Una de las localidades más complicadas de la provincia: Orán. Uno de los pueblos donde la falta de contención y de políticas públicas pone de manifiesto que combatir la pobreza y el narcotráfico no es un plan: Orán. Es a esa localidad donde el papa Francisco le pidió al padre Gustavo Zanchetta que llevara tranquilidad. Lo designó obispo y el 31 de agosto asume como sucesor del padre Colombo.

Tiene expectativas. Ya sabe donde fue designado. Conoce el lugar, aunque espera empaparse del todo, una vez allí. Pobreza y drogas en los jóvenes son dos temas que le preocupan.

Zanchetta nació en Rosario de Santa Fe, el 28 de febrero de 1964. Tiene 49 años. A partir de 1984 decidió escuchar su vocación, que desde joven le indicaba que el camino a seguir era, justamente, el que eligió. En 1990, ingresó al seminario mayor María Reina de los Apóstoles, de la diócesis de Quilmes y, en diciembre de 1991, recibió la ordenación presbiterial. Desde el año 2001 que es párroco de la iglesia San Francisco de Asís, en Quilmes, provincia de Buenos Aires.

Se desempeña además como subsecretario Ejecutivo de la Conferencia Episcopal para la Pontificia Universidad Católica Argentina.

A poco de su asunción como obispo de la diócesis de Orán, el padre Zanchetta habló en exclusivo con El Tribuno.

Padre ¿cuáles son las expectativas con este nuevo rol que el papa Francisco le pidió que asuma?

Fue una sorpresa. Uno nunca se espera los nombramientos. Cuando llega una designación así, es una gran sorpresa y un gran desafío. Llevo muchos años de trabajo. Tengo una relación muy cercana con el Papa. Lo tomé como la voluntad de Dios. Dije que sí. En la obediencia de la fe, acepté con alegría. Me sentí libre cuando dije que sí, más allá de todo lo que uno deja. Me siento muy pequeño frente a todo esto. Somos simples servidores y yo cumplo con lo que Jesús me ordena. No busco grandezas ni mucho menos.

Como párroco de la diócesis de Quilmes, trabajó mucho con la gente humilde. ¿Qué enseñanzas le dejaron marcas profundas?

Sí muchísimo. La pobreza en sí misma no es algo que Dios quiera para sus hijos. Dios quiere que compartamos y los que menos tienen sean los que menos sufran. Viví en un entorno en el que ví muchísimas necesidades. Y hay que seguir el ejemplo de Jesús. Sus gestos con los más necesitados, con los paralíticos, los pobres, eran magníficos.

Claro, es el rol del sacerdocio.

Un sacerdote no hace promoción humana al margen del Evangelio. La palabra de Dios indica que lo que El quiere es la felicidad de sus hijos. Y cualquier acto que hacemos los sacerdotes tiene que ser eso.

El nivel de pobreza es un problema grave en Salta y muchas veces se ponen excusas para solucionarlo.

No tienen que haber excusas para enfrentar la pobreza. Siempre echamos la culpa al otro, al dirigente, al que no participa, etc. Todos tenemos que involucrarnos. Ya lo dijo Francisco hace unos días: “quiero a la iglesia en la calle”.

¿Usted ya conoce Orán?

Estuve una semana en 2008, pero sé con que me voy a encontrar. Lo que siento que tengo que hacer, es ser pastor de todos, escuchar a todos y aprender. Quiero escuchar a la gente, al ciudadano. Voy a ponerle el hombro al país. Soy un servidor, no un caudillo. Tengo que acercar la gente a Dios.

La diócesis de Orán se caracteriza por la contención social que le da a los pueblos del norte.

Sí. Recibí grandes mensajes que me dejaban pensando ¿cómo haré? Ultimamente los cambios de obispos de Orán fueron poco frecuentes. Pero quiero que sepan que voy para quedarme. Ahora Orán es mi pueblo. Siento que ya me adoptaron. Estoy llegando a una diócesis comprometida con la pobreza y los aborígenes.

Padre, le pregunto algo que muchas veces se lo deben haber consultado pero, ¿por qué ligamos todo a Dios cuando pasan desgracias?

Uno le reclama siempre a alguien que quiere, que ama. El mismo Jesús le pidió a Dios que no lo abandone cuando estaba en la cruz. Una desgracia no ocurre porque Dios quiso perjudicarte. Las experiencias nos enriquecen y son pruebas de fe que vivimos.

¿Por qué vivimos una crisis de valores?

Porque improvisamos y olvidamos los principales valores, hacia donde vamos; no está claro hacia dónde queremos ir como sociedad. Vivimos en una sociedad que descarta a los viejos y los jóvenes no tienen certezas ni rumbo claro. Hay que revalorizar el trabajo, la familia, el prójimo, la responsabilidad.

Gustavo, el papa Francisco asumió hace muy poco y ya propuso muchos cambios. Pidió que la Iglesia salga a la calle, y habló de la necesidad de ser pobres. ¿Cómo analiza los cambios que propone para la Iglesia?

Recién está empezando el papa Francisco. Coincido con él respecto a la necesidad de que la Iglesia abra la ventana para que entre el mundo fresco. Eso es lo que necesitamos. Ya con que Bergoglio haya elegido tomar el nombre de Francisco, indica hacia donde vamos y la importancia que tiene para nosotros la pobreza.

¿Cómo es su relación con él? ¿Cuál es su mirada sobre la llegada de Bergoglio al Vaticano?

Yo lo conozco muy bien a Francisco porque somos grandes amigos. Sé que él interpreta muy bien lo que está necesitando la Iglesia. Tengo muchísimas anécdotas con Bergoglio. Nos conocimos en 2001 cuando entre a la Conferencia Episcopal. Ahí nos hicimos amigos. Es una persona que no busca protagonismo, en absoluto. Su espontaneidad y humildad es clara y real. Es una persona que conoce claramente la realidad y que está al tanto de todo lo que ocurre. Por ejemplo, sabe como es la situación de Orán.

¿Qué reflexión interna realiza cuando vuelve de un comedor o de una villa?

Me sorprendo. Pienso en el esfuerzo que hacen los pobres para llevar comida a su mesa. Hay veces que siento que estoy desbordado pastoralmente cuando veo tanta lucha y esfuerzo de la gente pobre. Siempre me conmovió la mujer sola, la madre abandonada con varios hijos, esa mujer que se guarda las lágrimas a la noche para que sus hijos no la vean llorar y que pelea sola en el mundo.
¡Hay tanta gente anónima que hace muchísimo! Siempre insisto en que es importante que nos hagamos el aguante entre nosotros. Si la gente se corta cada una por su lado, todo se pierde.

¿Cuál es su mirada sobre la clase política? ¿Considera que hay una falta de sensibilidad importante por parte de los políticos?

Sí. Hay de todo. Hay dirigentes muy honestos, muy buenos y también hay otros que son lo contrario. El clientelismo y la cultura de la dádiva fueron generando una gran descrédito entre los habitantes del pueblo. Nos sentimos defraudados, eso es difícil de negarlo. Los buenos políticos tienen poco espacio para dar buenos ejemplos. Pero pienso que hay políticos a los cuales admiro y otros que me dan vergüenza...vergüenza de que sean argentinos.

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