Domingos de enero a puro teatro en la Usina Cultural 

Durante tres domingos consecutivos a partir de hoy, a las 20, en la Usina Cultural (España y Juramento) se presentará la comedia “No somos nada (y otras maneras familiares de arruinar un velorio)”, de la Escuela de Teatro La Morisqueta.

Son 21 actores en escena dirigidos por Cristina Idiarte. Esta comedia fue escrita por La Quipi e Ivo Rozic y cuenta la historia de una familia tradicional salteña que en el momento más inoportuno demuestra que detrás de la fachada de gente muy normal se esconde un clan bastante disfuncional. 

Las entradas pueden adquirirse en Ameghino 507 (Bar 2222), de 8 a 23. En diálogo con El Tribuno, Graciela Quipildor comentó que la inspiración para la obra surgió de un evento que pocos asociarían con el humor. “Los funerales son ocasiones en las que no debe pasar nada y muchas veces pasa de todo, así es que nos pareció un tema ideal para una comedia de enredos. No dejan de ser un evento social. Hay encuentros, gente que no quiere verse, reproches por hacerse, alguien que tiene la validación para verse más dolido, un protagonista del velorio que no necesariamente es el difunto y broncas que no pueden ocultarse con nada. En todos los funerales se ve eso: solo hay que saber observar”, señaló Graciela. Así, se apropió intuitivamente de las sensaciones de que durante las exequias se caen las caretas y que el término de una vida hace surgir los reclamos y las verdaderas intenciones de todo, incluso lo que el muerto ha callado. “Todo lo latente y sin decir sale a la luz cuando ya no hay motivos para sostenerlo más”, sintetizó Graciela.

Añadió que Ivo Rozic fue su compañero en las clases de La Morisqueta y que Cristina Idiarte vio un potencial en ese dúo. “Apenas nos conocíamos, pero yo al toque me di cuenta de que Ivo tiene un sentido del humor muy agudo y una gran originalidad. Siempre escribo sola, pero fue divertido escribir con él. Él es bueno con las estructuras, los porqués y el orden. Yo soy buena con los remates, la sorpresa y el absurdo”, detalló. Acerca del desarrollo de 21 personajes en poco tiempo sobre el escenario y buscando el lucimiento y la permanencia en el público de cada uno señaló: “Había que tirar toda la carne al asador y que cada personaje sume a la historia y tenga chance de crecer por sí mismo, así es que provocar enredos es una manera económica de hacerlos reaccionar a todos. Muchos personajes crecieron más de lo que nos propusimos en el guión y eso nos da mucha alegría”. 

Agregó que no pudieron soslayar representaciones “del borracho, el machirulo, el manipulador, el religioso, el chanta, a los que quieren sacar provecho de todo... En fin. Hay muchos más para ver”.

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