Una familia salteña presenta un pesebre gaucho para el mundo

En el hogar de los Méndez, sobre la ruta, en San Lorenzo chico y frente a Atocha, se aloja un singular pesebre gaucho. 

Las figuras miden 1,20 cada una. Son esculturas realizadas en yeso y cemento blanco con un acabado de cerámica. Llevan ojos de vidrio y pestañas, cejas y cabello de pelo sintético. La Sagrada Familia, el ángel, el Divino Niño y los Reyes Magos de Oriente fueron representados por la artesana Yésica de los Ángeles Gutiérrez (31). 

Ella le contó a El Tribuno que al momento de elaborarlas sintió que debía ponerse como norte el diseñarles facciones judías y no rasgos italianos, que caracterizan a la mayoría de las imágenes religiosas católicas. 
Añadió que cada pieza en el taller Pater “se hace bajo mucha oración”. “Uno cuando realiza a San José y a la Virgen María pide el auxilio de ellos para que nos vayan guiando cómo hacerlos, que no seamos nosotros quienes los hagamos, sino ellos los que fluyan a través de nuestras manos”, definió, en una particular noción sobre el autor como una figura subordinada a los designios divinos. 

 

“Al hacer cada imagen es como tocarlos a ellos. Al tallarlos y modelarlos es como si uno los estuviera acariciando y es una emoción muy grande cuando uno va haciendo cada imagen religiosa. Incluso tener en los brazos al Niño Dios terminado es una emoción tremenda la que te invade, pero, a la vez, uno se imagina cómo fue aquel momento, cómo se presentó ante él cada rey mago, de rodillas, parado... Cada uno está representado en la forma que el Espíritu Santo nos auxilió”, añadió. 
Según refiere el sitio Holyart.es, José y María son los arquetipos del Padre y de la Madre. Allí explican que él lleva un traje de colores oscuros y humildes para enfatizar su devoción y sumisión a la voluntad divina y, al mismo tiempo, se erige como una figura protectora para Jesús y María. Y que esta última, vestida de azul o celeste, expresa una espiritualidad etérea y delicada, una dulzura materna absoluta, en su adorar el fruto de su vientre como madre y, al mismo tiempo, como “una fiel sierva”.

Una flor dorada adorna el cayado de San José.
Pero en sus versiones gauchescas el padre putativo de Jesús luce una camisa a cuadros, chaqueta y bombacha amplia, un cinto conspicuo cuya hebilla es una espuela atravesada por una cabeza de caballo, gorro y poncho salteño al hombro. Otro poncho en negro y rojo le oficia a María de velo, de camisa, chaqueta y pollera en tonos beige y crema.

Los tan esperados Reyes Magos, que arriban al pesebre cada 6 de enero, en coincidencia con la aparición que les atribuye la tradición popular, “tienen cada uno un significado diferente: Baltasar, símbolo de la noche, representa con el regalo del incienso la divinidad del Niño; Gaspar, símbolo del día, reconoce la realeza con el regalo del oro; Melchor, símbolo de la aurora, le consagra el dominio del Niño sobre el tiempo y la muerte dándole la mirra”.
Aquí, como gauchos, combinan en tonos mostazas y tiza con el conjunto y aún no llevan sus presentes, que serán piezas de orfebrería. 

“Fue en gracia del Señor que sentí en mi corazón el deseo de vestirlos diferente de como los conocemos a ellos. Decidimos que sea gaucho. Mi mamá hizo los sombreros, porque todos en familia nos ayudamos constantemente. Uno a veces tiene la idea, pero no la inspiración para concretarla”, comentó Emilia Graciela Méndez (31), encargada del vestuario. Además de atender la fábrica y distribuidora de productos católicos en el centro y cumplir con los encargos de realización y restauración de imágenes religiosas, y confección de sus vestimentas y ornamentos, el pesebre gaucho les demandaba a los miembros de la familia tiempo y atención extras. Por momentos el propósito se volvía difícil de sostener. Cuando esto ocurría la hija de Emilia, Candelaria (7), la alentaba, se proponía como modelo para que le probaran las prendas que se iban terminando. Además ambientaban esta labor con el tema “Niño Dios”, de Athenas Venica, una cantante con grandes condiciones para desarrollar su carrera en el ámbito secular, pero que eligió el religioso porque tuvo una revelación a los 15 años de que sería “pescadora de hombres”, así como los discípulos de Jesucristo, y se lanzó a evangelizar multitudes, sobre los escenarios y a través de las redes sociales. 

