Igual que en El nombre de la rosa: hallan una biblioteca con libros envenenados

 

Un descubrimiento sorprendente. Investigadores de la University Southern Denmark han encontrado tres volúmenes de los siglos XVI y XVII cuyas hojas estaban envenenadas. El hallazgo remite inevitablemente a la película "El nombre de la rosa", basada en el libro homónimo de Umberto Eco, donde todas las personas que leían el volumen o el ejemplar perdido de un libro morían debido a que sus páginas contenían arsénico. Y esto, más o menos, es lo que ha sucedido en Dinamarca.

Tapa del libro El nombre de la rosa

El arsénico se encuentra entre las sustancias más tóxicas del mundo y puede provocar desde una intoxicación hasta el desarrollo de un cáncer... o la muerte. Se necesitan apenas 0,15 gramos para acabar con la vida de una persona de 75 kilos. Una vez ingerido, camuflado con productos como la harina o el azúcar, el cuerpo lo asimila con rapidez. Del aparato digestivo pasa al torrente sanguíneo, desde donde se distribuye por todos los órganos, aunque se concentra en las uñas, el pelo, la piel, las arterias y el hígado.

El veneno fue detectado mediante la realización de una serie de análisis de fluorescencia de rayos X. Y fue de casualidad, puesto que este análisis está originado en la creencia de que las cubiertas estaban realizadas con pergaminos más antiguos.

Era difícil identificar qué libros eran por una extensa capa de pintura verde que oscurecía las letras. Era el veneno.

 

Los investigadores descubrieron que los textos latinos en las tapas de estos tres volúmenes eran difíciles de leer debido a una extensa capa de pintura verde que oscurecía las viejas letras manuscritas. Entonces los llevaron al laboratorio buscando filtrar a través de la capa de pintura utilizando micro-XRF, para analizar los elementos químicos de la tinta. Tenían la esperanza de que las letras sean más legibles para los investigadores de la universidad. Y allí detectaron el arsénico.

Por suerte, este veneno podría ser tóxico si alguien hubiera manipulado el libro en exceso, pero el arsénico va perdiendo sus propiedades según pasan... los siglos.

“Algunos recordarán el libro mortal de Aristóteles que juega un papel vital en la trama de El nombre de la rosa, la novela de Umberto Eco. Envenenado por un monje benedictino loco, el libro causa estragos en un monasterio italiano del siglo XIV, matando a todos los lectores que se lamen los dedos al pasar las páginas tóxicas”, recuerdan investigadores .

El "libro mortal de Aristóteles" juega un rol central en un clásico llevado al cine en 1986: "El nombre de la rosa".

Jakob Povl Holck y Kaare Lund Rasmussen son los profesores que se han topado con los tres raros libros de los siglos XVI y XVII con grandes concentraciones de arsénico en sus cubiertas. Todos los volúmenes formaban parte de la colección de la biblioteca de su universidad y nunca nadie se había dado cuenta de lo peligrosos que eran. Incluidos Holck y Rasmussen.

La heridas que provoca el arsénico. Imagen Welcome Collection

“La razón por la que llevamos estos libros al laboratorio fue porque previamente habíamos descubierto que se habían utilizado fragmentos de manuscritos medievales, como copias de la ley romana y la ley canónica, para hacer sus portadas. Está bien documentado que los encuadernadores europeos en los siglos XVI y XVII solían reciclar pergaminos más antiguos”, señalaron.

Color verde París

“En su apogeo, la mayoría de materiales, incluso las cubiertas de libros y la ropa, pudieron haber sido recubiertos de verde de París por razones estéticas. Y el contacto continuo de la sustancia con la piel provocaría la aparición de distintos síntomas”, aseguran los profesores de la Universidad Southern Denmark.

En el siglo XIX descubrieron que el arsénico era tóxico, dejó de usarse como pigmento y se utilizó como pesticida.

En la segunda mitad del siglo XIX, sin embargo, los efectos tóxicos de esta sustancia se difundieron ampliamente y esta variante con arsénico dejó de usarse como pigmento y pasó a usarse como pesticida. “A mediados del siglo XX, su uso en las tierras de cultivo también fue descartado”, añadieron.

“En el caso de nuestros libros, aún así, el pigmento no se usó con fines estéticos. Una explicación plausible para la aplicación del verde de París en los libros antiguos -probablemente en el siglo XIX- es que fue utilizado para protegerlos contra insectos y alimañas”, señalaron Holck y Rasmussen.

Fuentes: ABC.es y Clarín

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