"La Jessi ya fue", le dijo el femicida del motel a una prima

Con los testimonios escuchados ayer, en la tercera jornada del juicio al femicida del motel, se confirma cada vez con más fuerza que Raúl Antonio Pérez (41) asesinó a Jéssica Norma González (39) porque estaba poseído por celos extremos. De igual manera cobró fuerza la teoría de que se trataría de un crimen premeditado, por una serie de detalles que surgieron de la investigación y que se están plasmando en las audiencias de debate.

Más allá de las hipótesis que rodean al caso, lo que aparece evidente es que la conducta enfermiza de Pérez lo llevó a segar la vida de una mujer con la que no tenía ninguna relación sentimental. Todo indica que la mató porque estaba obsesionado con ella y porque se sintió despechado ante un amor no correspondido.

En la audiencia de ayer los jueces de la Sala IV del Tribunal de Juicio escucharon el testimonio de seis personas. Los primeros en declarar fueron el propietario y la mucama del motel "Mimo's", donde en las primeras horas del 21 de septiembre del año pasado se desencadenó la tragedia. También lo hicieron tres feligreses de la iglesia evangélica donde Jéssica González lideraba un grupo juvenil de estudios bíblicos. Pérez concurría a ese templo, en Villa Lavalle, y fue allí donde conoció a la víctima, quien era hija de la pastora de esa congregación religiosa.

Uno de los testigos, amigo de la víctima y miembro de la comunidad evangélica, manifestó que Jéssica le había comentado acerca de las escenas de celos que Pérez le hizo en los días previos. Contó que el imputado la había celado con dos o tres jóvenes que concurrían al templo, haciéndole planteos porque conversaba demasiado con ellos. Según el testigo, Jéssica estaba molesta por esas escenas, sobre todo porque con Pérez no la unía ningún vínculo sentimental.

El declarante sostuvo que la mujer le pidió a él que no interviniera en esta cuestión con el argumento de que ella se encargaría de aclarar las cosas con el ahora imputado. Indicó que más allá de la inusual conducta de Pérez, González se mostraba comprensiva con él porque lo consideraba una persona de baja autoestima.

Temible mensaje

A continuación compareció una prima del imputado, quien abonó la teoría de que el crimen pudo haber sido premeditado. La mujer contó que Pérez comenzó a participar de las actividades de la iglesia porque ella lo invitó. Explicó que lo hizo luego de que el hombre le comentara en una charla por Facebook que tenía problemas con la madre de su expareja, quien no le permitía ver a su pequeño hijo. Dijo que fue en esta circunstancia que su pariente conoció a Jéssica.

La testigo afirmó que era evidente que su primo se sintió atraído por ella. Relató que cuanto advirtió esta situación le preguntó a "Jessi" si sentía lo mismo, pero ella le respondió que no, que solo le gustaba como amigo. También hizo alusión a una escena puntual de celos protagonizada por Pérez en la iglesia. Indicó que eso ocurrió el martes previo al suceso fatal, lo que desencadenó un reclamo de la víctima hacia el acusado.

La joven refirió que esa misma noche, estando ya en su casa, el imputado le escribió para pedirle que le enviara una captura de pantalla del estado de whatsapp de Jéssica, porque sospechaba que lo había bloqueado. Dijo que ella se negó y Pérez le respondió: "La Jessi ya fue". Al otro día -miércoles-, el acusado volvió a escribirle para decirle que extrañaba la iglesia pero que no iría "para no ver cosas raras", y le deslizó que "alguien le había hablado mal de Jéssica", sin darle mayores detalles.

Otra de las testigos que prestó declaración también pertenece al mismo templo evangélico y confirmó que el femicida estaba obsesionado. Precisó que aquel miércoles 19 de septiembre Pérez no concurrió a la reunión de estudio bíblico. Comentó que lo que más le llamó la atención fue que el hombre le envió insistentes mensajes de texto a su celular preguntándole si Jéssica y un joven con quien la celaba habían asistido al encuentro. Dijo que como ella estaba enterada del episodio de celos que el imputado protagonizó el día anterior, le respondió molesta que dejara de insinuar cosas con respecto a Jéssica.

Obsesión y celos, un cóctel fatal

El abogado de Pérez dejó entrever que este se sentía despreciado por las mujeres.

El abogado Juan Domingo Erazo, defensor de Raúl Antonio Pérez, en diálogo con El Tribuno, sostuvo que su cliente tuvo y sigue teniendo una vida con muchos golpes. Dijo que entre esas huellas que marcaron al presunto femicida hay un divorcio con su expareja, con la que tuvo un hijo.

Erazo dejó entrever que su defendido es una persona que se siente despreciado por las mujeres. Con ello el letrado dio a entender que habría sido eso lo que condujo a Pérez a reaccionar de manera violenta cuando la tarde-noche del 20 de septiembre del año pasado aguardó a Jéssica en una parada de colectivo en Villa Lavalle y la subió a su automóvil. 

De acuerdo con esta teoría, el hombre le confesó a la mujer que estaba enamorado. En ese momento Jéssica le habría respondido que no era el tipo de hombre que ella quería, y le sugirió “buscar una mujer acorde a él”, apuntó Erazo. 

Se cree que en ese instante el femicida extrajo el cuchillo de la guantera y atacó a la víctima. Luego se dirigió al hotel alojamiento Mimo’s, ubicado en el sur de la ciudad, donde ingresó con la mujer a una habitación. De la investigación surgió que en ese momento Jéssica ya estaba muerta. 

Cuando horas más tarde se descubrió lo que había sucedido, la mujer estaba muerta con signo evidentes de haber sido acuchillada. En tanto Pérez permanecía en estado de agonía con una profunda herida en el cuello. Se trató del típico caso de la persona que mata y luego intenta de suicidarse, según los investigadores.

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