“El Instagram es como el boca en boca, pero en las redes sociales”

Pablo Sepúlveda es el zapatero que hace furor en las redes sociales, más precisamente en Instagram. Se puede decir que es el famoso instagrammer de Salta que tiene más de 9 mil seguidores y que ya prometió, entre otras cosas, que cuando llegue a los 10 mil se saca la barba. Lo acompañan jóvenes aprendices de este noble oficio que se ríen ante la posibilidad de verlo con la cara afeitada. Él no fabrica zapatos, sino que los arregla y además enseña a un grupo de bisoños el arte de alargarle la vida al calzado. Todo en su taller es artesanía pura, aunque sin derecho de autor. Se sienta en su banca, mira a sus aprendices y piensa en esa palabra, la repiensa con los codos en la mesa de trabajo y luego la enuncia: “reparar”. 

Pablo tiene 42 años y nació en la ciudad de Santiago, capital de Chile. Es hijo de José y de Rosa, que viven actualmente en la ciudad de San Ramón de la Nueva Orán. Constituye una segunda generación de zapateros, ya que José tenía el taller en la casa. Desde que tiene uso de razón ya estuvo metido en las máquinas de coser, los pegamentos, la mamadera y los mesones con herramientas.

De los siete hermanos de la familia, solo Pablo y Rodrigo siguieron con el oficio. A este último se lo puede encontrar en Orán.

Pero la historia de Pablo, que tiene la particularidad de difundir su oficio por una red social, lo deposita en Salta luego de un interesante periplo que lo llevó desde Santiago a la ciudad de Córdoba. Pablo es un hombre que no tiene ninguna dificultad en contar y mostrar su vida.

“Mi familia anduvo por muchos lugares y terminaron en Orán por una vocación pastoral. Pertenecemos a la Iglesia Evangélica y es por eso que pienso en esta palabra que acaba de salir que es: reparar”, dijo mirando a los chicos. 

Repara zapatos y enseña un oficio. “Acá se enseña a valorar el trabajo y a ganar dinero con dignidad. También se enseña a revalorizar el trabajo con las manos, rescatar lo artesanal”, dijo el hombre. 

Y su taller es como escrito en los cuentos de Hans Christian Andersen (también hijo de un zapatero), solo que está ubicado en Tres Cerritos, en la última calle, la que roza con Gendarmería.

Hadas, duendes y hasta un elfo juegan con una Singer, con las latas de contenido imaginario, frascos mágicos, discos de vinilo y tocadiscos, radios a transistores, sifones viejos, relojes antiguos, máquinas muy extrañas y hasta un teléfono de Entel. Allí se forman mientras trabajan Kika, dos Francos y una Joana.

“Si bien yo aprendí desde muy niño a arreglar calzado, luego yo me dediqué a ser luthier”, dijo el hombre, tocando una guitarra blusera con cuerpo de Jack Daniel‘s y con un slide de vidrio fabricado del cogote de alguna botella de un malbec.

“Vendí todas mis máquinas de luthería y compré para equipar este taller”, recordó.

Desde hace siete años que vive en la ciudad, pero fue recién en el 2019 cuando se decidió a cambiar de rubro. La luthería dejaba de ser un ingreso de dinero y comenzaba a volver a sus inicios de zapatero ante las necesidades.

En ese año vendió todas sus máquinas, armó un taller improvisado en su domicilio particular y, a principio de 2020, decidió abocarse con todo a los calzados.

“Yo decido abrir mi taller de zapatería en marzo del 2020. La peor fecha”, ríe. “Me lanzo justo cuando se desató la pandemia con su aislamiento mundial. Y no había vuelta atrás; había que inventar algo para promocionar el negocio. Y salió esto del Instagram como un forma de llegar a mis clientes.

Hoy tengo más de 9 mil seguidores y el 90 por ciento es de Salta. Comencé con fotos, ubicaciones y ahora ya me animo a hacer videos, que me los produce Kika. Yo me divierto mucho y recibo ideas de todos. Lo tomé como el boca en boca pero en las redes sociales. Me ayudó mucho en mi negocio, que comenzó en casa y ahora ya tengo un taller en otro lado, lo cual es bueno para diferenciar muchas cosas”, dijo el hombre que sabe lo que es tener una casa-taller.

Asiente a su lado Cintia, su esposa, quien está en su vida desde siempre. Son esas parejas que se conocen desde la infancia y que están juntos casi en todas las fotos familiares. Juntos tienen a Salvador, de 12 años, y a Isabela, de 8. Sus hijos son salteños, oranenses, y ellos ya eligieron a Salta para quedarse.

“Llegamos hace 18 años. Primero estuvimos en Orán y luego nos mudamos a la ciudad, hace siete años. Con los chicos en la escuela, con sus amigos, con el taller que funciona, que en menos de un año y medio ya es conocido, que tenemos a los chicos que vienen a aprender su oficio, ya decidimos no irnos más. Nos quedamos en Salta porque estamos enamorados de la ciudad y porque pensamos que es el mejor lugar para criar a nuestros hijos, vivir y trabajar”, definió Cintia.

Desde hace un tiempo, Pablo usa su espacio virtual no solo para mostrar lo que hace y estar en contacto con la gente sino también como una plataforma solidaria desde donde promociona a otros emprendedores. 

“Yo creo que alguna vez esto del Instagram va a superar al oficio de zapatero”, dijo y dejó abierta puertas insospechables sobre su futuro laboral.

El oficio de buscar palabras

Pablo busca las palabras correctas y por ahora no las encuentra. 

Tiene algo en mente que lo inquieta, que lo mueve a tratar a Instagram como una herramienta para los dos oficios a los que reconoce como tareas principales en su vida: pastor y zapatero.

El hombre quiere utilizar la red social como un medio para que más gente pueda conseguir una salida laboral. Y no se queda allí, también proyecta la idea de utilizarlo como vía de comunicación para ir acompañando en el camino a quienes se atrevan a la aventura.

El camino está trazado y lo plantea en forma de desafío: “Si llego a los 10 mil seguidores me afeito la barba, comienzo a dar cursos de zapatería on line y hago como sea una mentoría para emprendedores”, completa su promesa. 

A esa “mentoría” no le encuentra, por ahora, las definiciones. No encuentra los significantes para sus ideas. Quizás sea una tarea también de “reparar”. En su discurso puede vislumbrarse la idea de ir creando un espacio virtual de encuentros con aquellas personas que buscan una guía para ser emprendedores rescatando la cultura del trabajo; pero del trabajo manual, casero, del oficio artesanal. 

Y tiene razón pues hay muy poca orientación para esos viejos oficios que requieren una planificación, organización, comercialización y promoción de manera más sistemática.

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