Un grito ahogado, sin sonido y sin eco

No aprendemos, hay algo que socava la visión de conciencia y la mantiene en la oscuridad, nos mutila el sentido de la proyección general del contexto.

¿Por qué digo esto? Porque vivimos inmersos entre palabrerío decorativo y de difícil comprensión etimológica, para enmarcarnos una serie de conductas sociales que enmascaran ignorancia y transgresiones.

La base de todo, de la cual todavía no aprendemos, y seguimos dando de cabezazos a las paredes, es un axioma de más de dos mil años, "eduquemos a nuestros niños y evitaremos castigar a los hombres". Quizás esto se asocie con otros pensamientos transcontinentales de similar profundidad, como ciertas enseñanzas milenarias de origen tibetano: "No sirve aplicar la ley si no explicas su origen", y hasta el uso de los "amautas" en el imperio Inca (la transmisión de las conductas en versos), o quizás uno de los mejores ejemplos el libro más antiguo trasmitido en versos perfectos el Mahabhárata.

¿Qué sentido tiene la intimidación a cumplir una regla? Como la del marqués de Beccaría, en el siglo XVIII, en el inmortal "de los delitos y de las penas" al decir: "No es la crueldad de las penas uno de los más grandes frenos de los delitos, sino la infalibilidad de ellas... La certidumbre del castigo, aunque moderado, hará siempre mayor impresión que el temor de otro más terrible pero unido con la esperanza de la impunidad, porque los males, aunque pequeños, cuando son ciertos amedrentan siempre...". El castigo para obligar a algo que debía ser aceptado como convivencia social, ¿O acaso no era aceptado porque provocaba alguna incomodidad, que la pereza de revisarla, la traslada a la penalidad?

Nuestra ceguera contextual se pone de manifiesto cuando traemos ejemplos históricos de reglamentaciones, sin implicar el ambiente social de época, en 1944, Perón buscaba insertar a la Argentina en el nuevo orden posterior a la Segunda Guerra Mundial y -en paralelo- responder a los problemas derivados de la "cuestión social".

En un abrir y cerrar de ojos creó la Justicia Nacional del Trabajo, reorganizó la Secretaría de Trabajo y Previsión -llevándola a todos los rincones del país-, atendió a los trabajadores del campo -eliminando conchabos, vales y cuasi monedas- y potenció a los sindicatos. Todo esto fue enmarcado en una sociedad que no tenía televisión, celulares ni estaba informatizada, los argentinos nacionalizados, inmigrantes, buscaban trabajar en oficios "duros", industria metalúrgica, maderera, minera, etc. Y buscaban trabajar lealmente.

Es algo que las décadas posteriores fueron degradando progresivamente, la desindustrialización del país, junto a las privatizaciones, la degradación del sistema educativo (que experimentó con el EGB un fracaso en Europa), la informatización incontrolada de los sistemas de impuestos, la aturdida comunicación de noticias y datos, a través de celulares, televisión internet, satélites, hizo que hubiera un cambio social profundo que aún no digerimos. Alvin Toffler en su libro "La tercera ola" anticipó que en el futuro no muy lejano (hoy) se iba a requerir una mente más que un músculo en el trabajo, lo que le faltó decir es que las leyes de trabajo de 1940 iban a ser impracticables en esta época, algo que la generación de mayores no entiende o usa a su favor para pasarla bien.

Argentina está apretada, desde los 70, por ocultos tratados leoninos, por lobbies internacionales, que no son parte de ninguna teoría conspirativa paranoica, como argumentan algunos que viven en una realidad implantada por su propio escapismo, simplemente son "optimización de ganancias" (John Perkins).

 

Un territorio rico y abundante donde sus habitantes están sumidos en la pobreza y autoritarismo, por falta de conocimiento, hoy la educación nos deja una generación, que desconoce el trabajo genuino y leal, tanto en los trabajadores como en los empleadores, décadas de gobernación inútil transformaron a los jóvenes, hoy aturdidos y desorientados, en nómades sin metas; las leyes laborales, los sindicatos, no tienen sentido, un joven de hoy con un celular puede ganar plata virtualmente, con muchos métodos, bróker de bolsa, tienda virtual, etc. Un ámbito donde la paradoja entre lo virtual y material se tensa y es campo de siembra para los robots, ¿Por qué digo esto? Porque el sistema financiero, que, en su especulación virtual, ajeno a una economía basada en los recursos, que crea números desde un teclado hacia un algoritmo, derrumba industrias dejando empleados humanos en la calle, por diferentes repercusiones de mercado, y lo hace a la velocidad de un "clic" o "touch", llevando al desempleado a buscar sustento en oficios lejos de sistemas productivos o transformadores de materia prima, oficios de administración, intermediario, revendedor, u otros. El sistema financiero se muerde la cola, desequilibrando el intercambio social, libros que invitan a hacerse rico con inversiones, renta por plazos fijos inmobiliarios, cursos y grupos sociales para manejar grupos de inversión en bolsa, una ganancia que depende de la producción real para mantener el consumo, ¿qué pasaría si todos los repartidores de los sistemas de reparto (delivery), pasaran a ser inversionistas, intermediarios o vendedores? Una comparación extrema y absurda, para darnos cuenta que los robots están listos para reemplazarnos, drones, sistemas automatizados.

Sin ir muy lejos, la firma Amazon esta probando drones para su sistema de repartos, el armado de motores (eléctricos o de combustión) cada vez tiene más robots automatizados, y somos nosotros mismos los que proponemos el cambio, perdiendo la visión del contexto actual e histórico, no adecuando nuestros reglamentos ante un progreso informatizado que atropella nuestros análisis.

Simplemente la comodidad de lo inmediato no nos permite ver lo trascendente a futuro, quedando frente a frente en un grito mutuo de argumentos personales, confrontados, sin sonido, silenciados por los algoritmos de redes sociales en internet.

 

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