Una pareja, a la cárcel por abusos y la muerte de un niña

Un hombre fue condenado ayer a 31 años y medio de prisión efectiva por los abusos sexuales y el abandono que le provocó la muerte a Sofía Neira cuando tenía tres años, en febrero de 2019, en la localidad rionegrina de Lamarque, informaron fuentes judiciales.

Un tribunal de Río Negro halló culpable a Marcos Nicolás González por los delitos de "lesiones leves calificadas por violencia de género, reiteradas en un número indeterminado de veces; abuso sexual gravemente ultrajante, reiterado, doblemente calificado por el vínculo y por la convivencia preexistente", en una sentencia emitida por Zoom.

Los cargos incluyeron también "corrupción de menores agravada por la edad de la víctima y por ser el autor persona conviviente y guardador; desobediencia a una orden judicial y abandono de persona seguida de muerte".

González es la expareja de la madre de la niña, Janet Neira, quien también fue condenada en junio pasado a 24 años y siete meses de prisión por "conocimiento sin oposición" y por "prestar colaboración" en los hechos que provocaron la muerte de Sofía.

De acuerdo a la investigación judicial, el 1 de febrero de 2019 la niña fue ingresada a la guardia del hospital de Lamarque y, por la gravedad de su estado físico, la derivaron a un sanatorio de General Roca, donde falleció tres días después.

El tribunal integrado por Laura Pérez, Oscar Gatti y Verónica Rodríguez consideró como agravantes los variados "mecanismos de producción" de las lesiones que presentaba la niña, la distribución de esas heridas prácticamente en todo su cuerpo y los "actos vejatorios y humillantes" que rodeaban a aquellos golpes.

Evaluaron "como dato insoslayable los tres años de edad de la víctima, totalmente vulnerable y dependiente".

Asimismo, computaron "el dominio de la situación que detentaba González en todo momento, la utilización de objetos para incrementar el poder de agresividad, el temor paralizante que le generaba a la víctima y la forma en la que inducía a la madre de la niña para que avalara los hechos".

El tribunal señaló que el condenado utilizaba "el marco de confianza generado hacia la madre para ejercer un claro poder sobre los niños, generando un total aislamiento del grupo familiar, evitando cualquier posibilidad de pedir auxilio y amedrentando a las personas que intentaron defender a la niña en las semanas previas a su muerte". En ese sentido, se consideró como agravante "la agresividad sistemática durante los meses de convivencia del imputado con la niña, la escalada de violencia y el sufrimiento sostenido que produjo". El tribunal señaló: "La vida de la víctima fue razonablemente normal hasta la aparición de González en octubre de 2018, lo que implicó un cambio negativo y la instalación de conductas perversas en la vida de todos los integrantes del grupo familiar".

 

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