Álvarez, el salteño que compartió los primeros logros de Gabriel Deck, recordó a su amigo

Como un guiño del destino, tras firmar con Oklahoma City Thunder, Gabriel Deck se transformó el lunes en el jugador argentino 14 en arribar a la NBA. Es su número favorito, el que tiene tatuado y con el que jugó en Quimsa de Santiago del Estero, San Lorenzo, Real Madrid y Selección argentina (aunque en los Thunder debutará con la 6). Pese a que "Tortuga" ya es una figura conocida a nivel mundial, pocos lo conocen en profundidad porque es una persona retraída, lejana al mundo mediático, aunque muy amigo de sus amigos de toda la vida. Y uno de ellos es un salteño: Álvaro Álvarez.

El ex Salta Basket compartió las formativas en Quimsa con Deck en 2011 y pese a que los rumbos de sus caminos cambiaron, aún tienen contacto a través de las redes sociales. El ex basquetbolista oriundo de Campo Quijano dialogó con El Tribuno y contó detalles desconocidos de quien será el segundo argentino en disputar la actual temporada de la mejor liga del mundo (el otro es Facundo Campazzo en Denver Nuggets). 

"Cuando llegué a Quimsa en 2011, fui a vivir a una en la casa que alquilaban los dirigentes donde conviví con Gaby. Él ya vivía ahí y yo estuve varios meses con él, con un cordobés que se llama Emiliano Cancina, el tucumano Velázquez y el cocinero que era Daniel Salvatierra". Y comentó que "era muy bueno conmigo, me regaló un par de zapatillas porque él ya estaba con la Selección".

En una entrevista a DeporTV, cuando aún era jugador de Quimsa, Deck habló de esas bondades: "Ahora mi situación económica si bien no es la mejor con mi hermano Joaquín podemos ayudar a mi familia, a mi papá y a mi mamá. Eso ha sido un sueño para mí y cuando tengo un par de zapatillas o ropa les regalo a mis amigos que no tienen porque cuando uno es chico y no tiene se siente muy feo".

Álvaro sostuvo que "cuando llegué a Santiago del Estero, Gabriel ya jugaba en la Selección argentina y vivíamos re bien. Él viajaba mucho porque ya estaba con el plantel de la Liga Nacional (debutó un año antes) y cuando tenía libre unos días se iba a Colonia Dora".

La falta de costumbre y la edad de Álvaro Álvarez hicieron que ese mismo año dejaran de convivir ya que el salteño regresó a su Campo Quijano natal, pero la amistad nunca se terminó y en 2018, cuando El Tribuno entrevistó a Deck, ya figura de San Lorenzo, pidió dejarle un saludo especial a su amigo.

"Yo estuve unos meses con ellos en la casa, iba al colegio que el club me había conseguido y luego volví a Salta porque extrañaba a la familia, no quería saber nada de estar allá y no era porque la pasaba mal o me hayan maltratado, todo lo contrario. Era porque extrañaba mucho y nunca había vivido solo. Yo tenía 17 años en esa época y Gaby, 16".

El exescolta de los infernales dijo que el jugador recién arribado a la NBA "ya pintaba para ser diferente, ganaba todo lo que se proponía y medía 2 metros a esa edad, por lo que condiciones le sobraban. Además entrenó mucho y creo que además de su talento, tuvo la suerte de tener muy buenos entrenadores. Se merece todo lo que le pasa porque viene de abajo, es muy humilde".

Y contó que la comunicación sigue entre ellos. "A veces nos mensajeamos, con él y con su mejor amigo también me hablo. Es un muy buen tipo el Tortuga, toda la gente que lo conoce sabe que es así. Además todo lo que toca lo convierte en oro y se hacía querer un montón. Por ejemplo: era el mimado de la casa y el cocinero hacía lo que Gaby le pedía. Estoy muy contento por todo lo que está pasando". 

Otro detalle de aquellos años junto a quien luego fue MVP de la Liga de las Américas e ídolo en Quimsa, San Lorenzo y Real Madrid, fue las largas caminatas a los entrenamientos. "Quimsa queda en Independencia y Alsina y nosotros vivíamos en el barrio Cabildo. Nosotros no teníamos un peso y nos íbamos caminando a entrenar. Son como 20 cuadras", detalló. 

De hecho en esa misma casa Deck se ganó el apodo de “Tortuga” en una concentración durante sus primeros días en Quimsa, cuando estaba tapado con una colcha, Deck apenas sacaba su cabeza para mirar qué pasaba a su alrededor. “Miren la tortuga”, dijo uno. Fue suficiente para quedar bautizado con ese sobrenombre, aunque el salteño afirmó que "cuando llegué ya le decían así".

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