El Mundial: casualidad y causalidad en el fútbol

Por Ricardo Trotti, Periodista y director de la SIP

Los resultados positivos en el fútbol se consiguen muchas veces por casualidad o con mucha suerte. También suelen ser fruto de procesos, planificación o por el principio de causalidad.

Los finalistas Francia y Croacia conjugan esas dos variables en este Mundial. Francia llegó sobrada, con un proceso y planificación de cinco años liderado por el técnico Didier Deschamps. Croacia, con lo justo, entró en Rusia a los tumbos tras el repechaje con Grecia, ahora ganó tres partidos en tiempo suplementario, dos por el azar en los penales y con Zlatko Dalic, un técnico de solo ocho meses sin tiempo para la planificación debida.

Los dos equipos rompen los esquemas de quienes pensaban que Rusia sería el punto de inflexión en el cambio del juego. Ambos estilos sobrevivirán. Los jóvenes franceses tienen esa verticalidad ahora aplaudida y “una personalidad excelente”, según Deschamps. Los croatas, más añejos, son de la escuela del tiki-taka y la presión, tienen un medio campo asfixiante y llegaron a la final a puro “corazón, orgullo y carácter”, según Dalic.

Los dos harán historia. Francia quiere su segunda Jules Rimet y reivindicarse de la última final en la Eurocopa perdida ante Portugal. También quiere elevar a Deschamps a la altura de Mario Zagallo y Franz Beckenbauer, campeones mundiales como jugadores y técnicos.

Croacia tiene poco que perder. Lo que logró ya es épico, considerando el repechaje, los tres partidos con suplementarios y por ser la cenicienta que miraba al resto de los favoritos desde el puesto 20 del ranking de la FIFA. Tampoco implica que la casualidad de Croacia es la regla, es más bien la excepción. Argentina tampoco llegó con un buen proceso, con un técnico de meses, y así le fue.

El yin yang de la casualidad y la causalidad lo sufrieron todos los equipos alguna vez. Pero es la suerte o la mala racha la que en algunos dispara procesos positivos. Bélgica hace 18 años tocó fondo en la Eurocopa y se levantó con un plan firme hasta ocupar el puesto 3 del ranking. No llegó a esta final por casualidad. El 7 a 1 sorpresivo en el 2014 despertó a Brasil, atrajo a Tite y de su mano, hizo una clasificación insuperable. Tampoco llegó a destino, pero dejó en evidencia que fútbol a futuro le sobra.

Alemania y España también fueron víctimas de resultados negativos, pero hace rato que vienen con procesos exitosos. El hecho de que confirmaron a Joachim Löw y que la “furia roja” contrató a Luis Enrique, demuestra que apuestan a la continuidad de los procesos.

En otras palabras, la causalidad, el trabajar por un efecto deseado, es más seguro y positivo que apostar a la casualidad. Ahora bien, el buen trabajo no es garantía absoluta de éxito, después de todo, solo puede haber un equipo campeón.

El trabajo, el esfuerzo y la búsqueda de objetivos siempre se premian. Los buenos procesos, aunque puedan ser interrumpidos por la mala suerte, permiten mirar hacia adelante con optimismo. Hasta el “memizado” Neymar por pasarse tanto tiempo en el suelo, dio vuelta la página tras la eliminación y dijo que Brasil estaba listo para Qatar. Alemania apostó a lo mismo. Perdió como el peor, pero no hubo acusaciones; Löw continúa, así como su plan y jugadores.

Aún a pesar de que los sistemas sean perfectibles, se reconoce el método y la idea. En Uruguay a Oscar Tabárez lo recibieron como a un dignatario y nombrarán una escuela en su honor. En Perú a Ricardo Gareca le levantaron un monumento en una plaza y en Colombia a José Pekerman lo recibieron como a un héroe de los suyos. En Inglaterra saben que Gareth Southgate pudo desechar el lastre de la “fragilidad mental” que no les permitía llegar a semifinales y que ahora tienen un plantel joven y un plan para seguir soñando.

Argentina sobresale entre los perdedores. Jorge Sampaoli es el chivo expiatorio, pero el fallo es la falta de sistemas y continuidad, por eso el seleccionado de Messi, con cinco técnicos en pocos años, no tuvo más opción que jugar a las casualidades. Simon Kuper, el autor “antropólogo del fútbol”, en una columna en La Nación vaticinó que si Argentina no cambia el rumbo y si no aceita a tiempo los procesos para su cantera de juveniles, podría terminar como Hungría, aquel coloso del fútbol mundial que se lo tragó la tierra.

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