“El límite entre realidad y ficción ya no es difuso: dejó de existir”

Enzo Maqueira escribe para ejercer su libertad. Ronda los 40 años y recientemente presentó en Buenos Aires “Hágase usted mismo”, un relato singular y con necesarias zonas áridas, donde ‘un hombre adquiere plena conciencia de su cobardía”.
Graduado en Comunicación Social, es docente universitario y colabora con diversos medios gráficos y digitales, como las revistas Anfibia, Vice y Viva. Es autor del libro de crónicas Historias de putas y de las novelas Ruda macho, El impostor y Electr ónica. En diálogo con El Tribuno, asegura que asistimos a la caída de las construcciones binarias y que el feminismo es una revolución.

El protagonista de “Hágase usted mismo” toma los recuerdos de infancia como punto de partida ¿cuáles son esos motores a nivel personal, tuyos, como autor?

Los mismos. Hasta el momento (creo que es una etapa cumplida), trabajé en gran medida con la infancia o con el pasado en general como punto de partida. En este caso, una etapa similar a la que elegí en mi primera novela, “Ruda macho”, que son los primeros años de vida. Pero la infancia o la memoria siempre son disparadores. No hago autoficción ni literatura del yo. En el pasado encuentro la materia prima, el recurso; pero al moldear esa materia prima la ficción se abre paso por cuenta propia. La novela traza su propio camino. Los personajes eligen. También, como en el caso del protagonista de “Hágase usted mismo”, hay otros puntos de partida que por lo general tiene que ver con mi lugar como lector, como espectador o como público: en otras historias, en otras obras, en otras artes, encuentro más elementos que pueden funcionar como disparadores. En esta novela, ese lugar es ocupado mayormente por el cine. Y por último, a nivel inconsciente, la hiperconectividad, el diálogo desordenado de las redes sociales, la coyuntura, aquello que nos atraviesa y los distintos discursos e imaginarios en los cuales nos sumergimos, deben ser necesariamente un punto de partida para toda creación individual, aunque tenga un origen colectivo. Todos estamos escribiendo algo todo el tiempo y nos retroalimentamos de esa experiencia.

Hay, también un movimiento de escaparse para reencontrarse y de literatura dentro de la literatura, porque el personaje también escribe ¿como definirías desde el personaje y desde vos a la literatura, los guiones, el oficio de andar con un cuaderno a cuestas?

Es probable que, como nunca antes en la historia de la humanidad, todos estemos contando algo la mayor parte de nuestro tiempo. Puede tener la forma de una obra artística, pero aparece con más frecuencia en el modo en que nos mostramos ante los demás, en que nos narramos o elegimos narrarnos. Cuando elegimos una foto de perfil para una red social, por ejemplo. Cuando opinamos sobre el tema del día. Cuando escribimos nuestro estado en Facebook. Todos quieren contar su verdad, aunque ni siquiera sea verdad. Vale el relato. Llevar un cuaderno, twitear durante un partido de fútbol, seleccionar las fotos con las cuales vamos a mostrar nuestro fin de semana... Todo es narración, todo es literatura dentro de la literatura. El límite entre realidad y ficción ya no es difuso: dejó de existir por completo.
 
Aparece en el libro una combinación de géneros, desde una especie de policial, hasta realismo y algo de fluir de la conciencia ¿te atraen las mixturas, considerás que los lectores necesitan salirse de las casillas que imponen los géneros?

Asistimos a la muerte de muchas construcciones binarias: hombre-mujer, civilización o barbarie, ateísmo versus fe. Hoy los géneros y las sexualidades están en constante movimiento, hay barbarie en la civilización y civilización en la barbarie, se expande el agnosticismo como posición intermedia. El mundo encorsetado, las casillas, los extremos, pertenecen a otros siglos, donde al pensamiento mágico le fue cediendo paso al razonamiento y a la ciencia. Pero luego el razonamiento y la ciencia demostraron que tampoco tenían todas las respuestas. Y ni hablar de la caída del binomio verdad-mentira. La capacidad de comprender matices es un signo de madurez estética, política y ética.

En tu novela anterior, “Electrónica” se ve una crisis existencial de un joven que pone fin a su adolescencia ¿las crisis, tal vez el pasado o los mandatos entonces son un leiv motiv en tus obras?

Es muy probable. También es posible que esté llegando al final de una etapa. Mis últimas dos novelas acompañaron momentos críticos de mi vida, que son los momentos que suelen aparecer en casi todas las vidas. En el caso de “Electrónica”, la crisis de los 30; en “Hágase usted mismo”, el desconcierto que provoca entender que, aunque el tiempo sigue pasando, la mayoría de nosotros no logramos movernos de un mismo lugar. Estamos atascados en algún lugar entre nuestros deseos y expectativas de la infancia y la certeza de que allá a lo lejos, espera la muerte. Y en algún momento tomamos plena conciencia de que si no hacemos algo al respecto es por cobardía.

En una entrevista aseguraste que abandonaste la idea primigenia de ese libro porque no querías seguir abonando el machismo imperante del hombre mayor que se enamora de la mujer más joven y que decidías desandar ciertos mitos de género ¿creés que el movimiento feminista colabora para descartar ciertos lugares ya no tan comunes, que con esta tendencia que probablemente sea una revolución, la literatura se ve modificada, de qué manera?


El movimiento feminista es una revolución y, como tal, nos obliga a repensarnos, deconstruirnos y ser muy responsables con este momento histórico que estemos a la altura de las circunstancias. Todo está puesto en tela de juicio. Todo es visto por primera vez a la luz de esta revolución. La literatura se verá modificada del modo en que se está viendo: textos escritos en lenguaje inclusivo, rescate de autoras que habían sido opacadas por la dictadura del patriarcado, mayor libertad creativa, la pregunta sobre el por qué, para qué, con qué sentido. Escribir en un mundo en constante proceso de deconstrucción es mucho más difícil. El arte, en general, se volvió mucho más difícil. Eso lo hace más interesante y lo revitaliza, en un momento en que todo parecía indicar que iba a quedar sepultado por el mercado, la tecnología (que son la misma cosa) y los discursos vacíos que circulan masivamente.

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