El contrabando continúa como si nada

El Estado Plurinacional de Bolivia pierde 81 millones de dólares anuales solo por el contrabando de bebidas alcohólicas, sobre todo de marcas argentinas que ingresan de manera ilegal al vecino país.

Los pasos ilegales se duplicaron después del cierre de la frontera por efectos de la pandemia dispuesto por el Gobierno argentino.

Se sabe que hay unos 40 pasos reconocidos, pero se estima que son tres veces más los que se usan ilegalmente.

Según el diario Tiempos, del vecino país, un equipo de periodistas bolivianos viajó hasta el límite con Salvador Mazza y terminó confirmando que hay pasos ilegales en El Tres, cuya salida desemboca en el patio de una vivienda de Salvador Mazza, tras el cual salen por el frente de la casa habiendo pagado un peaje de 100 pesos argentinos; El Chorro y La Federal, donde tres hogares argentinos funcionan también como aduana paralela con pago de peaje incluido, pero que no se usan actualmente. Ahora lo hacen bajo una logística más ordenada, con monitoreo a cargo de niños con walkie-

talkie, permanentes alertas ante la presencia de gendarmes por los distintos sectores.

Mientras por un lado la Asociación de Bagayeros Gran Chaco (única con personería jurídica para transportar mercancías entre Argentina y Bolivia) gestiona una apertura de la frontera para retomar el movimiento comercial, los contrabandistas se nutren con mano de obra que cuenta con experiencia en el bagayeo, pero dejando fuera a los adultos mayores, ya que la exigencia física no rinde en terreno irregular.

Los consultados desconocen si hay redes, grupos de poder o clanes detrás del contrabando que se instaló en Yacuiba.

Pero saben que mientras más alejado quede el paso del puente internacional que une Salvador Mazza con San José de Pocitos se puede transitar en vehículos entre ambos lados. En estos lugares prima el contrabando de cerveza, alimentos no perecederos y el tránsito informal de personas, donde se distinguen comerciantes, bagayeros que antes trabajaban legalmente, contrabandistas, familias que van a hacer sus compras y hasta estudiantes matriculados en S. Mazza.

Para que la economía boliviana no se resienta aún más, aumentaron los controles a la presencia de productos argentinos en Santa Cruz. Desde entonces la cerveza permanece oculta pero vendible a quien la pide, pero a un precio notoriamente más caro.

 

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