El protagonismo de Güemes en La Pedrera y en el Tuscal de Velarde

Si bien es cierto que la vida militar de Martín Miguel de Güemes comenzó siendo muy joven, se puede decir que su participación más activa en la Guerra de la Independencia, ocurrió luego de su designación como jefe de las Avanzadas del Pasaje, por parte de José de San Martín. Y de ese período, hoy rescatamos los dos primeros combates librados en el Valle de Lerma, bajo su entera responsabilidad: “Cuesta de La Pedrera” (27/3/1814) y “Tuscal de Velarde” (29/3/1814). A tres meses que don Luis Burela en Chicoana reiniciara la guerra de recursos ante las reiteradas incursiones de los realistas en busca de hacienda por el Valle de Lerma. 

Pero ¿cómo era situación en Salta por entonces? Luego de Vilcapugio y Ayohuma, la Guerra de la Independencia se había tornado muy difícil para la causa de Mayo. Chile estaba en poder de los realistas luego de la derrota de Rancagua. En Montevideo, los españoles tenían una escuadra prácticamente invencible y un ejército de seis mil hombres. Y desde el Alto Perú, luego de la derrota de Belgrano, bajaba el ejército de Joaquín de la Pezuela con seis mil hombres y con su vanguardia a punto de alcanzar Jujuy y Salta. Estos tres poderosos ejércitos, sin adversario a la vista, podían avanzar hacia el Río de la Plata y aplastar la Revolución de Mayo. 

Y en este complicado panorama, el general realista Juan Ramírez Orozco, recibió la orden del general Joaquín de la Pezuela de avanzar hacia el sur y apoderarse de Jujuy, el 16 de enero de 1814, justo cuando Belgrano cruzaba Salta rumbo a Tucumán. Con él se llevaba mil hombres reclutados en Jujuy y Salta, razón por la cual las dos ciudades habían quedado absolutamente indefensas, pues hasta las armas se habían llevado. La único que quedó por aquí fue la milicia de Guachipas, organizada por el coronel Pedro José Saravia, fuerza a la que luego se sumó la División de los Valles, al mando de Bonifacio Ruiz de los Llanos.

Pero la orden de perseguir y liquidar al ejército patriota, el general Ramírez se la transfirió a su jefe de vanguardia, al siniestro salteño renegado, coronel Saturnino Castro, quien por los servicios prestados al rey en Vilcapugio, había logrado su ascenso.

El general Belgrano por su parte, había encomendado al jefe de su retaguardia coronel Manuel Dorrego, la misión de retrasar en Salta la persecución realista, mientras él continuaba replegándose hacia Tucumán. Y para cumplir esa misión, Dorrego contaba con 500 jinetes más una división de granaderos que había traído José de San Martín.

Lomas de San Lorenzo

Sabedor Dorrego que Castro avanzaba desde Jujuy a Salta por La Caldera, lo esperó ocupando las lomadas de San Lorenzo. Allí hizo guardia hasta que los invasores aparecieron después del mediodía del 20 de enero de 1814. Y no bien el jefe realista Castro avistó a los patriotas se lanzó al ataque con 500 jinetes. Dorrego lo esperó y aunque Castro como salteño que era, conocía el terreno, el jefe patriota aguantó la arremetida por casi cuatro horas. Finalmente al caer la noche, Dorrego se escabulló por las barrancas del río San Lorenzo, por cuyo cause alcanzó el río Arias y logró llegar a la Quinta Grande, al sur de la ciudad (esquina Tucumán e Ituzaingó). En cambio Castro por precaución prefirió inmovilizarse y pasar la noche en las lomas de San Lorenzo. Pero con las primeras luces del día siguiente, salió tras de Dorrego, y luego de una breve escaramuza, el patriota siguió el curso del río Arias y logró, tras mucho esfuerzo, llegar a Guachipas. Allí Dorrego estableció la retaguardia que a poco se transformó, por orden de Tucumán, en vanguardia del Ejército ya establecido en aquella ciudad. Pocos días después, Dorrego recibió la orden de replegarse a Tucumán y dejar provisoriamente, al coronel don Pedro José Saravia como jefe de la Avanzada de Guachipas. En tanto Güemes, el 28 de enero de 1814, era designado jefe de las Avanzadas del Pasaje.

Finalmente, el 30 de enero de 1814, José de San Martín asume la jefatura del Ejército del Norte en reemplazo de Manuel Belgrano.

Saturnino Castro en Salta

Y mientras en Tucumán se adoptan medidas estratégicas tendientes a cambiar el curso de la guerra, la vanguardia realista ya estaba en Salta. El coronel Saturnino Castro, luego de cruzar armas con Dorrego en San Lorenzo, hacía de las suyas en el Valle de Lerma. Lo recorrió palmo a palmo con 400 jinetes buscando ganado vacuno y caballar para sus tropas. No es resistido pero tampoco lograba arrear los animales que conseguía ya que el paisanaje, además de hostilizarlo, le robaba lo que logra en las correrías.

