En los comercios de barrio, la gente compra lo mínimo

 

En una recorrida por mercaditos y quioscos de la zona sur y sudeste, vendedores comentaron a El Tribuno que las ventas están bajas y relataron que la gente compra lo indispensable para el día. Se detecta una baja en el consumo de gaseosas y alcohol.

Algunos comerciantes contaron que les fían a sus clientes de confianza y otros lamentaron que no tienen margen para hacerlo, ya que necesitan volver a hacer las compras para el día siguiente.

En una verdulería, anotan los fiados en el celular y borran los nombres de sus vecinos a medida que cancelan las deudas. “La gente piensa bien qué verduras va a comprar y siempre elige lo que es más económico por ser de temporada”, relató una mujer. Otro verdulero coincidió en la misma observación: “Llevan lo básico nomás”.

En una pollería contaron que venden lo del día y explicaron que muchos vecinos optan por ir a los supermercados cercanos al barrio para poder pagar con tarjeta, una posibilidad que ellos no pueden ofrecer.

En una carnicería, había solo un cliente poco antes del mediodía. Dijeron que las ventas están “tranqui”, señalando con la mano un salón casi desierto. Les fían solo a los más conocidos.

En un mercado de barrio bien surtido, aseguraron que las ventas cayeron mucho en comparación con la situación prepandemia. “Se nota que bajó el consumo de gaseosas y alcohol sobre todo”, explicó el dueño y comentó que la gente lleva alimentos esenciales, como fideos y arroz. En un archivo Excel en su compu anota los nombres de quienes le piden fiado.

Subsistir con la tarjeta Alimentar

Una comerciante, que abrió su local poco antes de la pandemia, reveló que vende más cuando a sus clientes les cargan la tarjeta Alimentar y que luego las ventas caen. Este programa se implementó en los primeros meses de gestión del Gobierno nacional, como una forma de paliar la crisis socioeconómica que había el año pasado y que se profundizó este año a partir de la pandemia de coronavirus.

Durante el mes, les anota a sus clientes lo que van llevando en papeles que guarda junto a las tarjetas de cada uno. Cuando se les acredita el subsidio, ellas les descuenta lo que llevaron y se las devuelve. De esa manera, sus clientas pueden pedir fiado y ella se asegura de cobrarlo en algún momento.

La mujer contó que las últimas semanas han tenido competencia de los locales que se asientan de manera informal a vender alimentos y productos de limpieza en espacios verdes del barrio. “Confiamos en que la situación va a mejorar”, comentó esperanzada.

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