Escuela virtual, la nueva realidad

La COVID-19 resultó el acelerador impensado de una realidad que ya se venía vislumbrando pero no había calado en las entrañas del sistema educativo en general.

Estábamos transitando la Quinta Ola Tecnológica a nivel mundial, conocida como la era de la información y las telecomunicaciones, caracterizada por una infraestructura basada en las telecomunicaciones digitales mundiales (cable, fibra óptica, radio y satélite), internet, correo electrónico y otros servicios electrónicos y la pandemia aceleró la Sexta Ola determinada por el uso de inteligencia artificial, internet de las cosas y la big data, entre otras nuevas tecnologías.

A pesar de ello, el sistema educativo en general conservaba sus formas y metodologías impuestas desde la primera ola tecnológica producida por la Revolución Industrial con muy pocas y excepcionales adecuaciones en este sentido.

Hoy la pandemia pone a la actividad educativa (como al resto de las actividades económicas) en una encrucijada histórica que la empuja al cambio necesario para poder seguir brindando el servicio; esto le está significando aprender e incorporar nuevos conocimientos, recursos, infraestructura y técnicas, ocasionándole un sin número de inconvenientes, pero también le abre un campo fértil de nuevas oportunidades.

La realidad actual nos obligó a cambiar y a comprender que el mundo digital es el mundo del futuro y que es necesario evolucionar.

En jaque

La COVID está poniendo en jaque a numerosas instituciones educativas que, además de no haberse anticipado tecnológicamente hablando a los requerimientos del siglo XXI, no están pudiendo actualizarse y esperan con ansias volver al pasado: a la presencialidad tal cual la conocían.

Ese pasado está caracterizado por un marcado sobredimensionamiento, una excesiva apuesta por la formación presencial, una oferta académica con metodologías detenidas en el tiempo y con una escasa vinculación con la realidad del mercado, sin dejar de mencionar que también su modo de relación con los alumnos conservaba las antiguas formas de comunicación, lo cual para los "millennials" y "centennials" que transitan las aulas les dificultaba el aprendizaje.

Si bien es cierto desde hace mucho tiempo se venía anunciando la necesidad de cambios y la importancia de la transformación digital y modernización para las organizaciones en general, y las educativas en particular, la pandemia dejó al descubierto que muy pocas lo estaban haciendo en la práctica y que estaban preparadas, aunque fuera mínimamente, para hacer frente al nuevo escenario; éstas son las que pudieron, en esta cuarentena, migrar hacia la transmisión de contenidos mediados por TIC con herramientas de educación a distancia, aunque, en muchos casos, de forma básica, con una modalidad que se conoce como de "Docencia de emergencia en línea", pero tratando de replicar las formas tradicionales, muchas veces anticuadas, de enseñanza presencial.

Se fueron sumando, por supuesto, los docentes que incorporaron el uso de plataformas como Google Classroom y Zoom o Meet para poder continuar con su actividad de manera sincrónica o asincrónica ya que la mayoría de las instituciones educativas no contaban con plataformas activas que respondieran mínimamente a las necesidades planteadas por la pandemia.

Sobreviviendo

La resiliencia organizacional cuando la transformación digital es necesaria: en muchas organizaciones en general, y en instituciones de nivel superior universitario en particular, ya está en marcha el necesario camino que lleva a la reestructuración y la redefinición de sus estrategias como consecuencia del impacto que produjo la COVID en su estructura.

En muchas de ellas, la transformación digital se hizo en tiempo récord porque necesitaban una solución inmediata para seguir funcionando y brindando los servicios, aunque la forma de respuesta fue diferente ya que la mayoría no estaba preparada.

Los observadores de la realidad notamos durante el tiempo transcurrido desde que comenzó la pandemia que hubo organizaciones y organismos gubernamentales cuya primera reacción fue el pánico; quedaron paralizados y sin saber qué hacer o cómo hacerlo ya que no tenían la tecnología adecuada ni tampoco un liderazgo que les permitiera emerger y superar los inconvenientes que la cuarentena planteaba. Faltaban los lineamientos claros de cómo transitar este difícil camino; vieron que el modelo presencial es incapaz de adaptarse a la realidad digital; esto, probablemente, es el resultado de culturas organizacionales rígidas e inflexibles, con procesos de difícil modificación.

Allí fueron, en el caso del sistema educativo, los docentes, una vez más, los que decidieron tomar el toro por las astas y buscaron las herramientas necesarias para transitar esta nueva realidad acompañando a los alumnos durante este tiempo con innovadoras respuestas y prácticas educativas loables de destacar.

 “Las organizaciones más avanzadas vieron una oportunidad porque ya contaban con la tecnología”. 
 

Otras instituciones, que tenían conocimiento y operaban con algunas Plataformas de manera básica o elemental, recrearon inmediatamente lo presencial a través de las mismas. En el caso educativo, esta asincronía generó numeroso reclamos y malestar por parte de los alumnos y los padres que de a poco se trató de ir solucionando incorporando herramientas sincrónicas que no muchos saben o pueden utilizar.

Crisis y oportunidad

Por otra parte, están las organizaciones más avanzadas que vieron en esta realidad una oportunidad pues ya contaban con la tecnología habilitante y compartida, como así también de numerosos procesos adaptados para hacerlo con éxito. Este es el caso, por ejemplo, de algunas instituciones universitarias que pudieron responder con velocidad adecuándose inmediatamente al teletrabajo y pudieron continuar con su tarea académica cumpliendo sus cronogramas originales y registrando adecuadamente todas las instancias.

Si bien es cierto, una institución online no necesariamente significa que es digital, no es menos cierto que el grado de avance logrado por algunas es importante para poder pensar y planificar este gran paso. Para la universidad, esto no significa dejar de brindar clases presenciales; al contrario, la presencialidad, las prácticas y el contacto personal de los alumnos con los docentes puede continuar en el campus pudiendo tomarse a la presencialidad como inteligencia aumentada con el mejoramiento de innovaciones educativas para complementar y mejorar el proceso educativo que luego del COVID, en mi opinión, debería ser radicalmente diferente. 
No se puede volver a lo mismo. 
El nuevo modelo que se diseñe deberá poner al alumno como centro de la estrategia cambiando el eje que actualmente, salvo escasas excepciones, radica en los claustros. Repensar la experiencia del alumno será la clave en la transformación digital articulando alrededor de esto la oferta y servicios educativos

El entorno VICA 

El término VICA (volatilidad, incertidumbre; complejidad y ambigüedad) no es nuevo y las organizaciones comenzaron a utilizarlo más asiduamente para describir la realidad que les toca vivir actualmente a nivel global. 
La Universidad de Singapur, para dar claridad a lo que implica esto actualmente en el ámbito organizacional, hace una interpretación muy interesante sugiriendo formas de cómo resolverlo; así aconseja que para la volatilidad imperante el mejor antídoto es la visión y la velocidad; ante la incertidumbre, el entendimiento; la complejidad se enfrenta con claridad y creatividad y la ambigüedad con agilidad y agudeza. 
Estamos viviendo momentos de crisis profundas en todas las áreas, pero las organizaciones y personas resilientes están determinadas a sobrevivir porque tienen la capacidad y los recursos para sortear los obstáculos que se presentan y salir fortalecidos de las experiencias que les toca vivir.


 

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