“La música es todo, la manera de vivir, de respirar, de caminar”    

La entrevista había sido pautada unos 40 minutos antes, cuando Inga Iordanishvili regresaba desde la Ucasal, donde enseña violín, en la carrera de Música. La violinista, ya en su casa, se prestó al diálogo con El Tribuno luego de una jornada de trabajo y de música, dos pasiones que esta mujer nacida en Georgia, en el este europeo, trajo con ella para ser una de las artífices de la Orquesta Sinfónica de Salta. 
¿Estaba dando clases? 
Tengo cátedra de violín en la Universidad Católica hace casi 10 años. Ya se recibieron dos salteñas, la primera, Rocío Rojas, no solamente fue alumna mía, sino que es la primera que terminó la Licenciatura en Salta. Y un par de años después se recibió Sabrina Liendro, que hoy está en la Orquesta Sinfónica de Salta. 

Una jornada muy larga...
Así es. Y después del ensayo, todo el tiempo estoy con alumnos, estoy tocando con ellos, enseñando y dirigiendo, tanto en la Fundación Camerata Stradivari, que la hicimos en 2014 y funciona como escuela de música y como orquesta de grandes, de chicos también, pero por la pandemia, todavía no arrancó con los más chiquitos. Y tengo horas en la Escuela Superior de Música en El Huaico y en la Universidad Católica. Así que estoy a full con la música, tocando, dirigiendo y por supuesto con el semillero... 

¿La docencia es importante?
Porque el semillero da muchos frutos. Por ejemplo, tengo tres alumnos que entraron a la Orquesta, y una de las alumnas trabajó un par de años y después se fue a Canadá, y allá hizo un máster, el doctorado y se recibió. Y yo creo y no creo, pasando 20 años, estos resultados son increíbles de la sembranza, de la siembra. Qué cosa! Yo cada día me levanto y sólo voy a trabajar, cumpliendo mis tareas y jamás me he pensado “por Dios, qué mucho que hicimos”.

¿Conocía el país?
Yo no conocía Argentina, pero sí en la ex Unión Soviética, en la República de Georgia, en su capital Tiflis, donde yo nací, pasaban muchísima información, daban mucha importancia a la música académica, popular, jazz, rock, y a las películas. Y usted sabe que yo conocía Argentina por Lolita Torres, Gardel y Sandro. Nosotros viviendo allá conocíamos a estos artistas. Lolita es una voz única en el mundo, Gardel también. El tango es un género único. Eso sí conocía. También conocía a René Favaloro. Gracias a él, nuestra gente allá, muchos se salvaron de infartos, él inventó el by-pass. Era argentino y salvó a muchas personas del mundo... Conocía también a Salvador Mazza, su fidelidad a lo que hacía. A pesar de todo él siguió hasta el último; mientras todos lo abandonaban, y salvo a la gente del mal de Chagas. Son ídolos para mí. Así que es imposible no saber nada de Argentina. Y ya no hablo de Piazzolla, que cuando nosotros llegamos ya se tocaba en Europa, en Georgia, en Rusia. Es increíble las personas únicas, y vivo en Argentina, adoro Argentina.
¿Vino directo a Salta?
Directamente me vine, a pesar de que Buenos Aires es una joya, es un museo la ciudad, la construcción, todo... Me enamoré de Salta no sólo porque es colonial y linda; yo decidí que mis hijos crezcan en Salta. Y mi sueño se cumplió, estoy con mis 4 hijos ya grandes, tengo una nieta salteña, de 7 añitos. Ya echamos raíces y, ¿sabe?, todo el semillero. Vivo para mis alumnos, ampliaron mi familia, son como mi familia. Paso días con ellos... tengo alumnos no sólo en Salta sino en Tucumán, en Santiago del Estero, en Buenos Aires, en La Plata tengo alumnos, en Corrientes, en Chaco, en Bolivia, en Chile, en Perú. Yo misma no me creo. Mi alumno de Santiago del Estero 12 años venía a tomar clases conmigo, tenía 13 añitos, y este chico ahora es asistente concertino de la Orquesta (Nacional de Música Argentina Juan de Dios) Filiberto, en Buenos Aires.

La labor docente es una característica de la Orquesta...
Es así. No solamente traemos música a nuestros oyentes y tratamos que tengan una salida cultural, eso quiero subrayar. Me parece que es un hecho único que la existencia de la Orquesta pueda ofrecer a las personas una salida de su casa con su familia, con sus hijos o sus parejas a un hecho como un concierto; porque se supone que para salir no hace falta ir solo al boliche, ¿me explico? Existen otras cosas también y eso es lo que siempre queremos demostrar desde la Orquesta, porque si no fuera la Orquesta en Salta no tendríamos los alumnos, si no fuera la Orquesta no podría haber Camerata Stradivari ni la fundación, en mi caso. No tendríamos nuestros alumnos al lado nuestro, en la Orquesta. O sea, en un principio se hizo para que vengan extranjeros para aportar y nosotros estamos luchando para que más salteños entren a la Orquesta, para que tengan nivel. ¿En qué aspecto luchando? Enseñando día a día, dándoles realmente conocimiento de esa dimensión de organización y orden en su vida y trabajo para lograr el nivel y respeto y poder concursar y competir para un cargo en la Orquesta o en cualquier convocatoria internacional. Esa es nuestra tarea, y conocemos muy bien nuestra tarea. Yo siempre decía “somos músicos, no tenemos otra cosa que dar”. Y bueno, Salta me abrazó, me recibió con manos abiertas, yo vivo en esta tierra; entonces, lo único que puedo dar, lo que tengo, lo que nadie me va a quitar, mis conocimientos, mi vida, mi propiedad intelectual, compartir todo lo que sé y dejar un semillero y dejar un hormigón fuerte como para que puedan seguir nuestros alumnos.

