"En 25 años han pasado crisis económicas grandes pero siempre pude salir adelante, ahora ya no doy más emocional ni físicamente, como que me destruyó vivir en la incertidumbre de si voy a poder o no abrir mi jardín". Rosa Camacho es propietaria del reconocido jardín maternal Children's Club de barrio Grand Bourg que cerró sus puertas definitivamente, a raíz de la grave situación económica que afronta por no poder trabajar debido a la pandemia del COVID-19.

Quebrada totalmente, entre sollozos, le dijo a El Tribuno: "Es muy duro, tengo el corazón roto, pero, ¿cómo sostengo todo esto hasta el año que viene?, ¿cómo pago todas mis deudas?, ¿cómo hago? Es imposible seguir sosteniendo". El Children's Club tenía 11 empleados entre personal docente y no docente con los cuales Rosa llegó a un acuerdo a través del Ministerio de Trabajo de la Provincia y que cubrirá con su fondo de retiro que venía pagando de forma privada para cuando le llegara la hora de jubilarse. Pero nunca se imaginó que lo iba a tener que destinar para saldar las cuentas del cierre de su propio emprendimiento.

Ni la voluntad de oro de algunos papás ni la ayuda económica del Estado nacional (ATP) le alcanzó para salvar aquello que tanto ama y a lo que tanto tiempo dedicó. "Los impuestos, la carga social que tenemos es mucha; en este momento tengo una deuda con la AFIP bastante grande que ya veré cómo la pago", dijo. Solo este mes por el medio aguinaldo debe afrontar gastos por 120 mil pesos, según aseguró.

En Salta son más de un centenar los jardines maternales privados que no están pudiendo trabajar debido a las medidas por la pandemia del coronavirus. Lo cierto es que, aparte del jardín maternal de Rosa Camacho, habría más salitas que decidieron cerrar sus puertas por no poder sostener los gastos de sueldos de sus docentes y alquileres.

Dentro de todo lo malo, Rosa reconoce que tuvo manifestaciones "gratificantes al corazón" porque muchas personas le han ofrecido dinero para poder salvar su jardín, pero, con un gran sentido de la responsabilidad, ella no aceptó. "Después, ¿cómo lo devuelvo?", se preguntó.

En principio se había planteado aguantar hasta fin de año para cerrar, pero en junio cuando se sentó a hacer números finos se dio cuenta que eso era imposible. Si bien el edificio es propio y quedarse con las boletas de luz y gas no es nada comparado con otros casos en los que pagan alquileres, las obligaciones sociales y la incertidumbre la ahogaron.

"Decidí cerrar porque yo no sé que va a pasar más adelante, lamentablemente vivimos en un país que no sostiene a las pymes", manifestó la reconocida docente.

En marzo pasado se anotaron en el Children's 90 niños y a junio llegaron menos de 20, y con una cuota que no era la normal de clases, sino estaba rebajada a la mitad. Para Rosa Camacho es totalmente entendible porque aparte los padres necesitan cubrir niñeras para poder salir a trabajar.

Clases virtuales

En los más de tres meses sin poder brindar sus servicios, las maestras enviaban las actividades por Whatsapp y videollamadas, pero Rosa se sinceró: "Son muy chiquititos, se hace muy difícil llegar a ellos porque además del aprendizaje ellos necesitan sociabilizar y compartir. Eso es lo más importante en la formación que le das desde la niñez, vía internet eso es imposible con chicos tan chiquitos".

Muchos le dijeron que cierre por el momento y que el próximo año vuelva abrir. Pero, para ella no es tan fácil. "Es como que no tengo ganas, emocionalmente no puedo seguir, como va el país es jugarse demasiado, volver a retomar es muy difícil, no sé si tiene sentido, creo que ya no", expresó.

A los 60 años, Rosa destacó lo inmensamente bendecida que se siente al haber podido trabajar en lo que le gusta porque ama a los niños. Algo que dice que la sostiene emocionalmente es el cariño de toda la gente, en este tiempo le escribieron exalumnos, por su jardín pasaron hasta tres generaciones: padres, hijos y nietos.

"Estoy de duelo, pero ya está, no se puede continuar. De fondo es la pandemia que te tira todo abajo, yo entiendo que nos tenemos que cuidar y que no soy la única a la que le pasa esto, pero acá hay personas que se quedaron sin trabajo, esa es la realidad", finalizó.

Pedido de ayuda

Propietarias de prejardines, como también se los conoce, de la ciudad se unieron en la desesperación por tratar de salvar su única fuente de trabajo que con tanto esfuerzo construyeron, y que a la vez representa el sostén para muchos otros hogares. 
Luego de varias reuniones con las autoridades provinciales y algunas manifestaciones públicas en las que pedían un salvavidas que las ayude a no tener que cerrar sus puertas definitivamente, al parecer, hubo un avance. Pero la ayuda todavía no habría llegado a todas las propietarias. Deben cubrir gastos de alquileres, servicios y sueldos de maestras y, lamentablemente, hay quienes ya no pueden solventarlos porque se quedaron sin chicos y están al borde del cierre.
 

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