Temporada alta de abrigo: nada supera a una prenda tejida

“Aprendí a tejer a mano, letra por letra, a mi alma alas más seguras. El mismo momento que descubrí que mi alma podía salir volando libremente a través de mis letras”. El breve poema de @Sentir de Luna pone en un sentir profundo el arte de tejer. 
Quienes no hemos desarrollado la habilidad (quién dudaría que es un don) podemos palpar en cada prenda tejida a mano horas y horas empleadas en la confección de un entramado sensible, que pausa el mundo apresurado y estresante cuando se posan también nuestros ojos en los puntos ordenados que alguien “enredó” en líneas (casi) perfectas. 
“El acto de tejer es maravilloso porque no solo mantiene tus manos ocupadas, haciendo movimientos musculares repetitivos, sino que te permite sentir la textura del tejido, mirar los colores de la lana y hasta oler lo que estás haciendo”, reseñan en el sitio tejiendoenperu.com, y basta hablar con las tejedoras cercanas a nuestro círculo para confirmarlo. 
Entonces queremos que ese tiempo invertido, ese arte, esa imaginación y esos sentimientos anidados en cada centímetro tejido se vuelvan inmarcesibles. Por ello es usual que las prendas resulten transversales en una familia y vistan a generaciones... 

Gentileza de Juan Barthe.


Marianela Guantay Briones (42) es profesora de Expresión Corporal y tejedora desde los 17 años. “Comencé tejiendo con lanas rústicas, hiladas y todas a mano, al principio a dos agujas y después a croché, aunque pensaba que no iba a poder aprender nunca, por lo difícil que parecía. A los 25 años me regalaron mi primera máquina de tejer, la que, gracias a mi mamá, aprendí a usar”, relata a El Tribuno. Luego cuenta que su marca, Chanè Tejidos, surgió hace diez años y que debe su nombre a que las primeras lanas que empleó se las había comprado a una señora de la comunidad chané, indígenas que habitan en Campo Durán, Algarrobal, Ikira y Tuyunti, del Departamento General José de San Martín. Marianela define esta materia prima en amorosos términos. “Son lanas únicas, hechas a mano y con amor como las de antes”, sintetiza. Ella trabaja por pedido y especifica que los modelos más vendidos son los bufandones, “que les dan el toque de color a cualquier prenda que vistas y de alegría a los días fríos”.

Gentileza de Juan Barthe
“Cuando vemos una prenda tejida a mano, no siempre imaginamos su proceso. Vemos solo la prenda terminada; sin embargo, el proceso creativo que hay detrás es lo mágico de esto. Implica imaginar, hacer pruebas, ovillar, desenredar, coser y muchas veces también destejer. Es pensar en quien la va a usar. Por eso es mi elección tejer por encargo: para que la persona que me contacte sea parte de ese proceso y quede contenta con el tejido terminado”, detalla.
Agrega que para lograr ese objetivo de la “buena vida” de las prendas hay que tener presente que son delicadas y que por eso se lavan a mano, con jabón neutro y agua tibia sin retorcer. También que de preferencia se secan a la sombra para conservar los colores. “Mis tejidos no tienen género. Sin embargo, mis clientas son generalmente mujeres de todas las edades que aman los diseños prácticos, cómodos, originales y coloridos. Mujeres luchadoras, emprendedoras, autónomas, fuertes y que reivindican el derecho a vivir felices con ellas mismas. A ellas, mi admiración”, cierra.

 

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