Acusan al cura Balbi de haber abusado de varios adolescentes

A las denuncias por filiación iniciadas contra el sacerdote Abel Eduardo Balbi que recientemente publicó este medio, ahora se suman denuncias por abuso. 

El alcance que tuvieron los últimos casos, que por un lado evidenciaron los manejos de la Iglesia y por otro despertaron expedientes judiciales que estaban dormidos, además de la cobertura mediática; empujaron a hablar a testigos que callaron durante años. 

El paso del sacerdote Eduardo Balbi por Joaquín V. González en la década del 80 y por Villa Primavera en los 90, en la capital salteña, se entrecruza en puntos en los que las historias coinciden, más allá del tiempo y las distancias: supuestos abusos de adolescentes, su poder influyente y el miedo o la vergüenza de hablar.

“Mi mamá hasta el día de hoy me dice que una vez estaba cuerpo a tierra atrás de un ligustro, mirando si yo no salía de la casa parroquial. Todos sabían”, aseguró Matías (nombre ficticio) un vecino de Joaquín V . González que afirma que nunca olvidó, y que siempre reprochó el silencio que guardaron los adultos de aquella época. Un silencio que está dispuesto a romper si la Justicia lo requiere, porque “ahora yo soy padre de familia, y esto es un mínimo aporte. Siempre me pregunto de lo que podría haber sido y no fue”. Con su denuncia, Matías siente que de alguna manera paga la “deuda de nuestros padres, que sabían pero nunca hicieron nada”. 

El vecino pidió reservar su identidad para “proteger” a su familia. Al mismo motivo apela todo aquel que se dispone a hablar de aquellas épocas en el pueblo anteño. “Él me daba consejos que me sirvieron, pero lo que Balbi hacía por otro lado, y lo que significaba para el pueblo como sacerdote me causaba controversia. Al ser más grande fui entendiendo muchas cosas, no sé qué contactos habrá tenido para que eso no se sepa”, afirmó un maestro del pueblo que accedió a hablar con El Tribuno.
 
Un sacerdote “influyente”

Cuando los testigos vuelven a los tiempos de Balbi en la parroquia del pueblo la influencia de la que gozaba el sacerdote se destaca insistentemente. “Él siempre gozó de cierta inmunidad e impunidad”, señaló Matías desde Joaquín V. González. Mientras que, en Villa Primavera, el barrio al que llegó luego, también se resalta aquella “protección”, con la que habría contado el religioso. Al punto que incluso habría salido ileso de un juicio canónico.

“Una chica de la Acción Católica, María Pilar, lo denunció ante la Iglesia, hubo chicos que fueron a testificar. Mi hermano era delegado de la Acción Católica, él se mantuvo al margen y cuando vio que la cosa estaba jodida y que no se podía con él, se hizo a un lado”, contó Néstor, que aún vive en el barrio. 

En Joaquín V. González cambian los rostros de quienes “se animan”, pero el relato se une incluso por los detalles: invitaciones a la casa parroquial, regalos, dinero, campanadas en plena madrugada, y panfletos anónimos que denunciaban lo que todos habrían sabido pero callaban. 

Matías hoy tiene 51 años, cuando era adolescente asistía a las actividades de la iglesia por mandato de su madre, que pertenecía a la Legión de María. Fue testigo de dos situaciones que lo llevaron a alejarse de la Iglesia hasta la actualidad. “Yo era terrible”, reconoció, por lo que accedió al pedido de su madre de ir a hablar con Balbi para que lo “aconseje“. “Eran como las 16 , y apenas me subí a la camioneta, una Ford Ranchera 0 km, no anduvo con rodeos. Me manoteó apenas subí. Evaluando su comportamiento ahora, me doy cuenta que estaba cebado. Me dijo que lo excité apenas me vio, yo en esa época usaba pantalones ajustados. Quería que lo acceda carnalmente. Yo era bandolero, así que le quise pegar. Aunque yo ya sabía, pero ahí se le terminó de salir la capucha. Después me quiso seducir con algo de dinero”, contó. 

La denuncia por paternidad en contra del sacerdote le despertó a Matías los recuerdos de su juventud, como el retiro espiritual al que asistió en El Quebrachal.

