Recorre la mítica Ruta 40 en bicicleta para cumplir un sueño

Jorge Gómez fue un destacado deportista argentino que compitió en taekwondo y ganó varias medallas en la categoría menos de 70 kg. Nació en 1964 en Weisburd, una pequela localidad de la provincia de Santiago del Estero.

Durante su juventud, la práctica de este deporte lo llevó a conocer varios países del mundo. Varios años después, cuando se terminó su carrera deportista, siguió ligado a la actividad física. Hoy es personal trainer, pero además desarrolló una especie de fanatismo de viajar en bicicleta.

Esa pasión por las dos ruedas, lo llevó a cumplir uno de sus sueño. Recorrer la Ruta Nacional 40 y unir La Quiaca con Ushuaia en bicicleta. Como todo viajante errante, a Jorge Gómez no le gusta planear su recorrido, lo seduce la incertidumbre de no saber qué va a pasar durante su día.

El lunes a la mañana, Jorge Gómez estaba partiendo hacia Tucumán. Mientras preparaba sus alforjas con todo tipo de elementos necesarios para subsistir durante el viaje dialogó con El Tribuno y contó que decidió embarcarse en esta travesía para cumplir un sueño que se viene gestando desde el 2020 pero la pandemia había sido postergado.

“Mi mujer es tan buena compañera que sabe lo que a mi me gusta y me apoya, aunque tenga un poquito de miedo. Por eso me entendió que haga este viaje. Yo tuve una operación de pulmón y ella tenía miedo de que me agarre Covid en el viaje y me pueda morir. Tengo pulmón y medio, pero cuando se me mete algo en la cabeza hay que hacerlo. Este es un sueño y el 2 de enero salí a la ruta y me fui a la Quiaca”, destacó. 

El segundo día del año, salió junto a “Irma”, así bautizó a su bicicleta en honor a la mujer que lo cuidó de niño, pero con la idea de registrar toda su travesía. “Memorias de bicicleta” es el nombre que utiliza en las redes sociales para mostrar al mundo su viaje.

“Ahora estoy en San Carlos en un rato para Amaicha. Seguro voy a estar pedaleando todo el día porque a mi me gusta mucho ir parando para filmar, sacar fotos o tomar mate, las cosas que hago me gustan subirlas a Youtube. Tengo un viaje de 60 kilómetros y si le pego duro capaz a las dos de la tarde llego, pero me gusta hacerlo tranquilo, disfrutando del paisaje”, expresó.

La velocidad a la que vaya depende muchos factores y sobre todo del terreno. Si es un camino complicado por la tierra, lo que más le preocupa es no dañar la bicicleta así que va despacio. “En esos momentos cuidás más la bici que el cuerpo porque si se rompe se acaba el viaje, por eso vas despacio. Tenes que ir a una velocidad moderada y a veces es una tortura porque tenes miedo de que se rompa la bici, tenes que ir atento de que no se golpee con una piedra porque es de aluminio, mientras que en asfalto a lo mínimo se te cansan las piernas”, afirmó. 

Jorge Gómez contó que en la zona de las Quebradas de las Conchas (Camino a Cafayate) la pasó muy mal porque había mucho viento y no pudo disfrutar tanto el paisaje, además pinchó tres veces la rueda.

“Ahí fue que dije: mejor me relajo, saliste a hacer la ruta 40 y sabías que desde la Quiaca no tenias asfalto, y así que mejor disfruto del paisaje. La ruta 40 para mí es muy mítica. Yo tengo amigos en Europa o Estados Unidos y no me preguntan sobre fútbol y a mí me preguntaban sobre la 40. Todo el mundo quiere saber como es desde la Quiaca hasta Cachi y les digo que es muy dura. Para mí era una materia pendiente que tenia que darla”, remarcó.

Pandemia en Salta

Jorge Gómez siempre tuvo una relación muy cercana la bicicleta. Junto a su mujer siempre pedalearon. En dos ruedas recorrieron distintas rutas de Argentina, Chile y Uruguay. A principios del año pasado tenían pensado hacer la ruta 40 pero justo los agarró la pandemia y tuvieron que suspender la travesía. 

