La responsabilidad de los  intendentes en la reactivación

Mientras en algunos municipios se cierra la actividad del turismo interno por una decisión política de los intendentes; en otros puntos de la provincia, los comerciantes exigen un reacomodamiento de la actividad en virtud de la crisis económica por las restricciones de la pandemia.

Esta suerte de contradicción es tan incomprensible como absurda, ya que mientras los comerciantes en ciertas regiones exigen más flexibilización para reactivar la economía, en otras, las posibilidades directamente desaparecen por imperio de los jefes comunales que parecen ahora desconocer el rol dinamizador del turismo y el beneficio directo para miles de familias que viven exclusivamente de esta actividad.

Si bien los anuncios de anoche del Gobierno provincial dejan liberado a los intendentes, en gran medida, la determinación de las restricciones en cada una de las comunas, es de esperar que las prohibiciones al turismo interno, que entraron en rigor este fin de semana largo, no se extiendan en forma indefinida, por el bien de las familias y de las propias comunas. La autonomía para definir y administrar las restricciones en cada municipio pone a los intendentes sobre sus espaldas la responsabilidad compartida de la reactivación económica y social en Salta. No todo debe decantar en la competencia del Estado provincial.

En referencia al turismo interno y a la determinación a contramano de cerrar las comunas para los visitantes, cuando desde el Gobierno provincial se habían promocionado los destinos para este fin de semana, la atención al visitantes es el sello del turismo. Es por ello que Salta ha desarrollado ese perfil, con no poco esfuerzo, a lo largo de décadas de impulso a la actividad.

La atención y la hospitalidad para el viajero son los sellos distintivos en Salta que la diferencian de otros destinos del país y del mundo.

Esta reflexión viene a cuenta de una carta que llegó a la redacción de diario El Tribuno firmada por Agustín Ísola, quien contó detalles de su amarga experiencia cuando intentó llegar a Cafayate el fin de semana último.

"Faltando 15 km, en el control en La Punilla, tuvimos una serie de problemas y malos tratos. Hubo mentiras, discriminación y el tiempo que nos hicieron esperar (desde las 12 del mediodía hasta las 19.45 de la tarde). Ni ellos sabían por qué no nos dejaron entrar. Y todo el tiempo que estuvimos ahí nos ignoraron. Cada dos horas nos ponían una excusa distinta por la cual no nos dejaban ingresar", detalló.

La odisea del joven y su familia continuó con mentiras sobre su procedencia y amenazas de hacerlos escoltar con la Policía de vuelta a Salta.

"Una pena que en un lugar tan lindo haya personas con tanta ignorancia y tan poca educación. Peor aún, ocupando puestos claves para desarrollar el turismo interno", se quejó.

Relato de una odisea

La carta del joven Agustín Isola revela otros detalles sobre el mal trato. “El oficial encargado en el control no sabía leer el DNI y nos acusó de que teníamos una chica de Güemes, cosa que era totalmente falsa ya que esta chica vive en Salta capital y tiene domicilio en la calle Gral. Güemes. ¡Qué gracioso que un policía encargado de un control no sepa leer un documento! La trataron mal, la acusaron de mentir y presentar doble documento. Nos acusaron de tener contacto con gente de otro municipio, lo cual también es mentira. Al final ya nos decían que teníamos todo en regla y todo legal, pero que el doctor Vargas no quería que ingresemos. Eran las 19.30 y seguíamos en el control sin agua, ni baños, ni señal para los celulares”.
 

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