El 65% de las cooperativas están  en la capital salteña

La administración del presidente Alberto Fernández apuntó a la economía social y el asociativismo para que sean más generadores de recursos productivos y abran el campo laboral.

En un contexto político, económico y social tan complejo como el actual donde la crisis derivada de la pandemia ha golpeado de lleno al país dejando niveles de pobreza y desocupación preocupantes, quizás las cooperativas tengan un rol fundamental en la recuperación. La situación es crítica para cientos y miles de empresas o pymes.

Antes de la pandemia, el sector cooperativo y mutual representaba un 10 por ciento del producto bruto interno del país. Sin dudas un porcentaje muy importante pero es un sector al que todavía le falta desarrollo. Más del 12 % de la población tiene alguna relación con las tres millones de cooperativas que existen en el mundo.

En la actualidad hay 327 entidades en actividad o que están vigentes en la provincia con más de 16 mil personas asociadas y trece de estas asociaciones de empleo generan 702 puestos de trabajo. Los emprendimientos productivos de los socios abarcan rubros como servicios agrícolas, de salud, alimenticias, software, de vivienda y textil.

Según datos publicados en la página web del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes), 213 cooperativas están ubicadas en Salta capital (65%), 30 en General San Martín (9%) y 18 en Orán (5%).

El resto se encuentra asentadas en distintos departamentos de la provincia como: Anta (2 cooperativas), Cafayate (11), Cerrillos (2), Chicoana (3), Gemes (7), Guachipas (1), Iruya (1), La Caldera (7), La Candelaria (3), Los Andes (2), Metán (8), Molinos (1), Rivadavia (1), Rosario de la Frontera (3), Rosario de Lerma (4), San Carlos (6) y Santa Victoria (4).

Ese número de cooperativas podría crecer un 90% ya que hay 296 que se encuentran suspendidas por no haber actualizado su documentación y que con un trámite podrían volver a reactivarse.

A fines de noviembre, once nuevas cooperativas de trabajo quedaron formalizadas y en pleno funcionamiento con la entrega de sus respectivas matrículas. La obtención de dicho documento es la culminación de un proceso que comienza cuando los asociados toman la decisión de elegir esta figura para constituirse como tales.

El procedimiento se realiza con la asistencia de la Subsecretaría de Empleo, Cooperativa y Mutualidades, a través de la Dirección de Cooperativas, y consiste en la concreción de una serie de trámites en los que intervienen varios organismos.

Cómo inscribirse

Las cooperativas son entidades fundadas en el esfuerzo propio y la ayuda mutua para organizar y prestar servicios. Sin embargo para empezar a funcionar se deben reunir ciertos requisitos.

Las cooperativas se consideran regularmente constituidas cuando obtienen la autorización para funcionar, la inscripción en el registro de la autoridad de aplicación y el otorgamiento de la matricula nacional correspondiente por el Inaes.

Para la presentación de la documentación de los iniciadores de la nueva entidad, se requiere la certificación de firmas de los miembros del Consejo de Administración en caso de las nuevas cooperativas.

El servicio de certificación de firmas en la Subsecretaría de Empleo, Cooperativas y Mutualidades es totalmente gratuito. Los interesados deben solicitar un turno de atención al teléfono 4329395 para coordinar la asistencia a las oficinas ubicadas en Pedernera 273.

“La Compañera”: se logró reinventar en pandemia

Al principio eran una panadería pero al quemarse un horno tuvieron que reconvertirse.

Carlos Suárez, presidente de la cooperativa La Compañera. Javier Corbalán

Carlos Suárez, presidente de la cooperativa La Compañera, es el ejemplo fiel de aquellas personas que tienen un espíritu de desarrollo local y que la solución está en estas tierras. 

“Estamos convencidos que no va a venir una multinacional para poner una empresa en Atocha. Sin embargo, con este tipo de conformación empresarial estamos seguros de que podemos emprender y desarrollar una pequeña industria”, expresó.