“Me acuerdo que nos vinimos en avión hasta Jujuy y justo nos agarró la pandemia, es por eso que yo le tenía una ganas a hacer esto. Volvimos a Buenos Aires y nos encerramos por casi un año. Después pasaron los meses y como soy personal trainer empecé a trabajar y dije: me voy a ir en cuanto se abra esto”, relató. 

Sin embargo no esperó a que se termine la pandemia. Igual decidió agarrar su bicicleta y comenzar la travesía que le va a llevar casi un año, aunque decidió hacerlo solo.

Su viaje se desarrolla en plena pandemia de coronavirus, sin embargo resaltó la amabilidad de los salteños que lo invitan a sus casas a comer, a darse una ducha o a pasar la noche. 

“Yo siempre digo que los salteños se tienen que animar a recorrer lo lindo que tienen. Salta para mí es una apertura de una película con los paisajes que tiene. Debería haber una ley que diga que todos los salteños conozcan su provincia. Los colores que tienen los cerros, los ríos son majestuosos y emocionante. A veces se te hace un nudo en la garganta. Es imposible entender como se logró ¿quien hizo esto? es demasiada belleza”, explicó.

“Lo más pega es de repente querer estar charlar con alguien porque por ahí estás varios días sin hablar con nadie. En esos momentos salís a buscar una charla con gente que está caminando y les haces preguntas. También se extraña el día a día, extraño a mi mujer y el confort, extrañas las facturas con café con leche. Querés tomar cerveza y no hay, querés tomar Coca Zero y no hay”, comentó.

Ir a Malvinas

Jorge Gómez vive a dos cuadras del Congreso de la Nación, en la Ciudad de Buenos Aires. Su vida, aunque no está resuelta, tiene todas las comodidades. Esa comodidad que muchas veces molesta porque nos lleva a una rutina incansable pero que nos impulsa a cumplir nuestros sueños.

Pero el único anhelo de Jorge Gómez no es recorrer la mítica ruta 40 de punta a punta. Este santiagueño suela con ir a pedalear a las Islas Malvinas. 

“Sería cumplir el sueño del pibe. jugar con Maradona y Messi juntos, no solo por lo que significa para nuestro país sino porque ¿cuántas personas conoces que hayan pedaleado en Malvinas?”, preguntó. Sabe que el ingreso a las islas no es muy fácil, pero aseguró que una vez que llegue a Ushuaia va a intentar viajar a las Malvinas. 

“Vamos a ver si hay algún generoso que me quiera llevar. Cruzar a las islas debe valer mucho dinero, pero siempre hay gente buena que te ayuda. Sería una locura pero me gustaría ir en mi bicicleta, no ir a caminarlas”, destacó.

Su vida

Jorge Gómez nació en un pueblito del interior de Santiago del Estero llamado Weisburd. “Era un paraje, ahí nació toda mi familia y yo tenía sueños como todo chico. Yo decía que quería ser deportista, aunque no sabía qué, pero yo notaba que tenía talento para los deportes. En la escuela era medio burro, de la mitad para abajo, pero para el deporte era muy bueno”, explicó.

A los 15 años se peleó con su papá y se fue a vivir a Buenos Aires. “Sólo me bajé en Retiro y hoy tengo 56 años. Me fui a vivir a un conventillo, a media cuadra del Hospital Italiano. De vivir cómodo en mi casa pasé a vivir con seis personas que no conocía y a compartir el baño con tres habitaciones. En esa época creo que lloré todos los días durante varios años”, recordó.

Un día, caminando por la calle Corrientes, encontró un volante en la salida del subte que decía: Aprende karate coreano. "Me iba muy bien porque yo pegaba mucho a la cabeza. Después de un tiempo entre a la Selección Argentina. Así que un día me encontré en Barcelona ganando el tercer puesto para mi país”, expresó.

“Cómo no agradecer todo lo que me pasa si en la vida me va bien. Tengo una mujer maravillosa, cuatro hijos y tres nietos. Me fue muy bien después de todo lo malo que tuve que vivir. Yo vengo de un pueblito que no tenia agua ni luz, así que todo lo que venga ahora es una colección de momentos. Te llevas los momentos que vivís no las cosas que compras”, destacó.

Cuando finalice este viaje, asegura que va volver a Buenos Aires y hacer un documental o escribir un libro pero no quiere contarlo como hazaña personal sino como una historia que pueda motivar a los que lo lean. 

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