Inés Burgos, la vida sencilla y sacrificada de la gente del Toro

"A menudo se escucha decir: "Yo daría pero solo al que lo merece'. Los árboles del huerto no hablan así, ni los rebaños en los campos. Ellos dan para poder vivir porque retener es morir". Y el padre Chifri entendió la vida así: dar para vivir; dar hasta morir. Por eso, aunque ya no esté físicamente en este mundo, en el día que se recuerda su bendito nacimiento, el 28 de mayo, hubo avalancha de mensajes emotivos en las redes sociales, plenos de recuerdos y añoranzas de este sacerdote sin par que entregó su vida sin mezquindades a las comunidades de los cerros del Toro, en Rosario de Lerma.

Una buena forma de recordarlo es con las historias de vida de personas a las que él tocó con la vara de su filantropía cuando estaba vivo, y lo sigue haciendo ahora a través de la Fundación Alfarcito, que él mismo creó para continuar su prolífica obra. "Recorriendo los cerros nos encontramos con personas maravillosas que son verdaderos ejemplos de vida. En esta oportunidad queremos resaltar a Inés Burgos, una supermadre cuya mayor felicidad es criar a sus hijos y nietos, constituyéndose en un ejemplo para todos. Inés es oriunda de Las Mesadas, de joven se trasladó a Huaco Chico, un pequeño paraje a pocos kilómetros de El Alfarcito. A su casa se llega por un camino de ripio, bordeando un arroyo que suele crecer en la temporada estival y que durante el invierno trae muy poca agua", contó Carlos Figueroa, vocero de la Fundación Alfarcito.

"Cuando llegamos a su casa de adobe y piedras la sorprendimos trabajando en la tierra; una chimenea humeante nos hablaba de una cocina a leña donde se estaba preparando el almuerzo. Ella salió a nuestro encuentro y le contamos que veníamos de la Fundación Alfarcito del padre Chifri. Los recuerdos le dibujaron una amplia sonrisa, y dijo: "Cómo no recordar al padrecito Chifri, él nos dio mucho valor", y trajo a la memoria los tiempos cuando visitaba a las familias en sus hogares y celebraba las misas con los títeres en la capilla", detalló Figueroa.

Inés los invitó a pasar a la casa y les contó a los miembros de la Fundación que "viven con ella cuatro nietos que estudian en la escuela de Alfarcito, pequeños que recorren unos 4 kilómetros para ir a estudiar. Inés fue artesana y concurría a las reuniones en Alfarcito, pero las múltiples actividades y obligaciones que se impuso no le permitieron continuar. Sin embargo, conserva en su interior la intención de volver a llevar sus trabajos al Centro de Artesanos que creó Chifri.

"Le entregamos ropa de abrigo y mantas, ella en agradecimiento nos regaló unas deliciosas manzanas que sacó de unos árboles que ella plantó detrás de su casa, protegidos de amplitudes térmicas".

 

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