Biocombustibles, el  país marcha a un  retroceso ambiental  de 15 años

Una de las pocas políticas de Estado que pudo hilvanar Argentina en las últimas décadas esta a punto de caer. La suerte del régimen de fomento que desde 2006 industrializó la ruralidad en 11 provincias con el desarrollo del sector de los biocombustibles quedó prácticamente sentenciada el pasado jueves, cuando los bloques opositores no alcanzaron el quórum para aprobar la prórroga de la ley que vence el 12 de mayo próximo.

Aunque se negocian retoques al nuevo régimen que impondrá el Gobierno, para amortiguar el impacto electoral, el lobby petrolero ya celebra uno de los golpes más irónicos que se recuerden. Y, cómo no, si el país acaba de ver a diputados de Juntos por el Cambio y el Interbloque Federal intentando salvar una ley de Néstor Kircher, cuya prórroga sancionó por 70 a 0 el Senado que preside Cristina Fernández de Kirchner, pero que terminó boicoteada en Diputados por la bancada mayoritaria que lidera su hijo, Máximo Kirchner.

La fallida sesión dejó otra paradoja que enfureció al gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti. El pasado jueves, para llevar adelante la sesión especial la oposición necesitaba reunir 129 diputados, pero solo llegó a contar 113. "Con las 11 provincias productoras de biocombustible nos sobraba el quórum", aclaró el mandatario de la provincia que más golpeada quedará con la caída de la Ley 26.093, tras advertir que el jueves último brillaron por su ausencia 20 diputados de Cambiemos de Buenos Aires, Santa Fe (la jurisdicción con más plantas de biodiésel) y provincias petroleras de la Patagonia.

Por estas horas, desde ambos lados de la trastocada grieta se esgrimen toda clase de argumentos económicos, fiscales e ideológicos a favor y en contra de las creciente participación que tuvieron los biocombustibles en los surtidores del país en todos estos años.

Pocos, en verdad, son conscientes de que cada vez que reabastecen sus vehículos en las estaciones de servicio, las naftas están mezcladas con un 12% de bioetanol elaborado a partir de la caña de azúcar, o maíz, mientras que el gasoil contiene un 10% de biodiésel producido en base a soja.

Solo en el bioetanol la producción global del país supera los 900 millones de litros al año. En 2020, desde el norte salteño, el ingenio El Tabacal aportó 110 millones de litros, con los que evitó una emisión de 176.000 toneladas de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera.

Estudios respaldados por universidades y centros de investigación americanos, asiáticos y europeos dan cuenta que por cada metro cúbico de bioetanol que se quema en reemplazo de las naftas, la emisión de CO2 -el principal gas de efecto invernadero- se reduce en 1,6 toneladas.

  La planta de bioetanol de Promaíz, en Córdoba, provincia que teme una debacle.
 
Está ampliamente probado que los biocombustibles son, en promedio, un 74% menos contaminantes que los combustibles fósiles con los que se combinan obligatoriamente, en diversos países, con cortes (porcentajes de mezcla) que son cada vez más altos. La creciente participación de los renovables va de la mano con el cumplimiento de los objetivos asumidos en el seno de las Naciones Unidas contra el cambio climático.

En el Protocolo de Kioto (2005) y el Acuerdo de París, ratificado en 2016, Argentina comprometió políticas y acciones concretas para reducir la emisión de gases que se traducen en el calentamiento global. En la agenda internacional, los biocombustibles tienen reservado un papel clave, ya que tienen entre un 70 y 80% menos de emisiones de gases con efecto invernadero que los combustibles fósiles. El cuidado ambiental, una cuestión central directamente relacionada con el cuidado de la salud de la población, es la razón que orienta las medidas que vienen adoptando diversos países en materia de combustibles vehiculares.

  Santa Fe, la provincia con más plantas de biodiésel, ya tiene varias paradas.

Las leyes y tratados internacionales imponen sobre la materia un principio de progresividad que Argentina está a punto de quebrar, con previsibles consecuencias en el ambiente, la salud, las economías regionales y hasta en exportaciones que quedarán expuestas a trabas arancelarias. “Podrían perderse mercados de diversos productos”, se advirtió desde el Interbloque Federal. Por lo pronto se derrumbarán los del biodiésel argentino, que en 2019 generó divisas por 900 millones de dólares. Ese mismo año el bioetanol sustituyó importaciones de naftas por otros 521 millones de dólares.
 

En marcha atrás y a contramano

De la mano de la ley de biocombustibles, en Argentina el corte obligatorio para las naftas pasó del 5 al 12%, mientras que el del gasoil se elevó del 5 al 10%.
En la Cámara baja nacional, la presión del sector petrolero se anticipó a una iniciativa que apuntaba a elevar al 27,5% el corte del bioetanol, como en Brasil, y al 15% el del biodiésel. 
El proyecto de ley del Gobierno prevé reducir el actual corte del biodiésel al 5%. Además, deja para una nueva autoridad de aplicación que determinará el Ejecutivo nacional un amplio margen de discrecionalidad para bajar el corte obligatorio hasta el 3%, en función de la incidencia que puedan llegar a tener los precios del combustible renovable en el valor del gasoil en surtidores.
En el caso del bioetanol, el proyecto reduciría el corte obligatorio hasta el 7%, inclusive, con facultades discrecionales contempladas para el organismo rector. 
Para evitar un desastre productivo, laboral y social en Salta, Jujuy y Tucumán, donde el sector sucroalcoholero sostiene 61.000 empleos directos y más de 150.000 indirectos, la nueva ley mantendría el cupo del bioetanol de caña en el 6%, pero reduciría drásticamente el del bioetanol de maíz, cuya producción se concentra en Córdoba, Santa Fe y San Luis.
 

El impacto en el ambiente

- En términos ambientales y sanitarios, las diferencias del bioetanol y el biodiésel en relación con la nafta y el gasoil son abismales.

- Desde 2009 los biocombustibles producidos en el país evitaron el consumo de 35 mil millones de litros de nafta y gasoil.
 
- A la par, en los últimos 12 años evitaron gases de efecto invernadero por una cantidad equivalente a la que emiten todos los argentinos juntos durante 3 años. 
- Los biocombustibles, en comparación con los combustibles fósiles, tienen entre un 70 y 80% menos de emisiones de gases con efecto invernadero (GEI) y otros contaminantes nocivos para la salud.
- Por cada metro cúbico de bioetanol que se quema en reemplazo de las naftas la emisión de dióxido de carbono (CO2), el principal gas con efecto invernadero, se reduce en 1,60 toneladas. 
- En diez años, con el corte obligatorio en las naftas, se ahorró el CO2 de 4,2 millones de autos.
- Solo el bioetanol aportado desde Salta por El Tabacal evitó en el último año una emisión de 176.000 toneladas a la atmósfera.
- En comparación con los contaminantes cancerígenos del combustible fósil, el material particulado que se desprende del renovable es ínfimo. 
- El bioetanol, por su alto octanaje, de 114 frente al 84 de la nafta, sustituye al MTBE, un aditivo empleado para mejorar la combustión que daña el ambiente y la salud. 
- El bioetanol, en sus dos variantes, tiene un balance energético positivo: en el de maíz es de 2 a 7 unidades producidas por cada unidad consumida, mientras que en el de caña de azúcar la relación de unidades energéticas es de 8 a 11. 
 

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