae desde la terraza. Objetivamente las condiciones sanitarias de la vivienda la convierten en un foco infeccioso. El epíteto que le devino de sus efectos y circunstancias es la Casa del Horror. Celeste vive en frente y cuenta que convive con olores pútridos, ratas, insectos y cucarachas. Pero por las noches la sobrecogen los lamentos y ladridos de perros “que sufren hambre, sed y abandono”. “Los vecinos les tiran comida por la tapia. Pero algunos quedaron en la terraza y de la desesperación se arrojaron a la calle”, relató. También hay denuncias por ataques de los canes que viven en el jardín. Estos casos de accidentes y mordeduras se mezclan con auténticos cuentos de horror. “Una perra había parido ahí, antes de que desmalezaran, y los cachorros se cruzaron a romper una bolsa de basura. Perecieron aplastados por un camión”, contó. “Ese hombre está mal de la cabeza”, concluyó Celeste.

Actuación municipal

En diálogo con El Tribuno, la secretaria de Acción Social de la Municipalidad, Ivette Dousset, explicó que habían recibido una orden de la jueza Hebe Samson, de Primera Instancia en lo Civil y Comercial, de prestarle asistencia a Francisco Capasso para que pueda volver a su casa. El jueves pasado él había firmado un permiso en la Central de Policía para autorizar a la Municipalidad a limpiar y refaccionar su vivienda. Además la Cooperadora le brinda asistencia alimentaria mientras continúe sin ocupación.

Capasso manifestó a los funcionarios municipales que había recibido maquinaria de un plan nacional para emprendimientos productivos. Sin embargo, aún no puso en ejercicio su proyecto. Consultada sobre el estado de salud mental de este hombre, Dousset dijo que no podría determinar si es insano, pero que se ha mostrado agresivo con los agentes de la Cooperadora. “Hemos cumplido con esa indicación judicial y lo seguimos ayudando hasta la actualidad, pero dada la actitud de él -que de a ratos se manifiesta de manera amistosa y de a ratos se pone agresivo- estamos dialogando con el procurador de la Municipalidad para ver si a través de la intervención judicial podemos continuar ayudando o desestimar este tipo de ayuda”, expresó.

 

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