Todos los días, Carlos y sus cinco socios arrancan a las seis de la mañana. Instalaron una pequeña fábrica en el comedor de una de sus viviendas en el barrio de Atocha, una zona semirural con un sector agrícola ganadero y otro urbano, que fueron tierras del periodista y poeta José Solís Pizarro.

“Somos una cooperativa que arrancó con la intención de hacer panadería y por un problema con un horno tuvimos que transformarnos. Para no parar y seguir trabajando empezamos a hacer discos de empanadas y pascualinas”, expresó.

Este grupo de militantes sociales se conocieron en el barrio haciendo trabajo social y decidieron juntarse con un objetivo común. Al principio, unieron fuerzas para ganar en producción y poner una panadería más grande. A fin de 2019, cada uno aportó maquinaria y se conformaron como equipo de trabajo. 

Sus inquietudes los llevaron a relacionarse con gente del sector del cooperativismo y ahí es donde ven la posibilidad de conformarse como una empresa con los valores que ellos impulsaban como la solidaridad y la equidad a la hora de repartir los recursos y precio justo. “Son todas cosas que veníamos trabajando”, agregó. 

Pandemia

El inicio de la crisis por el coronavirus no fue bueno, como le pasó a la mayoría de las personas. En plena pandemia se les rompió el horno y tuvieron la obligación de reconvertirse con todas las incertidumbres que eso genera. 

“Nos preguntábamos si íbamos a poder vender. Ya había rumores de desabastecimiento. Sin embargo, todo el mundo estaba con ganas de cumplir este sueño, así que dijimos vamos para adelante”, destacó. Pasaron de ser una panadería a una fábrica de tapas de empanadas y de pascualinas.

Uno de los principales aciertos que tuvieron fue entender la pandemia y analizar a la comunidad que tuvo que salir de un día a otro a buscar otro modo de subsistencia. 

“Nosotros notamos que con la pandemia empezaron a surgir muchos emprendimientos de empanaderas en las casas. Fue como que la gente para buscar el mango decidió hacer empanadas, eso es lo que mejor hacemos los salteños. Por eso decidimos concentrarnos en eso”, explicó. Cuando se reconvirtieron empezaron vendiendo 30 docenas de tapas de empanadas por día. En la actualidad tuvieron un crecimiento importante y venden entre 8.500 y 10.000 tapas por mes.

Sin embargo, llegar a ese éxito no fue fácil. Al principio no les gustaba mucho su masa, entonces decidieron hacer capacitaciones y recibir asesoramiento. Así, empezaron a probar su producto hasta llegar a las que les gustaron. 

“Tenemos un cuaderno repleto de recetas de tapas de empanadas. Empezamos a estudiarla y sacamos la receta que hoy tenemos y hasta hora viene siendo un éxito”, afirmó.

Carlos Suárez afirma que uno de los motivos de su éxito es que tienen “caras” y “rostros”, que la gente los conoce. Saben quienes son. “Esto es el cooperativismo que a diferencia de las grandes empresas y corporaciones no tenemos posibilidad de investigar que se les pone a los productos. Acá es un contacto más estrecho con la comunidad que nos da la posibilidad de poder desarrollar un producto acorde”, destacó.

Sin embargo, ese éxito también acarrea problemas. Hoy la cooperativa está con algunas complicaciones porque las máquinas se están desgastando y la caja para sortear este tipo de obstáculos es muy pequeña ya que todos los días hay que hacer algún arreglo.

“Todo el tiempo es invertir pero lo importante es que los cooperativistas que estamos acá sabemos muy bien que son los primeros pasos y que la plata que entra es para crecer. Se creció mucho pero fue con mucho esfuerzo, pero hay veces que se ve muy pocas ganancias porque seguimos invirtiendo. Es mucho esfuerzo es mucho trabajo”, finalizó. Para comprar o conocer sus productos pueden mandar un mail a: cooplaco mpanera @gmail.com o llamar al teléfono 3874560638. 

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