Hay algo en los artistas, cuando son auténticos, que les permite transmitir con su arte un sentimiento común a todas las personas. Uno se encuentra en sus versos, en su música, en sus pinturas. Y el efecto es reparador. Mariana Carrizo es de esas artistas que se proyectan muy libres en el mundo porque tienen un mundo adentro, y lo comparten. Dialogó con El Tribuno y habló de esas magias.

Estuviste en la inauguración de una muestra fotográfica sobre la señalada...

Cantar en la presentación ha sido muy lindo, cantar ahí, al aire libre, para la inauguración de una muestra fotográfica es generalmente atípico, pero convertir en un ritual de canto y de imagen y encuentro, en estos momentos que atravesamos, fue muy necesario y hace muy bien y nos hizo muy bien a todos. Fue muy lindo, además la Pacha ahí nos acompañó, puso en pausa la lluvia y después continuo.

El 2019 fue un año muy activo, estuviste de gira por Europa y por México...

Estuve tres meses solamente en el país, cantando en festivales y conciertos. Mi primera actuación fue en Suecia, un concierto con la orquesta Gao, una orquesta de instrumentos alternativos del mundo, una experiencia única con las sonoridades y lenguajes culturales de música ancestral. 
En el segundo tramo europeo estuve en conciertos acompañada por Clavito Riera, en el bandoneón, y la guitarra del artista mexicano Eloy Zúñiga. Y también otros acústicos sola con mi caja. Y otros recitales con “Testimonial de Fuego”, una propuesta de encuentro cultural, espiritual ancestral con Eloy Zúñiga, que lleva como estandarte la música de su tierra huasteca, un universo maravilloso donde nosotros solo somos canales para expresar las voces viejas que cantan y dicen a través de nuestras voces.

En noviembre del año pasado presentaste por streaming “Concierto para mis almas”... 
“Concierto para mis almas” fue un concierto ofrenda desde un escenario no convencional, con el montaje de una mesa-altar. Era para mí un homenaje, una despedida desde el alma a las personas que no pudimos despedir, que se fueron en la pandemia y, también, la apertura de nuestra actividad, de nuestra casa, a quienes nos visitan en noviembre, cuando es la celebración de las almas. Ese concierto fue para nuestros seres queridos. Y un abrazo también entre los que quedamos acá.

¿Qué es la copla?
La copla es mi modo de ser. Yo llevo eso desde el vientre de mi madre, es una expresión milenaria de canto y palabra de entrañas de esta cultura, que se transmite en el cotidiano de la existencia. Lo que yo canto en un escenario es lo que yo soy, es un modo de expresar arte desde nuestra cultura, de donde soy y todo el norte argentino. Y cuando uno se traslada a cualquier gran ciudad como París o Buenos Aires, uno es el pueblo donde nació, de donde salió, la tierra de uno va con uno, digamos, así que esa postal y ese lugar de donde uno es se traslada, se transfiere al lugar a donde uno va a cantar, por lo menos a mí me pasa eso. Por ejemplo, cuando lleva un ritual de la señalada con todo su colorido y bagaje emocional y todo lo que corresponde a la cultura ancestral es muy bonito. Uno tiene memoria cultural, claro, es parte del ADN de la memoria, de nuestros genes, de la memoria colectiva y lo que pasa es que la copla en el norte argentino es la cultura viva del pueblo ancestral. Y la gente que cantaba las coplas en estos tiempos de transiciones, de intervenciones culturales de todos los lugares, en muchas ocasiones esa expresión, esa parte de pueblo, ha quedado un tanto relegada. Y, en mi caso, más que revivir, yo soy eso, yo soy copla... Claro que se rescata, se revaloriza al poner eso en un espacio de visibilización, pero simplemente estoy siendo; digamos es lo mismo que pasa con el tema de la mujer y yo hablo desde lo que soy. Como se dice en el cine, “en primer plano” soy yo, yo soy eso, soy copla, soy eso que cantó y soy mujer, soy mis ancestros. Por ejemplo, este proyecto que llevo con Eloy es un proyecto que trasciende al ser humano porque nosotros tenemos esa transferencia y la responsabilidad de hacernos cargo de eso que es nuestra cultura, y por eso nuestro espectáculo lleva eso que la música y que el arte plasma sin fronteras; es solo espíritu, no importan las personas, no importa el idioma, el país, está el espíritu de nuestras voces, voces viejas, de nuestros mayores, que trascienden el tiempo y van en el cauce del alma. Y cuando las almas tienen un legado como las nuestras es muy potente, es muy fuerte que se encuentren. Y eso uno no lo maneja, eso lo maneja el universo como cuando el viento junta las nubes para que llueva.

