Lejos del horror del crimen, el caso de la pequeña Judith desnudó enormes deudas sociales en las pujantes localidades del departamento Anta, donde contrastan los emprendimientos agrícola/ganaderos con bolsones de extrema pobreza.

La magnitud del crimen que conmocionó el departamento mostró también la precariedad laboral de cientos de anteños y también un altísimo índice de analfabetismo entre estos argentinos.

El ejemplo más crudo: los padres de la pequeña Judith, ambos completamente analfabetos. Al respecto, Fabián Palma padre de la niña se sinceró con nuestro medio y aseguró que en su ruda vida de trabajo jamás tuvo oportunidad de alfabetizarse, al igual que su esposa, Antonia Quiroga.

“Yo aprendí a firmar, en tanto ella ni siquiera eso puede hacer”, se lamentó. “Muchas veces pensé en hacer la escuela primaria, al menos para poder manejarme en la ciudad, pero nunca tuve oportunidad, siempre tuve enfrente la obligación del trabajo”, dijo.

Luego agregó: “Jamás pasó por mi mente lo importante que es saber leer y escribir, hasta que la desgracia tocó mi puerta. Con todo el dolor del momento tuve que aceptar mi realidad y la de mi esposa. Ni siquiera sabemos qué denunciamos, absolutamente nada pudimos leer”.

“Nunca supimos lo que escribieron de nosotros, no podemos saber qué es lo que nos notifican y menos entender los diarios o las letras de la televisión”, dijeron ambos. “Durante semanas nos leyeron las noticias”, se sinceró Fabián.

“Alguna vez, quizá, consigamos quién, a nuestra edad, pueda ayudarnos. Alguna beca nacional, por pequeña que sea, que me exima de algunas horas de changuear para dedicarlas a aprender lo que de niño no pude. En un futuro quizá así pueda dimensionar lo que he vivido y tal vez poder contar con letras lo que con palabras no me animé a decir”, reflexionó.

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