¿Y si la épica no llega?

Quedan 21 días para las elecciones y los esfuerzos de campaña en los dos lados de la grieta se hacen más fuertes a cada hora. La intensidad de las acciones continuará en alza hasta los momentos previos a la veda y luego quedará esperar a que vuelvan a abrirse las urnas.

Tras la derrota inesperada por la magnitud de las PASO, el Gobierno fue el que tomó la delantera si de campaña se habla, con la serie de anuncios económicos destinados a intentar alivianar la presión sobre las billeteras. Lo hizo sin saber a ciencia cierta si esas acciones podían tener un impacto directo en las elecciones del 14 de noviembre o la suerte de los comicios ya estaba sellada.
Pero algo debía hacerse.

La posibilidad de anunciar medidas o realizar inauguraciones que pudieran ser interpretadas como una forma de buscar votos terminó para el Gobierno el pasado miércoles 20, por lo que ahora el Frente de Todos se concentrará en sostener y hacer efectiva la última de las políticas que trajo a la campaña: el congelamiento de precios.

Eso quedó claro en el encuentro -almuerzo de por medio- que compartieron este viernes en la Quinta de Olivos el presidente Alberto Fernández, Sergio Massa, Máximo Kirchner, Juan Manzur, Roberto Felleti, Axel Kicillof -vía virtual- ministros y una veintena de intendentes de la provincia de Buenos Aires, específicamente del conurbano.

El Presidente se llevó el compromiso de los jefes comunales de hacer un control férreo del cumplimiento de los acuerdos y, principal, que los productos puedan encontrarse en cada supermercado y estén bien señalizados.

El congelamiento de precios excede las elecciones -hasta el 7 de enero- y sirve como base a nuevas políticas para controlar la inflación después de los comicios, algo que le quedará pendiente al Gobierno aunque gane o pierda dentro de tres semanas. En Olivos, Fernández también les planteó la necesidad de bajar al territorio, escuchar los problemas en los barrios y dar soluciones. Básicamente, la tarea que debería llevar adelante cada intendente, más allá de que se trate o no de un año electoral. De acuerdo al mensaje del Presidente, es posible dar vuelta el resultado del 12 de septiembre, ese mismo que derivó en la peor crisis del frente oficialista, la que dejó expuestas cada una de las diferencias de pensamiento, criterio y estrategia entre los socios.

Esa misma crisis que algunos advierten que podría tener su volumen dos si la noche del 14 de noviembre los números se repiten o, aún peor, son más duros que los de las PASO.

Un escenario de derrota calcada o catástrofe tendrá consecuencias inmediatas a nivel político interno en el Frente de Todos, económico y en el Congreso, donde se verán los cambios de manera más palpable.

Juntos por el Cambio trabaja y hace campaña con ese objetivo: sacarle la presidencia de la Cámara de Diputados a Massa y quitarle el quórum en el Senado a la vicepresidenta Cristina Kirchner.

En las últimas horas hubo declaraciones que van en ese concreto sentido y muestran el pensamiento que atraviesa por estas horas el búnker opositor. La primera es del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, que estuvo en Córdoba y salió a pedir respaldo para “frenar al kirchnerismo” en el Congreso. 

La segunda es del gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, otro que tiene las aspiraciones presidenciales intactas y quiere jugar fuerte en 2023. Estuvo en Santa Fe y advirtió: “No vamos a empujar al Gobierno como hicieron ellos en 2001, pero deben cambiar el rumbo”.

Por Mayra García (NA)

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