En una calle de París, la exnadadora suiza y ahora modelo de cabeza rapada Tamy Glauser, ofrece una demostración de técnicas de pasarela muy diferentes.

En la primera muestra unos movimientos muy masculinos, pero de repente, con una mirada altiva, los hombros atrás y una postura firme, se convierte en la más femenina.

Ella se suma a la tendencia de modelos andróginos como lo hizo en los últimos tres años el serbio Andrej Pejic, uno de los más importantes de esta industria. Y ya está haciendo camino el ucraniano Stav Strashko, quien reside en Israel y ya realizó la campaña con Toyota Japón.

Para los diseñadores, la virtud de este tipo de modelos reside en la posibilidad de mutar, en minutos, de varón a mujer o a la inversa y desfilar tanto con ropa masculina como femenina.

Con 28 años, Glauser podría no haber sido aceptada en la industria del modelaje convencional. Pero tan solo un año después de dejar su trabajo en un club de Ginebra, se encuentra hoy con un contrato bajo el brazo con una de las mejores agencias de modelos, Ford Models Europe.

Con un look masculino, Glauser es la última incorporación a un grupo de modelos que no sólo trabajan en un look algo más andrógino, sino que se han encontrado también con ofertas en pasarelas masculinas.

Hubo pioneras en esta línea andrógina de modelaje con la francesa Casey Legler, la holandesa Saskia de Brauw, la estadounidense de origen japonés Jenny Shimizu y la neozelandesa Ashleigh Good. Ellas comenzaron este estilo de modelar a lo que Glauser se refiere como “pequeño movimiento”.

Glauser se describe a sí misma como un espíritu libre que no puede quedarse quieta en un mismo sitio, es una oportunidad para vivir la vida que mejor le convenga. “El mundo de la moda es muy diferente, otro planeta, pero por eso mismo me siento cómoda”, añade.

Dice que en los baños de los bares parisinos las mujeres le aclaran que está en el lugar equivocado, que en la calle la llaman monsieur, en las tiendas de ropa elige la suya en la sección masculina y que ya nunca volverá a dejarse el pelo largo. Con su figura esbelta de 1,80 m, de líneas fuertes, tan aptas para los modelos masculinos como para la alta costura para mujer.

Una modelo diferente

En una entrevista en París, se sinceró con una definición interesante sobre la belleza: “ahora pienso que la belleza tiene mucho que ver con la personalidad. Creo en que algo simplemente bello es bello, pero aburrido”.

El pasado año, Glauser se preparaba para mudarse a Berlín para darle una última oportunidad a la universidad antes de dejarla por segunda vez. Ya en Alemania, una amiga que trabajaba en la contratación de modelos para una agencia le sugirió que modelase para poder pagar las facturas.

Cuando la agencia distribuyó sus fotografías, Glauser se encontró hasta arriba de trabajo gracias a Ford.

En pocos meses estaba en las pasarelas de París trabajando para diseñadores de la talla de Vivienne Westwood y Jean Paul Gaultier y desfilando con ropa masculina para Givenchy.

“No sé bien cómo empezó todo, pero modelar con ropa masculina fue siempre una idea que tenía en la cabeza. Tuvo sentido porque la ropa que llevo tiende más a ese tipo de moda”, comenta.

Tamy Glauser, favorita de diseñadores como Jean Paul Gaultier o Givenchy, se siente cómoda vistiendo ropa masculina y rodeada de chicos. “Al final del día, me siento como una de ellos”, contó.

Una revolución

Steven Kanoo, el director de la división femenina de Ford, dice que hay clientes que se han pasado de las ideas más convencionales sobre la belleza femenina a buscar modelos con personalidades fuertes que destaquen. Atribuye los intereses actuales en la androginia y los modelos que siguen este estilo a la confección de diseños para gente delgada como los de la diseñadora francesa Hedi Slimane.

Los modelos que trabajan para Saint Laurent tienden a llevar ropa para gente muy delgada, incluso dentro del estándar de la industria, y se le atribuye la revolución de la ropa masculina tras su paso por Dior desde el año 2000 a 2007.

“En los años 90 existía una idea común sobre la belleza, pero las cosas han ido cambiando desde que el diseñador francés Hedi Slimane se pasó a la ropa para hombres muy delgados. Eso cambió algo dentro de esta industria”, dijo Kanoo.

El director de la división femenina de Ford explica que “de repente aparecieron estas chicas con facciones duras y todo el mundo se estaba cansado de la idea generalizada de belleza, por lo que todos estaban de acuerdo con algo nuevo. Ahora puedes ser raro y salir impresionante en las fotografías, que es en lo que se han apoyado muchos diseñadores para obtener mayor personalidad”.

E insiste en que los tiempos han cambiado y que la moda es un círculo “por lo que volveremos seguramente a la época de los 90”.

Y sobre la suiza dice: “Tiene un estilo muy especial que puede desentonar en el mundo de la moda y que hay que poder asumir. Es como una marca que no les conviene a todos”.

En definitiva, la industria de la moda se sirve de todas las innovaciones capaces de impactar y vender.

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