Diógenes de Sinope, filósofo, también llamado Diógenes el Cínico (del griego "kyon", perro) fue un filósofo griego perteneciente a la escuela cínica. Nació en Sinope, Turquía, una colonia jonia del mar Negro, hacia el 404 a. C. y murió en Corinto, Grecia, en el 323 a. C.

Los cínicos valoraban la pobreza como una virtud y Diógenes quiso llevarla a su máxima expresión. No la pobreza por la pobreza misma sino como ejemplo de independencia, pues para ellos no había nada más valioso que el hombre que podía vivir solo con lo justo y necesario. Esa fue la piedra angular del pensamiento de Diógenes, y la tomó al pie de la letra.

Llama la atención que hoy, cuando se habla del desorden psicológico o psiquiátrico conocido como "síndrome de Diógenes", nos referimos a un trastorno que nada tiene que ver con su vida. Diógenes de Sinope, despreciaba casi todo; no tenía posesiones y defendía justamente lo contrario de este síndrome que se basa en la acumulación compulsiva de cuanto nos rodea; para él y sus seguidores había que despojarse de todo aquello que fuera innecesario para poder vivir la vida del modo más libre de ataduras.

No es acertada la denominación de "Diógenes" a esta entidad médica, pues confunde una actitud austera y sobria de la existencia que propugnaba el filósofo, con un desarreglo mental que en su comportamiento patológico se aproxima más a la imagen tradicional del avaro. Aunque hubiera sido más apropiado haberles dado un nombre como de "Síndrome de Euclión", el avaro protagonista de la Aulularta, la comedia de Plauto, punto de partida de todos los avaros de la literatura occidental, desde el Shylock de Shakespeare, al de Moliére, como proponen algunos autores.

El caso psiquiátrico es un extraño patrón de conducta predominantemente en adultos mayores, que viven recluidos y con mucha basura en sus propios hogares de forma voluntaria, en condiciones de extremo abandono del autocuidado (tanto en higiene, alimentación y salud), y rehuyen cualquier contacto con otras personas. Diógenes vió en el mundo de su época un verdadero problema moral. Para él, todo aquello que no fuera necesario era superfluo, y por consiguiente, un lastre para alcanzar la plenitud de la vida. Su objetivo era deshacerse del deseo que degenerara en dependencia. Decía: "el único medio de conservar el hombre su libertad es estar dispuesto a morir por ella".

Hay muchos Diógenes sociales que por pobreza, incultura, falta de educación, pauperismo y marginación de todo tipo desconocen el valor o el disvalor de las cosas y acumulan cantidades ingentes de desperdicios inútiles. Algunos de los afectados viven en condiciones precarias e insalubres como resultado de la acumulación masiva y los espacios de sus hábitat se encuentran llenos de elementos (el acaparamiento en espacios impide una correcta limpieza). La mayoría de las personas que viven con un grado severo de miseria doméstica no califican para el diagnóstico de trastorno por acumulación pero sí para trastornos culturales dependientes de la marginación. Muchas personas tienen un total abandono personal y social, así como aislamiento voluntario en el propio hogar y la acumulación en él de grandes cantidades de basura y desperdicios domésticos; nadie observa esta realidad y nadie considera a esto una emergencia sociosanitaria que hay que atender.

 

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