La Virgen lleva un sombrero sobre el poncho que le hace de velo.

Hace once años que Pater (Pellegrini 215) inició actividades. Ellos se dedicaban a la venta de imágenes de la Virgen de Urcupiña, traídas desde Quillacollo. Su predilección por “la Mamita” viene de una gracia concedida. Le atribuyen que mediante su intercesión se curó de cáncer la mamá de Emilia. 

Con el tiempo a la confección de vestidos, mantos, coronas y cetros, y la restauración de pelucas e imágenes dañadas añadieron la elaboración de imágenes. Iniciaron por una epifanía y con el proceso lento pero seguro de prueba y error a confeccionar imágenes propias. El año pasado enviaron réplicas del Señor y la Virgen del Milagro a Embarcación; una Virgen del Carmen y un San Joaquín para Telares, Santiago del Estero; a Mamá Antula y al Cura Brochero para Buenos Aires. Por supuesto perdieron la cuenta de las Mamitas hechas. Sin embargo, la pandemia los desestabilizó como a todos los rubros de la economía.

La cuna del Niño está adornada con flores secas silvestres.
“Veníamos de momentos muy difíciles. Y fue un año entregados al Señor y a su providencia. La fe nos fortalecía para trabajar en equipo. A pesar de estar en la casa, pudimos trabajar, y los tiempos en que se podía abrir el negocio atendíamos allí a los clientes y cuando no por la página y las redes sociales. Nunca nos hizo faltar el pan”, aseguró Ileana Magalí Méndez (27), la orfebre del grupo. Añadió que precisamente por la crisis sanitaria que hizo peligrar las embarcaciones de todas las familias alrededor del mundo, por la fuerza y el contraste de los vientos que propuso, fue que este pesebre que lograron les tocó profundamente el corazón. “Nos permite mostrar al Niño Dios al mundo de una manera distinta, con el poncho salteño; pero también llevar un mensaje de esperanza, el de decirle a la gente que sí se puede salir de la situación que estamos viviendo, que se puede seguir adelante si confiamos en Dios. Así transmitimos un poco de la palabra y el amor que Él nos da”, sintetizó Magalí. Y basta contemplar los ojos del niño gaucho para entender que aunque estemos desazonados por la inseguridad, amargados por la incertidumbre sobre lo que conviene hacer o no, él viene predispuesto a nacer en el corazón de todos. 

En vivo

Siguiendo el protocolo vigente para cualquier evento con asistencia o circulación de público, la familia Méndez recibirá mañana y el domingo, de 16 a 20, a quienes quieran ver en vivo el pesebre gaucho. Para ello, deberán concurrir con barbijo y respetar la distancia social de un metro y medio entre persona y persona. Mientras que el viernes 25 estará abierto de 16 a 20. También durante esa jornada, a las 18.30, realizarán oraciones de veneración con los asistentes. Se volverá a mostrar el 26 y 27 de diciembre y el 2 y 3 de enero, de 16 a 20. El 6 de enero es el último día en que recibirán a la gente, de 16 a 21. 

Piden a los concurrentes que donen mercadería que se destinará a la labor social de la Iglesia. Para realizar reservas o pedir la ubicación se puede enviar mensaje a (387) 155465748 y 154428591.

Emilia Méndez y Jésica Gutiérrez, hacedoras de la ropa y las imágenes, respectivamente.

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