Detrás del negro de los lentes está el ojo  de una mafia

Por primera vez la Justicia argentina procesó y encarceló a una red de senegaleses que operan en Argentina por el delito de tráfico de personas. Así lo hizo saber un periodista de Infobae, quien publicó un puntilloso esquema de la trata de personas de la que son víctimas los propios compatriotas de los jefes de la mafia senegalesa. Trascendió que fueron unas 80 personas en total las que fueron engañadas y bajo el compromiso de pagar casi 6.000 dólares americanos por su viaje hacia la Argentina.

Las víctimas, lejos de recibir el trabajo prometido en empresas, hoteles y restaurantes, eran obligadas a vender en puestos callejeros de mercadería ilegal, sin recibir prácticamente nada hasta saldar la deuda contraída con los traficantes.

Tanto es así que en uno de los doce allanamientos ordenados por el juez federal Marcelo Martínez De Giorgi, los investigadores del Departamento Unidad Federal de Investigaciones Especiales de la Policía Federal Argentina encontraron ocultos en la vivienda del jefe de la banda mafiosa unos 61 pasaportes adulterados de ciudadanos senegaleses que habían hecho ingresar a la Argentina de manera clandestina a través de pasos fronterizos con Brasil.

Otras once víctimas fueron rescatadas mientras eran explotadas en puestos ambulantes de localidades porteñas de Flores y Liniers o en provincias como Misiones.

Las víctimas fueron las que permitieron desbaratar a la banda mafiosa gracias a los descarnados relatos que realizaron en primera persona. La causa revela la realidad de la esclavitud de la era moderna: la Argentina es una escala de los traficantes de personas.

Patricia Bullrich, la ministra de Seguridad de la Nación, en diálogo con Infobae reconoció que "este es un logro muy importante para nosotros ya que es el primer caso en la Argentina en donde senegaleses terminan procesados y con prisión preventiva por el delito de tráfico de personas".

La investigación

Cinco senegaleses que buscaban ser beneficiados con el status de refugiados relataron con lujo de detalles la maniobra a través de la cual ingresaron al territorio nacional de manera irregular con el apoyo logístico de la organización transnacional.

Primero eran contactados en Dakar, capital de Senegal, por un cómplice de la banda. La promesa que recibían era que una vez que entraran a nuestro país, además de trabajo -gracias al cual saldarían rápidamente la deuda económica con los delincuentes- conseguirían gracias a sus contactos ser considerados como refugiados y tiempo después obtendrían el preciado certificado de residencia precaria.

Antes de salir de su país, cada uno de los senegaleses recibía un pasaporte falso de la República de Gambia, país de África occidental. Había un truco. Ese pasaporte era la puerta de entrada a Latinoamérica: los ciudadanos de Gambia pueden ingresar a Ecuador sin el visado consular. Ecuador, sin embargo, era la primera de muchas paradas para los futuros esclavos.

El "representante" senegalés del líder de la organización en Argentina era Ibou Diagne, quien está acusado de exigirle a cada uno de los "reclutados" la suma de 2.700.000 francos CFA -al cambio 4.617 dólares- una cifra impagable para los empobrecidos que buscaban un futuro en América.

 

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