Con los días, Castro continúa organizando incursiones con idéntico fin pero cada vez más numerosas, aunque de a poco comienza a cosechar reveses como en Chicoana, Cerrillos y San Agustín por parte de los milicianos de Burela y Saravia.

Y así es que en el verano de 1814, Saturnino Castro resuelve establecerse en El Bañado (El Carril) para desde allí organizar mejor sus correrías. Y así fue que, el 24 de marzo de 1814, una partida al mando del capitán Fajardo se enfrenta, en Sauce Redondo (Guachipas), con los patriotas del capitán Apolinario Saravia y Bernardino Olivera, que lo derrotan en forma contundente.

El escenario en el Valle de Lerma

Mientras la guarnición de Guachipas, al mando del coronel Saravia, soportaba a Castro en el Valle de Lerma, Güemes se dedica a organizar las Avanzadas del Pasaje con sus compañeros Córdoba y Medeiros, estableciendo cuartel en Conchas (Metán). De allí, podía marchar tanto hacia el norte como también al noreste, únicos carriles por donde los realistas podían intentar acceder a Tucumán.
Más de dos meses permaneció Güemes en la zona de la Frontera organizando las Avanzadas del Pasaje hasta que en marzo resuelve incursionar en el Valle de Lerma. En ese entendimiento, Güemes marcha hacia la capital. El grueso de su fuerza, lo hace cautelosamente hasta lograr acomodarse entre huaycos, cañadas y quebradas de las sierras orientales del Valle de Lerma. Al descender por esas serranías se producen dos escaramuzas, una de ellas a cargo del patriota Gabino Sardina, y el saldo de ambas confrontaciones son 10 muertos y 16 prisioneros realistas. De a poco los gauchos van librando la bajada de La Pedrera y el 26 de marzo, Güemes con el grueso de sus fuerzas, comienza a descolgarse por la serranía. Sus hombres armados mayormente con cuchillos, lanzas y chuzas, ya vislumbran la ciudad desde lo alto, a unas tres leguas de distancia.

Combate de La Pedrera

Sabedor Güemes que la bajada de La Pedrera hay una guardia realista, resuelve sorprenderla y así es que en la madrugada del 27 de marzo de 1814, cae sobre ella logrando tomar prisioneros a casi todos sus integrantes. De esta forma, el ingreso a la ciudad queda prácticamente librado.

Sin perder tiempo, Güemes organiza distintas partidas para que exploren los accesos a la ciudad mientras él con su fuerza, se encamina por el viejo cauce del río Ancho. Las antiguas barrancas le sirven de parapeto y, siguiendo ese desfiladero logra ubicarse el sur de la ciudad, a poco más de una legua. Las partidas exploratorias comienzan a suministrarle información sobre el enemigo. Por una de ellas, Güemes toma conocimiento que Castro está en la ciudad.

El Tuscal de Velarde

Sabedor entonces que Saturnino Castro no anda de campaña y permanece en la ciudad, Güemes urde un plan para hacerlo salir a campo abierto para atacarlo. Selecciona sus mejores hombres, entre ellos al sargento Panana, para que se arrimen a la ciudad y a viva voz provoquen a los realistas y luego huyan en dirección al lugar elegido para la emboscada. Puesto en ejecución el plan, Panana y sus hombres se acercan a la ciudad y luego de horas de provocaciones e insultos, logran que Castro herido en su orgullo pues lo tratan de traidor, salga a pelear. 

Furioso don Saturnino, empuña su sable y al frente de 80 jinetes sale tras el sargento Panana. Este al verse perseguido, a todo galope se encamina hacia el río Ancho arrastrando a sus enemigos hasta el Tuscal o Campo de Velarde donde se escabulle entre tuscas y pajonales. Es el lugar elegido por Güemes para emboscar a los realistas. Castro, desconfiado, avanza sigilosamente pero ya es tarde, los gauchos caen sobre él y sus fuerzas con la contundencia y la velocidad de un rayo. En la encrucijada, Saturnino por milagro salva su pellejo al escapar por un pelo de las manos del valeroso Gorriti. Finalmente Castro huye hacia la ciudad y tras ello Güemes y su gauchos ponen sitio a la ciudad. 

Informe de San Martín

Al tomar conocimiento San Martín de los hechos de La Pedrera y del Tuscal de Velarde, eleva un informe al Gobierno destacando: “el plausible resultado del ataque a la brusca que emprendió el valeroso Güemes”; y que es “imponderable la intrepidez y entusiasmo con que se arroja el paisanaje sobre las partidas enemigas”. Este triunfo le vale a Güemes ser designado Comandante General de la Vanguardia. A partir de entonces crece la figura de Güemes, quedando bajo sus órdenes todos los elementos que operan en la línea del Pasaje, desde Guachipas hasta la Frontera. 
 

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