Polémicos “concursos”

“Éramos entre 35 y 30 changos, nos alojamos en una escuelita de ahí. Estuvimos dos días, era mixto, pero los varones estábamos por un lado y las mujeres por otro. El tipo (Balbi) propiciaba un tipo de concurso de quién la tenía más grande, la tenías que tener parada, y él era el juez” , relató Matías. Luego de eso aseguró que “comenzó el éxodo“ de adolescentes para “hacerle el favor al cura a cambio de una dádiva, comercializaba con algunos, como prostitución”, señaló.

“Yo tenía entre 15 y 16 años, era monaguillo . Una vez me dijeron que el padre nos había invitado a comer, fuimos y comencé a ver cosas raras, películas porno en la casa parroquial. No es que a todos los que iban les hacía algo, el que aceptaba las reglas del juego se iba a la habitación con él. Muchas veces elegía a gente de menos recursos que uno y les daba plata o regalos”, aseguró el maestro.

Los diferentes testigos afirman que no mediaba la violencia, pero que los “regalos” y dinero actuaban como señuelos para obtener lo que el cura quería. “Les prestaba el Torino marrón que tenía, y les daba plata para tomar. Él manipulaba con esas cosas”, agregó el docente.

“Usó el templo de la iglesia para sus orgías, los chicos andaban por el pueblo tomando el mistela o jugando con las hostias”, recordó Matías molesto.

Los hechos habrían comenzado a ser inmanejables, al punto de sobrepasar los muros de la parroquia. Ciertos episodios tomaron estado público intentando dar indicios, o incluso denuncias directas de lo que habría estado sucediendo. “Cuando sonaban las campanas era porque él estaba con otras personas y no quería abrir. Los chicos querían plata y se vengaban colgándose de las campanas”, continuó con su relato el maestro.

Matías aseguró haber sido testigo de aquel suceso que señaló el docente, y sumó otros detalles de aquella noche: “Una noche volvimos de un acto político, alrededor de la cinco de la mañana. Me acuerdo de tres que querían seguir tomando pero estaban secos, y estaban a metros del ‘banco’, la casa parroquial de Balbi. Así que fueron a buscarlo al cura, que los atendió por la ventana diciéndole que estaba ocupado.

Luego de su paso por J.V. González, Balbi pasó por Villa Primavera. Archivo. 

Los changos, calientes, como ya conocían todo el movimiento, entraron y tocaron las campanas”, recordó.

Esa no habría sido la única situación que irrumpió en la rutina del pueblo. “Una vez, salieron unos panfletos”, dijo Matías. Y agregó: “En realidad salieron dos, con nombres de los que estaban con Balbi, y hasta con nombres de los padres”.

Con el paso del tiempo, el malestar entre los jóvenes habría comenzado a escalar hasta llegar a escraches y destrozos: “Una vez, de la bronca le rompimos todo en la iglesia y en su casa, hasta sus fotos de sus viajes a Europa y Chile. Le escribimos insultos por todos lados con el dentífrico”, confesó Matías. Años después de aquel episodio, interpreta el silencio del sacerdote como aval de su testimonio, “Balbi no denunció nada, sabía quiénes éramos y por qué lo hacíamos”, subrayó.

La historia de los supuestos abusos en el pueblo tiene dos caminos: callarla o tomarla como “anecdótica”, apuntó..

Luis nació en los 90 y fue bautizado por Balbi. Si bien casi no lo conoció, hoy es amigo de aquellos que si tuvieron contactaron el cura. “Tengo amigos más grandes que yo. Ellos siempre lo cuentan como una hazaña. No sé si abusó, bueno, pasa que ellos eran menores en aquella época, es discutible”, interpretó. 

“No era en el marco de algo violento, había regalos, cigarrillos, alcohol, ellos estaban comenzando a tomar. Ahora que me pongo a pensar. Suena horrible. Los chicos lo toman como una gracia, como que ellos lo agarraban al cura. Como hombre es un mecanismo de autodefensa, si no quedás como la víctima. Imaginate la condena social que puede ser para un tipo. Acá te apuntan, vas a ir al café y los vagos se matan de risa. Es muy difícil que en un pueblo vengan y te cuenten sobre ese tipo de cosas”, explicó Luis. “Pero son un montón de casos”, aseguró.

“Pueblo chico, infierno grande”, resume el docente al referirse al silencio que se guardó por tantos años. “Aquí hay un montón de changos que ahora son profesionales: abogados, contadores, empresarios y hasta periodistas”, lanzó.

Matías aseguró que Balbi “no estaba solo, eran un par de tipos. Incluso hay uno que hace poco fue condenado por un delito sexual”, lanzó.

