Una vecina reconoció haber visto a Vargas en la puerta de la casa de Jimena Salas

Con la presencia de ocho testigos transcurrió ayer, en el Salón de Grandes Juicios del Poder Judicial de Salta capital otra jornada por el crimen de Jimena Salas. Vecinos y efectivos de la Policía provincial fueron los encargados de testificar ante el tribunal colegiado, para hoy se espera que declaren otros ocho testigos. El atroz crimen de la mujer de 44 años se produjo el 27 de enero de 2017 en el barrio San Nicolás de la localidad de Vaqueros.
Todos y cada uno de los vecinos que comparecieron ayer en la segunda jornada de debate brindaron sus declaraciones en la etapa instructiva del cruento hecho. Cada uno a su turno, y a pesar del tiempo transcurrido, recordó lo vivido aquella trágica jornada del viernes 27 de enero en Vaqueros. Confirmaron la presencia de Sergio Horacio Vargas en el barrio, además la de un segundo hombre quien ofrecía un perro de raza caniche toy.
 

Uno de los primeros declarantes describió desde el momento en que salió para ir a trabajar cerca del mediodía, a las 11, y observó que la víctima despedía a una mujer a bordo de una moto, se trataba de la niñera de Jimena Salas que ese día había ido a trabajar a la casa de la víctima a las 8.30. Cuando regresó de trabajar, cerca de las 13.30, el testigo sostuvo que vio a Cajal en el interior de un auto afuera de su casa. Un minuto y medio después escuchó un grito desgarrador, era Nicolás Cajal. Señaló que no salió a ver porque su mujer recomendó que no lo hiciera, dado el temor que le produjo a ella quien se imaginó era alguien alcoholizado. Segundo más tarde, ambos escucharon un segundo grito.
Esa misma mujer contó que entre las 12 y las 12.10 observó un auto color champán que ingresaba marcha atrás a su garaje, asoció el vehículo con el que tenía Cajal, de un color similar. En su mano izquierda el conductor tenía un reloj redondo dorado, tenía una camisa a rayas color lila, arremangada. Sin especificar quién era la persona que estaba en el interior del rodado.

Atendió a Jimena Salas

Una de las vecinas que declararon ayer apuntó haber atendido a Sergio Vargas, quien andaba ofreciendo unas sandalias o alpargatas, no recordaba bien, y además le preguntó si conocía a una persona que le había encargado unos calzados. Unos 20 minutos después atendió a Jimena Salas, quien tenía un perrito que supuestamente se había extraviado. La testigo fue quizás la última vecina que vio con vida a la víctima.

En la causa se encuentran imputados Sergio Horacio Vargas como partícipe secundario de homicidio triplemente calificado por ser cometido con alevosía y ensañamiento y por precio o promesa remuneratoria y Nicolás Federico Cajal Gauffín, acusado por encubrimiento agravado.


Luego de preguntarle si el caniche no era de ella, la testigo contó que Jimena le dijo que iba a subir la imagen del can a una red virtual que tienen los vecinos del barrio. Según el expediente, fue cerca de las 12.37 cuando se registró la imagen del caniche toy que subió Jimena Salas. Apuntó que no vio quién le llevó la mascota a Jimena ni tampoco haber observado algún auto.


La última vecina que declaró ayer, antes de los uniformados que intervinieron en la investigación del crimen, dijo conocer a Cajal a través de la televisión y a Vargas porque ese día, entre las 12 y las 12.30 había pasado por su casa ofreciendo unas sandalias. “No me había enterado de nada, recién cerca de las 20 una amiga me llamó por teléfono preguntándome qué había pasado, estaba asustada”, señaló la testigo.
 

 

La testigo refirió que ese mediodía le estaba dando de comer a sus hijos, viendo El Zorro, y por tal razón atendió con cierto desinterés a quienes se hicieron presentes. Tampoco recordó si fue Vargas o el otro “chico”, que tenía un caniche y preguntaba de quién era, el que pasó primero lo cierto es que confirmó que ambos pasaron por la vereda de su casa y tocaron las palmas. Dijo que entonces estaba embarazada y era nueva en el barrio.
Sostuvo que el joven del perrito le insistió en que si podía tenerlo y ella se negó, quizás sin darse cuenta que si aceptaba el ofrecimiento podría haber sido víctima de un delito dado que para recibir el caniche debía abrir el portón de su casa. Lo que le sucedió algunos minutos después a su vecina, Jimena Salas.

 Los uniformados

Además de las personas que viven cerca de la casa donde mataron de 40 puñaladas a Jimena Salas, madre de dos mellizas que por entonces tenían tres años, también pasaron por el banquillo del Salón dos efectivos de la Policía de Salta. La oficial auxiliar Cecilia Tomás apuntó: “Me llamó la atención toda su actitud”, en relación al imputado, viudo de la víctima, Nicolás Federico Cajal Gauffin, y siguió: “Por mi carrera, el trabajo que hago, veo cuando una persona es afectada por algo y automáticamente comienza a llorar, él hacía el esfuerzo por llorar y no podía, y eso me llamó la atención”.
Señaló que cuando llegó a la casa del crimen dijo que un hombre que tendría algún parentesco con la víctima puso en duda al exmarido de Jimena Salas, que se trata de un hombre violento y suponía podría haber sido él porque la andaba molestando. 
Al igual que el sargento Torres, quien declaró después, dijo que Cajal se encontraba alterado, hablaba rápido, se lo notaba nervioso y “pretendía llorar y no podía”.

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