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La novena sinfonía derrama su esperanza en el Duende Amigo 9

Fabio Pérez Paz sienta a su nieta Mía sobre el aljibe cerrado del cabildo de La Silleta (ver foto), territorio del Duende Amigo y su familia, y al verlos no se puede dejar de pensar en los seres mágicos que lamentarán ver clausurado el pasadizo que conecta las casas de todos los duendes del mundo y que ellos trasponen para visitarse...
Así de desvanecidos y confusos son los trazos entre realidad y ficción cuando uno es lector incondicional de la saga del Duende Amigo. 
El domingo pasado Pérez Paz presentó el último volumen de este best seller del Noroeste: “Duende Amigo 9na. Sinfonía” y sus páginas, entre las que habitan mitos de creación, relatos históricos y leyendas de misterio, vienen regadas por la Novena Sinfonía de Beethoven, emotivo canto a la fraternidad universal que fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 2002. 
Refiere Pérez Paz desde la introducción: “(...) Decidimos ponerle música a este libro y llamarlo Novena Sinfonía como un humilde homenaje a una de las obras más grandes del arte musical. Esta composición contiene la importante Oda o Himno a la Alegría, que, al escucharlo (sobre todo en estos tiempos), nos llena el corazón y el espíritu de optimismo hacia un gran futuro”. 


Para crear un proyecto de esa envergadura y llegar al corazón de las infancias de hoy, abigarradas de tecnología y desamparo, hay que tener un corazón de niño intacto. Fabio, en un intento de explicarlo, recuerda la propia. 
“Mi infancia transcurrió en San Salvador de Jujuy en una familia típica de los 70. Éramos cuatro hermanos y totalizábamos dieciséis primos. Todos nos juntábamos los fines de semana en el campo. Mi abuelo Manuel a veces agarraba su guitarra y empezaba a puntear una melodía y la acompañaba con cuentos y relatos. Tocando la guitarra no era muy bueno, desafinaba bastante. Mi padre, Ricardo, también era muy bueno para relatar y así fui incorporando esas tradiciones, esas costumbres, esas vivencias, que entonces era muy común escuchar, aunque me daba cuenta de que en el presente eso no estaba ocurriendo. Los papás del siglo XXI estaban con otras crisis, con otros problemas y se habían olvidado un poco de las narraciones ancestrales”, expresa el autor, que además se confiesa por entonces “muy lector de los hermanos Grimm y de Horacio Quiroga”. Justamente aquellas manifestaciones que aparecen como objeto de la percepción humana, extraordinarias y sorprendentes en sus causalidades insospechadas, son las que decantan en mitos y leyendas.
“Las leyendas lo explican todo: el origen de los pájaros y animales, algunos fenómenos que nos ocasionan problemas. Los abuelitos no tenían explicaciones científicas para darnos, pero sí esa literatura, esa magia incorporada, la de crear para explicar el origen de las cosas”, define. 
Como buen integrante de la saga “Duende Amigo”, el noveno ejemplar también trae una propuesta didáctica de mucho dinamismo con la colaboración de las docentes Sandra Moya y Elvira Miller. 
Sobre este rasgo de su producción literaria, Paz dice: “En mi familia propia y política hay muchos docentes y el libro antes de editar pasa por todas esas manos y mentes como un control de calidad. Todos me ayudan a darle un tono didáctico, a adaptar el lenguaje para una mejor comprensión de los niños. Así llega lo mejor armado posible para que cuando entre en las escuelas pueda ser útil para su educación, más allá de que también les sirve para entretenerse”. 
El cabildo de La Silleta es la materialización de ese universo que se abre cuando se inaugura cada tomo con el encuentro entre los duendes y el autor. “Entre la familia nos pusimos de acuerdo para hacer realidad un lugar donde venir y que se dieran cuenta de que todo era real. Que aquí nace la magia de los libros. Fue un sacrificio muy grande y después fue pensar qué iba a contener y aprovechamos que mi hija Pilar era coleccionista de antigüedades, armamos una sala para exponer la colección de los objetos que se usaban habitualmente en el pasado, a veces lejano y a veces más lejano; también hay una sala de proyección para mirar los audiovisuales. Como era de esperar hay decenas de duendes, los muñecos. Los chicos saben cuáles son los personajes y que hace cada uno”, detalla Fabio. 
Inspirado de nuevo es una infancia en la que “usábamos mucho las manos, la imaginación” Fabio dispuso en el parque un metegol, un tejo, un sapo, un juego de mesa gigante. “Los chicos no se dan cuenta, pero acá no utilizan la tecnología en ningún momento, sino sus manos y su cuerpo, una hamaca, un tobogán, una calesita, un saltarín, todo para jugar en familia y divertirse de otra manera en medio del campo”, describe y contempla satisfecho a unos niños que van saltando los cailleros como si fueran las fichas y van avanzando tirando un dado gigante en cada turno y sorteando las prendas para alcanzar la meta.