Según la versión de diferentes vecinos, los sacerdotes que sucedieron a Balbi habrían sido puestos en aviso. Incluso, fuentes eclesiásticas que trabajan actualmente en el pueblo aseguraron que Balbi se fue haciendo “mucho lío” y que por eso monseñor Cargnello le negó que regresara a Salta.

También indicó haber sido testigo de personas que dijeron que Balbi “les arruinó la vida”. 

Durante la audiencia por supuesta paternidad convocada por el Tribunal Eclesiástico hace algunos días, uno de los testigos le advirtió al juez Loyola Pintos y de Sancristóval sobre los “rumores de abuso contra Balbi”. El sacerdote pidió que se denuncien formalmente aquellos casos. 

Su paso por Villa Primavera

Luego de su paso por Joaquín V. González, Villa Primavera, en la capital salteña, fue el siguiente destino de Balbi. Allí los vecinos también señalan invitaciones a los chicos a ver películas pornográficas y manipulaciones, con “regalos” y dinero de por medio. “No quiero dar mi nombre, porque en aquella época no le hicieron nada, menos ahora”, aseguró Raúl. Dijo que era un asiduo concurrente de la iglesia de la villa. Entre los 12 y 15 años, contó, él y su primo recibieron una invitación de Balbi para ir a ver películas y comer hamburguesas. “Balbi nos preguntó si queríamos tomar algo. Le dijimos que gaseosa, y nos preguntó si no queríamos algo más fuerte. Tenía la heladera llena, te ponía la bebida, la comida y luego te tocaba para ver cómo estabas. Después salía y se paseaba en ropa interior”, contó. “Al momento de irnos, tocó a mi primo. Nosotros no llegamos a ver la mitad de la película y dijimos que se nos hizo tarde y nos fuimos. No puedo hacerle denuncia por algo que no hizo conmigo”, aseveró. 

El vecino, que hoy tiene 40 años y aún vive en aquel barrio, indicó que la mayoría de los adolescentes que llegaban a esta situación tenían entre 12 a 15 años. Aunque destacó que la mayoría se fue cuando “estalló todo”. 

“Hay un montón de chicos que se fueron y se cambiaron de casa cuando salió todo el problema”, señaló.

“Mi hermano se enfermó por los abusos que sufrió y se suicidó”

L.J.N. son las iniciales de un joven de Joaquín V. González que en el 2012 se suicidó. “Es aún muy doloroso para mi familia, por eso les pido solo dar a conocer las iniciales de mi hermano“, pidió Hernán desde Buenos Aires. La drástica decisión que tomó el joven destrozó a su familia, que quiso olvidar “todo esto”. Pero la denuncia por filiación dada a conocer por El Tribuno recientemente volvió a calar hondo en la tragedia familiar. “Cuando supe que investigaban a Balbi, empecé a recordar”, comenzó su relato el hombre. Su hermano fue monaguillo de la parroquia del pueblo. “El decía que quería contar cosas graves que le habían pasado, pero que le daba vergüenza”, recordó Hernán. Tanto él como su familia desestimaron sus dichos y creyeron que “eran pavadas”.

“A los 26 años empezó con una enfermedad mental, y comenzó a contar todo, incluso escribió un cuaderno“, aseveró Hernán. Para L.J.N. fue cada vez más difícil superar el drama, y preocupado para que “otros no sufrieran como él”, intentó hacer una denuncia. “Hace unos siete u ocho años fue al Arzobispado de Salta y lo echaron. Le dijeron que dejara de inventar estas cosas”, relató Hernán. Contó que su hermano habría llegado hasta una comisaría, pero en la Justicia no figuran denuncias contra el sacerdote. Desesperado por no ser escuchado, el joven se descargó a través de las redes sociales acusando a Balbi de haberlo abusado. Hernán sostiene que la enfermedad mental del joven se debió a los episodios de abusos que habría sufrido. “Todo esto que pasó lo llevó a que se enferme. Se bañaba muchas veces al día, porque decía que se sentía sucio”, recordó.

Incluso -afirmó- fue tratado en el hospital Ragone, donde lo tildaron de mentiroso. “Como profesional de la salud puedo asegurar que no mentía, todo lo que le pasó era verdad”, aseguró Hernán. La familia se divide entre los que quieren denunciar y los que prefieren olvidar. “Para mi familia fue devastador, siempre estuvo esa cosa que a él le pasó algo, pero nunca se habló”, concluyó. 

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