“Lo más importante que hicimos fue recuperar el orgullo salteño”

El 10 de diciembre de 1995, Juan Carlos Romero inició el primero de sus tres mandatos como gobernador de Salta. Un cuarto de siglo después, ese período es recordado por el impulso a la obra pública, al campo y al turismo. Según Romero: “Fueron logros de todo un pueblo que se convenció de que el crecimiento con desarrollo, a partir de un modelo productivo local, era posible”.

Hace 25 años usted asumía como gobernador de Salta. ¿Cómo veía a la provincia en ese momento y qué metas se propuso?

La veía, como a las provincias del norte en general, muy postergada y, sobre todo, con pocas posibilidades de salir adelante si nos quedábamos esperando todo del gobierno nacional. Por eso, desde el primer momento trabajamos en el ordenamiento fiscal, el desarrollo de infraestructura social y productiva, centenares de obras públicas en toda la provincia y la mejora de aquellos indicadores sociales.

¿Y cuál sería su balance en cuanto a los logros?

El ordenamiento fiscal no hace falta demostrarlo: nuestra provincia nunca entró en default, ni siquiera en la crisis de 2001. Y la coparticipación, a valores constantes, fue mucho más mezquina que la última década. Y sin embargo, afrontamos obras de envergadura como la Ciudad Judicial, el Nuevo Hospital, la circunvalación, el acceso a Güemes, las avenidas, rutas en el interior... Bueno, la gente ya las conoce. 

El Hospital Materno Infantil, una de las obras emblemáticas de salud en la gestión de Romero. 

En el aspecto productivo, ¿cuál es su balance?

Nosotros buscábamos alentar la actividad en todos los departamentos. Es posible, pero se requiere continuidad en las políticas de Estado. Hay algunos logros positivos, como la Ruta del Vino y los desarrollos vitivinícolas de los Valles. Triplicamos el rodeo vacuno, aprovechando el desplazamiento de la ganadería hacia las llamadas áreas marginales. Nos proponíamos potenciar al máximo la inversión en el campo y, a mediano plazo, pero lo antes posible, la industrialización. Pero me parece más importante que la enumeración de obras, la visión que yo tuve de la provincia desde el principio: Cada región de la provincia tiene su riqueza provincial y desarrollarla en forma sustentable depende de nosotros, los salteños de cada localidad, si actuamos con inteligencia y estrategia. Mucho antes de que se avanzara con las políticas ambientales en el país (ahora se habla mucho y no se avanza) nosotros sancionamos la ley 7070, que garantiza el desarrollo agropecuario y la protección de la floresta. Y era un ordenamiento ambiental absolutamente consistente con las legislaciones actuales y los acuerdos internacionales. 

Los de Greenpeace no lo querían mucho...

Son perspectivas diferentes de ver la realidad. Yo creo en el desarrollo productivo como garantía del progreso social. Greenpeace es una organización más, solo eso; pero hay otras personas en Salta que se dicen identificadas con el ambientalismo y que no creen en el desarrollo. Yo sí.

¿Cómo definiría a los gobiernos de Salta que conoció?

Más que hablar de otros gobernadores, o de los partidos políticos, creo que conviene observar cuáles son las cosmovisiones dominantes. Algunas personas y algunas corrientes tienden a ver la historia y la política como algo estático. Y ambas son dinámicas. Lo estático es lo determinado y no hay nada determinado. Lo que hicieron los abuelos es lo que ellos hicieron. Nosotros pertenecemos a otra época. Y la única forma de derrotar la pobreza, la crisis habitacional, la desnutrición, la inequidad educativa es gobernando para generar empleo, obras, transformaciones. Si no se resuelve la economía, no se resuelve la crisis social. Y, mirando la historia, nadie va a encontrar a una mentalidad más dinámica que la de Martín Güemes. 

¿Usted cree que la provincia, sin coparticipación, es insustentable?

Depender de la coparticipación no es bueno, porque tiende a generar administraciones dispendiosas y clientelismo político. Salta tiene el 3% de la población y produce el 1.5% del PBI. Y recibe el 4% de la coparticipación. Un visión federal y productivista aumentaría nuestros ingresos genuinos y podría invertir la forma de distribución: cada provincia le coparticiparía al Estado nacional. 

El Museo de Arqueología de Alta Montaña se convirtió en un ícono de la provincia. 

Uno de los logros que más se le reconocen es el avance turístico...

Esa es también una mirada del mundo. La proyección de Salta hacia otros países es parte del desarrollo: el boom del turismo receptor es el resultado de que se fortalezca la oferta de destinos atractivos y también la oferta cultural y artística. La Orquesta Sinfónica de Salta llegó a ser una embajadora magnífica, como antes lo fueron nuestros folcloristas y poetas. El Museo de Arqueología de Alta Montaña, el Museo de Arte Contemporáneo, la restauración del centro histórico fueron también formas de instalar a Salta en el mundo.

¿Cuál es su balance, un cuarto de siglo después?

Hoy, con la perspectiva que permite el paso del tiempo, miro hacia atrás y observo algunas de las tareas que quedaron pendientes o que pudieron realizarse de otro modo. Pero también los objetivos alcanzados por todo un Pueblo que recuperó el orgullo de ser salteño; que se convenció de que el crecimiento con desarrollo, a partir de un modelo productivo local, era posible; que el esfuerzo y sacrificio de muchos valió la pena para sacar a Salta de las crisis en que se encontraba; que golpear las puertas en Buenos Aires no era el único camino posible. Creo que hay mucho por hacer, aun en contextos muy difíciles .En lo personal, agradezco infinitamente a mi familia y a mis colaboradores por haberme acompañado durante los doce años de gestión. Guardo para mí la satisfacción de haber puesto todo el esfuerzo para intentar llevar el progreso hasta el último rincón de nuestra provincia.

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