Muchos chicos tenían que irse para estudiar, y gracias a la Orquesta no pasa ahora...
Sí, me contaron. Cuántos músicos excelentes, talentosos hay, y quizá eso faltaba, un empujón, una concentración de sembradores como nosotros. Usted sabe que muchas veces me decían “tienen que concursar en Buenos Aires, pueden concursar en otros lugares”. Me invitaban a trabajar allá y dejar Salta, y enseñar a los chicos allá. Y cuando me enfermo y me dicen “no tenés que trabajar tanto”, yo digo: “No puedo dejar a mis alumnos a mitad de formación”. Era la única respuesta que tenía “y cómo los dejo así! Lo mismo dije cuando me invitaron a trabajar en Buenos Aires. “Con mucho gusto, me encantaría tener esa experiencia y aportar, pero acá tengo alumnos y no puedo dejarlos a mitad de formación” (risas). Y bueno, es mi forma.

Los chicos han crecido con ustedes...
Así es, con Viktor (Muradov) fuimos sembradores de la escuela violinística. En cuanto llegamos, no sabía hablar castellano y recurrieron a nosotros. Tenía 14 alumnos particulares y Viktor, 9, y en un pequeño departamento no sabíamos cómo compartir las piezas para las clases. Y no sabía hablar castellano y con un diccionario comencé a dar clases. Era increíble. Después, pude traer a mis hijos con ayuda del Gobierno... Mis dos hijos más grandes también estudiaron, tocaron en un concurso en el que se presentaron 15 violinistas, y ganó otra vez mi escuela, porque mis hijos fueron mis primeros alumnos. Y desde aquel momento también enseñan, porque con Viktor nos íbamos a Jujuy, allá también enseñamos, armamos una Camerata Jujuy y nuestros hijos (Irena y Aleksandre Urushadze) también tienen labor de docencia allá y en Salta, y trabajan en la Sinfónica. Aleksandre es asistente de concertino.

Un puesto muy importante...
Sí, un lugar importante, cuando hubo una audición para cubrir vacantes, Aleksandre tocó y lo pusieron como asistente concertino. Y Viktor ya casi cumple 6 años de concertino interino. Cuando llegó, tocó directamente para concertino, tocó muy bien y todo el mundo decía que habría que ponerlo, pero como no sabía hablar castellano no lo eligieron; así que tocó y quedó en orden de mérito, después no sé qué pasó con ese orden de mérito... En la vida siempre conviven las cosas positivas con otras... 

¿Cómo vivió la gala de los veinte años?
Muy bien. Por más que tenga mucha experiencia en la vida, uno nunca sabe cómo va a pasar los 20 años o un cumpleaños. Viví un momento único, con toda seguridad y con toda felicidad que ocurrieron los 20 años, y me sentí muy bien. Era mágico. Sentí que es muy importante la Orquesta, la existencia mía dentro de la Orquesta... la persona en su profesión puede ser muy segura pero no puede estar segura de todo lo que la rodea... Y entonces, parece que los componentes se juntaron y armonizaron el momento mágico. Uno trabaja y siembra y la cosecha es el momento mágico. Sentí todo el amor del mundo sobre nuestra orquesta. Y estoy segura de que cada músico sintió lo mismo. 

¿Qué es la música para usted?
Usted sabe que yo conduzco un programa de radio “Inga clásica”, y cuando tengo entrevistados lo primero que pregunto es qué significa la música en su vida y, se va a reír, todos responden lo mismo. Que la música es la vida, tal cual como es, no es solo estilo de vida. Yo digo para un músico la música es todo, la manera de vivir, de respirar, de caminar. La música es la técnica que aplica el músico a su instrumento o al canto, o sea, esa técnica es la vida (risas), y la vida es técnica. La música no sólo es una herramienta para crecer, auto-superarse, perfeccionarse, sentirse seguro, sentir que uno vale algo en esta vida. No sólo es eso, también, para mí, es todo el aporte a la sociedad. Yo me levanto y desde la mañana estoy pensando qué puedo hacer para alguien. La música es algo que uno hace para el otro, para el prójimo. Es un aporte a la sociedad, no sólo porque se la disfruta y uno se prepara para que salga bien, para que el otro disfrute, es también darle razón de vivir, uno no sólo viene a escuchar la música, a deleitarse, también piensa, medita sobre la vida. La música te deja contenido, te llena el alma. Jamás puedes tener alma vacía y confundida y frustrada, jamás, porque la música te llena el alma, ¿entiende? Eso es para mí la música. La razón de la vida es aportar al otro y pensar en el otro. El amor que existe entre las personas es la música. Tiene que llenar el alma. Y nada de otra cosa, y la música cumple muy bien esa tarea... 
 

Últimas Noticias

Últimas Noticias de Espectáculos

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...