Un conflicto que  pone en juego el poder y los negocios

La energía es poder. Este criterio es parte (importante) de la explicación para el abismo que separa y enfrenta a la gestión kirchnerista con la macrista.

Se trata de una actividad económica estratégica, porque moviliza al resto de las actividades; requiere enormes inversiones y, además, políticas de Estado, porque los periódicos arrebatos ideológicos garantizan el déficit de la producción y el abastecimiento. Pero, además, el acceso a la energía es un derecho de todos los ciudadanos. Como el aire, pero el aire es gratis y la energía (la luz y el gas) cuesta. El Estado tiene obligación de garantizarlo, con políticas sustentables. En el actual escenario social, hay muchos sectores que no pueden pagar las tarifas, pero eso se resuelve con políticas energéticas y el subsidio puede ser un paliativo, con escalonamiento según las necesidades.

Por eso, la energía es poder, por el volumen de negocios lícitos e ilícitos que genera, y porque el dispendio, a veces se traduce en votos, aunque después todo se desbarranque.

Así se explica que el conflicto de las tarifas muestre la grieta irreparable que divide al actual gobierno y que pone en el pasillo de salida al ministro Martín Guzmán. El área energética es propiedad del kirchnerismo, pero desde hace mucho tiempo. En un trabajo publicado en 2018 en la revista SciELO Analytics, la investigadora del Conicet Natalia Ceppi, experta en Relaciones Internacionales y políticas energéticas, analiza las peripecias de la economía argentina en las últimas décadas y sostiene que "a pesar de los malos resultados de la política energética de los años noventa, el kirchnerismo no puso en marcha decisiones integrales que modificaran la columna vertebral de la misma". En junio del año 2015, los ex secretarios de Energía Emilio Apud, Julio César Aráoz, Enrique Devoto, Alieto Guadagni, Jorge Lapeña, Daniel Montamat y Raúl Olocco emitieron un documento dirigido a los candidatos presidenciales para las elecciones de ese año.

Allí describen "un oneroso e injusto sistema de subsidios energéticos, financiados con emisión monetaria; la pérdida del autoabastecimiento energético y un país convertido en un fuerte importador de energía". "Los subsidios no favorecen a la población que los requiere: como se subsidia la oferta, el 95% del monto total de los subsidios es percibido por empresas que mejoran sus utilidades y cuyos ingresos les permitirían pagar los verdaderos costos de la energía".

Todo sigue igual

Más allá de la resolución del conflicto de poder y de los negocios, la crisis macroeconómica es la espada de Damocles. Los expertos coinciden que el único camino posible es el de la racionalidad, el consenso y la coherencia para que el sistema energético no siga sometido a los vaivenes de la política.

 

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