¿En qué proyectos estás ahora?

Estoy trabajando en un disco que tengo pendiente, que todos ya saben, y la deuda del disco es más grande que la que tengo con el banco (risas). Y también la giras que ahora se pospusieron, que van a quedar a la espera, suponemos que para después de junio. Estamos por hacer el norte y luego la Patagonia y veremos cómo viene el asunto, y hay también posibilidades de retomar algunos caminos a países donde está más tranquilo el tema de la pandemia. Hay que ir con juicio, es tan impredecible todo.

Hubo un homenaje a Castilla...

Sí. En el CCK presentamos “La serenata a Manuel Castilla”, un concierto muy bonito. Ese proyecto fue muy profundo, implicó un trabajo de investigación, de elegir las cosas que uno va a llevar al escenario de manera muy cuidada y con mucho respeto y sentimiento. Y bueno, el concierto de Castilla fue por los 100 años de su natalicio y fue fantástico. Ese fue un proyecto mío por toda esa admiración y respeto que tengo, por el sentimiento.


 

¿Qué significó interpretar esa música?

Una de mis favoritas es “La zamba del pañuelo”, que también tengo el video con Leo Genovese que hicimos en un ensayo de trasnoche, eso fue registrado después de la actuación de Residente (René Pérez, de Calle 13) en el Luna Park. La grabamos y quedó registrado eso, fue a modo de guitarreada, de encuentro. Miguel Rivaynera está en la guitarra y Cristian López, en percusión. Esa es mi zamba favorita y bueno, para mí, Castilla es uno de los dioses de la palabra, de la poesía, de todas las postales mágicas o de un pintor que dejó postales de nuestras culturas, de nuestros pueblos, a través de su palabra. Salta es muy rica en poesía. Y esa época ha sido también una época muy fuerte y de mucha presencia, tenían la palabra poética de gran vuelo. Yo no sabía que “La zamba del pañuelo” es la primera zamba que hizo con el Cuchi Leguizamón...
Y después hice un proyecto con la obra del Cuchi que llamé “Corazón de baguala”. El Cuchi en su música, en su corazón, lleva la copla. Ese proyecto lo llevamos por varios lugares. Y después mis conciertos llevan todo un trabajo profundo de contenido, de lo que se va a hacer, de cómo se va a hablar, cómo se va a presentar. Porque es importante para mí lo que yo digo en el escenario, la palabra es poderosa y uno tiene que ser responsable con ella, no tan sólo en lo hablado sino en lo que uno canta. 
Y siempre hago conciertos dedicados a nosotras, las mujeres, como “Libre y dueña”, “Jueves de comadres”, “Nosotras, lo mejor de todo”, que era sólo para mujeres y fue toda una revolución y encuentro íntimo entre nosotras. Eso está siempre presente y siempre hago ese tipo de eventos. 

Hiciste muchas cosas en poco tiempo...

Son muchas cosas, sí, tenés para llenar el diario... (risas). Y por ejemplo, ahora, esta noche (por ayer) compartir una noche especial con Nahuel Pennisi va a ser abrazarnos en este momento difícil a través del arte, y en familia.

El público siempre te acompañó...

En los festivales, en cualquier lugar, siempre agradezco al público. Todo el cariño que me tiene y, además, el público fue siempre el que me permitió trabajar desde mi lugar de mujer, brindar mi arte desde mi lugar de mujer.
 

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