Arzobispo Cargnello: "Creo que las pintadas de los pañuelos no eran para enojarse"

Luego de la ceremonia de Lavatorio de Pies, que dio inicio al Triduo Pascual, el arzobispo Mario Cargnello habló anoche con El Tribuno sobre la polémica que se generó por los pañuelos blancos que estamparon en el suelo de varias plazas organizaciones de derechos humanos el 24 de marzo y que una agrupación de gauchos borró. Afirmó no haber estado inicialmente enterado de lo que sucedía pero dijo que, al ver las fotos de las pintadas, no le parecieron ofensivas.

"Pintar en el piso no era para enojarse, no tocaron el monumento, era una manera de expresar los valores que a ellos los movilizan, en este caso los derechos humanos y decir: nunca más", señaló el máximo referente de la Iglesia en Salta, luego de una ceremonia celebrada para vecinos de diferentes barrios en la iglesia San Pablo.

El arzobispo se refirió al tema tras el debate que se generó porque organizaciones de derechos humanos pintaron los pañuelos que representan a las Madres de Plaza de Mayo alrededor de un monolito de Gemes, en la plaza Belgrano, y una agrupación de gauchos decidió borrarlos.

Cargello sostuvo: "Los próceres son de todos, no son de un grupo particular. Tenemos que madurar, nadie es dueño de la historia".

También afirmó que estaba al tanto de la carta abierta en la que la cineasta Lucrecia Martel le pidió: "Ojalá Monseñor pueda decir usted unas palabras que traigan un poco de luz, un poco de cordura".

Apelando al espíritu conciliatorio de la Iglesia, expresó: "Nos tenemos que tratar con respeto, todavía nos falta, hay mucho dolor, la herida está, hay gente que azuza la herida. Pero me parece que es una cuestión que no debería seguir siendo fogoneada. Ojalá nos sepamos pedir disculpas y seguir para adelante".

La actitud de borrar los pañuelos, que luego volvieron a dibujarse, según consideró, solo sirvió para "lograr que se pinten aún más". Consultado sobre los dichos de Hebe de Bonafini, que dijo que había que "pintar hasta las escaleras de la Catedral", decidió no dar declaraciones.

La ceremonia

Cargnello ofició la tradicional ceremonia del Lavatorio de Pies, que se hace cada Jueves Santo, junto con el sacerdote Luis Sanjinés.

El arzobispo le lavó los pies a 12 hombres, la mayoría adultos, ocho de ellos en situación de calle y con problemas de alcoholismo. "El padre Luis está llevando una gran labor con los que aquí más necesitan, que son muchos. Les da de comer aquí en la iglesia", destacó Cargnello.

"Tengo que transformar el gozo de ser amado en gesto de servicio y amor", indicó el religioso durante la homilía.

Esta ceremonia se hizo en 2016 en la cárcel de Villa Las Rosas y en 2017, en El Galpón. Esta vez, la elección fue motivada por la situación social de la zona donde está el templo. "Elegí este barrio porque lo quiero particularmente, porque es el barrio más pobre de la ciudad. Queríamos que nos asfalten, que nos corten el pasto a la entrada, que es como un muro de invisibilidad para los que están de este lado", indicó Cargnello.

Puntualizó además en las necesidades de la zona: "Falta luz, alumbrado público, asfaltado, desmalezar y encauzar el canal. Cuando llega el asfalto a la gente le cambia el humor", señaló.

 

 

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