Un anticipo del libro

“En el mundo existen grandes cantidades de dulces y golosinas; con una enorme variedad de caramelos, chupetines, chocolates, obleas, galletitas y turrones. Hay niños que tienen muchos dulces y otros que, lamentablemente, no los disfrutan casi nunca. 
Eso es injusto, pero, por suerte, el reino de la fantasía siempre tiene sus paladines de la equidad y para emparejar esta cuestión existe el Duende de los Dulces. 
El Duende de los Dulces es un petiso de cachetes colorados que usa un gran sombrero multicolor. Es algo gordito, simpático y está siempre sonriente; le faltan un par de dientecillos y viste un elegante chaleco de color verde sobre una camisita blanca de cuello largo. Luce pantalones marrones y camina sobre unas botas largas y brillosas. 
Como todos los duendes del Norte, tiene una mano de lana y otra de hierro. En la mano de lana lleva siempre una paleta de caramelo y en la de hierro una bolsa repleta de sapos de chocolate.
Vive en una casa con ladrillos de cacao, ventanas de caramelo, techo de turrón y piso de azúcar. Sus muebles son de galletas dulces y las lámparas de chupetines.
El Duende de los Dulces se mete sin que lo vean en las fiestas de cumpleaños y en los recreos de las escuelas; también está en las plazas, parques, circos, cines y lugares de diversión. Al caminar, vigila secretamente a todos los chicos para asegurarse de que sean generosos y que conviden a sus amiguitos las golosinas que están disfrutando.
Si descubre a algún pequeño escondiendo sus dulces o negándoselos a sus compañeros, se le acerca. En ese instante abre la bolsa que lleva en su mano de hierro para sacar un sapo hechizado de chocolate. Después, deja ese exquisito manjar a la vista del niño mezquino, tentándolo para que lo levante. Como es de esperar, el chico alza el dulce y lo esconde para comerlo luego en su casa. 


Más tarde, ese changuito se devora esa golosina mágica, sin saber que está fabricada con el chocolate más extraño del mundo. 
En ese momento, sucede lo que indica el famoso dicho: ‘El que come y no convida tiene un sapo en la barriga’.
El sapo de chocolate sale de su disfraz de golosina y comienza a dar tumbos en el estómago de su víctima. Se infla y se desinfla, salta y salta sin parar, sube y baja, libera gases vaciando su buche y se revuelca por toda la barriga. 
Al cabo de unos minutos, ese niño se agarra con las dos manos su dolorida pancita y llama desconsolado a sus padres para pedir ayuda.
Como si eso fuera poco, el chico es regañado por haber comido tantas golosinas y es obligado a empezar una rigurosa dieta. 
Por suerte, el sapito hechizado se cansa a las pocas horas. Espera a que el niño se duerma y se escapa por el agujero del oído izquierdo, liberándolo de su malestar en la barriga. (...) Ahora ya sabés de dónde proviene la famosa frase: ‘El que come y no convida tiene un sapo en la barriga’”.
 

 

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