Exhuman los restos de Franco del Valle de los Caídos

Un paso de profundo sentido simbólico. "Algo que España se debía", dijo Ian Gibson, uno de los principales historiadores del pasado reciente español.
"Resignificarlo". Eso es lo que se propone el gobierno con el Valle de los Caídos, el monumental conjunto fúnebre en las afueras de Madrid, edificado por orden del propio Franco como homenaje a su "gesta".
La exhumación se produjo de acuerdo con lo dispuesto por la llamada Ley de Memoria Histórica, aprobada en 2007, durante el gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero. Luego, en 2011 y bajo el gobierno del expresidente Mariano Rajoy (del derechista Partido Popular), una comisión reguló la norma y produjo un informe favorable a la exhumación.
Pero nadie impulsó que se la llevara cabo. Eso ocurrió ahora, bajo la presidencia en funciones del socialista Pedro Sánchez.
A muchos le cuesta entender que no hubiera ocurrido antes: ni durante los 13 años de gobierno socialista de Felipe González o los ocho de José Luis Rodríguez Zapatero.

Honores de caudillo

Hace 44 años, Franco fue ingresado allí en una ceremonia honorífica. "Operación Lucero" se la denominó en clave a aquella iniciativa por la que se contemplaron los detalles de la inhumación del hombre que había gobernado a España con mano de hierro durante cuatro décadas. Una multitud lo acompañó entonces.
"Caudillo de España", gritaban, tras cantar el "Cara al sol", el himno de la Falange. Con un joven Juan Carlos, rey de España, al frente. Cerca de medio millón de personas al pie del cerro. Esta vez, la ceremonia fue totalmente diferente: con el Valle cerrado al público y sólo un puñado de familiares del dictador como testigos. Los únicos que llevaron flores y alguna bandera española.
Todo ocurrió con restricción de acceso al público. La familia, que en vano intentó frustrar la exhumación, no se opuso a la presencia de cámaras en todo momento. Pero, por decisión del gobierno, sólo Televisión Española (TVE) tuvo acceso.

Veintitrés cámaras

Con 23 cámaras colocadas en la explanada del monumento, la televisión pública registró el acto, no así la extracción del féretro, y a los veintidós descendientes del dictador que estuvieron presentes, identificados con un lazo español en la solapa.
Sólo dos de ellos, los hermanos Cristóbal y María del Mar Martínez Bordieu, ingresaron en esa carpa y presenciaron el momento. Un modo de dar fe de que se trataba de su abuelo.
También estuvo la ministra de Justicia, Dolores Delgado. Todos ellos, junto con los operarios que hicieron la tarea, portaron en ese momento trajes de protección, mascarilla y guantes.
"Franco vive". "Sánchez, desokupa, deja a Franco en paz", decían los carteles que algunos -muy pocos- nostálgicos exhibieron, muy lejos de la Basílica, del lado de afuera del primer perímetro de seguridad del Valle.
Todo el complejo llevaba días cerrado para evitar, precisamente, demostraciones de distinto signo durante la ceremonia.

Fuente: La Nación

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