¿Podrá sobrevivir el hombre?

El título de este artículo es la reproducción textual de una obra de Erich Fromm, escrita en 1961, cuando las cuestiones de género no estaban todavía en la agenda.

En la actualidad, la pregunta bien podría ser: ¿podrán sobrevivir los seres humanos?

Infinidad de artículos que se escribieron sobre el COVID-19 y los desafíos que ha planteado a escala mundial, replican con insistencia de lo inédito de esta situación, que para muchos es el mayor desafío que tienen los seres humanos desde la segunda guerra mundial.

Memoria selectiva

La memoria colectiva suele ser frágil y, en no pocas ocasiones, selectiva.

En la década de 1960 Fromm recogía el guante sobre lo que, en ese entonces era considerado el "mayor desafío" al que se enfrentaban los seres humanos: una guerra nuclear.

Ese contexto era, como el de ahora, un escenario incierto, pues si bien se experimentaron las calamidades que estas armas pueden provocar en una población, nunca se había dado un enfrentamiento entre dos potencias nucleares.

La letalidad de las armas desarrolladas en esos años eran muy superiores a las lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki quince años atrás, y la Destrucción Mutua Asegurada o MAD (loco en inglés), ponía en vilo a todo el mundo, aún en tiempos en los que la globalización no se había acelerado.

Frente a esa atmósfera de incertidumbre, análisis prospectivos y predicciones apocalípticas, no es de extrañar que varios países se aventuraran a desarrollar sus propias armas nucleares como medidas preventivas; a fortalecer sus sistemas de defensa y a redefinir sus alianzas y enemistades.

Los particulares no quedaron al margen. Algunos dotados de recursos económicos suficientes construyeron refugios antinucleares, mientras que otros migraron hacia zonas "excéntricas" a la guerra fría. También aumentaron las muestras de desconfianza y rechazo hacia extranjeros de ciertas nacionalidades.

Guerra y razón

Es en ese marco en el que Fromm reflexionaba sobre qué tan racional era pensar en una guerra nuclear y planteaba la necesidad de racionalizar la toma de decisiones y no guiarse por comportamientos "patológicos".

Para él, en materia política interna e internacional- hay tres tipos de este comportamiento: el paranoico, el proyectivo y el fanático.

El pensamiento paranoico es propio de quien se siente perseguido por ""todo el mundo" y ve enemigos en todos lados.

Este pensamiento conserva - a diferencia del de un esquizofrénico - el requisito de la posibilidad lógica; es decir, la posibilidad de que un determinado acontecimiento suceda. Sin embargo, el paranoico renuncia a otro aspecto: la probabilidad realista de que tal acontecimiento le suceda.

La proyección, a su vez, es una forma de pensamiento que hace que el otro nos parezca la encarnación de todo lo malo, porque todo lo malo que se siente es proyectado sobre él. Una vez que esto ha ocurrido, el proyectivo se considera como la encarnación de todo lo bueno y por lo tanto proclive a la autoglorificación y a la falta de crítica.

Finalmente está el pensamiento fanático, mucho más narcisista que el anterior y que está desvinculado del mundo exterior. El fanático ha construido para sí mismo un ídolo, un absoluto, al cual se entrega completamente y por tal motivo tiene la ilusión de pensar, actuar y sentir en nombre de ese ídolo.

La propagación del coronavirus por todo el mundo ha dado pie a estos tipos de pensamientos, que tienen la particularidad de ser colectivos, y que redundan en prácticas cada vez más irracionales, fanáticas y proyectivas.

Los nacionalismos extremos se han fortificado y el miedo al "extranjero", sea éste oriental, occidental o inclusive simples vecinos de la ciudad, se tradujeron en amenazas y hasta en actos vandálicos en contra de quienes cometieron el imperdonable error de haberse contagiado, o estar en contacto con contagiados, o simplemente haber tenido la posibilidad de contactarse con contagiados del COVD-19. La cooperación e integración, hasta hace pocos meses glorificadas casi hasta el hartazgo, parecieran haber desaparecido de la esfera política, cuando los países unilateralmente y sin planes de contingencia decidieron cerrar sus aeropuertos y restringir así el ingreso y egreso de ciudadanos dispersos por distintas regiones del mundo o hacia dentro de las fronteras. En esta contingencia vemos a la OMS, que tiene entre sus finalidades "suministrar información, consejo y ayuda en el campo de la salud", titubear a la hora de exponer ante la comunidad internacional todas las decisiones que en su conjunto podrían explicar esta pandemia y a la vez al presidente de EEUU suspenderle el financiamiento porque ésta no le da la razón. Observamos cómo ciertos líderes políticos se aferran a sus estrategias de enfrentar al virus sin permitir la más mínima crítica.

Cualquier crítica suele ser considerada producto de opiniones de quienes por alguna enigmática razón desean, según los casos, destruir la economía o destruir vidas. 
Asistimos a una competencia irracional por ver qué país, región o provincia tiene menos contagios; o menor tasa de contagios; o menor cantidad de muertos; o tasas de mortalidad por habitantes o por contagiados más baja; o realiza más testeos; o posee más recuperados; etc., todo según la conveniencia del momento.
Mientras tanto, al momento de escribir este artículo, del total de testeados a nivel mundial, la cantidad de infectados se acerca a las 5,5 millones de personas, y las muertes a las 350 mil. Los números en bruto asustan, pero puestos en perspectivas implican que aproximadamente el 0,73% de los habitantes del mundo se contagiaron y el 0,0046% de la población mundial o el 6,36% del total de infectados fallecieron. 
Ahora, si se analiza la película y la tasa de crecimiento de contagios y muertes a nivel mundial, se puede observar que se tardaron 84 días para llegar a la cifra del primer millón de contagiados y 15 días para el segundo millón. La cantidad de muertos por Coronavirus a nivel mundial alcanzó la cifra de 100.00 personas en alrededor de 81 días y la cifra de 200.000 en 15. Sólo en EEUU se prevén entre 150 y 200 millones de contagiados al finalizar la pandemia y una cifra de muertos que podría llegar al millón y medio de personas. Para actuar racionalmente en un mundo que es irracional, hay que tener en cuenta ambas miradas.
Paralelamente, la ciencia ha logrado descifrar en tiempo récord muchas incógnitas sobre este virus y algunos científicos aseguran que la virulencia del COVID-19 está disminuyendo, anticipando que para la primavera austral o el otoño boreal podría inclusive desaparecer. 
A su vez, algunos laboratorios anunciaron que la vacuna estaría disponible en julio o septiembre, lo que de concretarse sería un logro inédito en la historia de la ciencia. 
En definitivamente, es probable que el “hombre” sobreviva, pero en el camino, ¿podrá sobrevivir la humanidad?
 

 

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