Elecciones: la moda de tirarse una taba 

Antaño, especialmente en el campo, era muy popular tirarse una taba. El juego consiste en arrojar al aire una taba (hueso de vaca, aunque también puede ser de cordero). Si cae con el lado cóncavo o cara para arriba se llama “suerte” y se gana todo, pero si cae del lado opuesto, llamado “culo”, se pierde.

Por estos días, la política se ha vuelto para muchos un juego de azar, una taba, en la posibilidad de aferrase a un salvavidas en tiempos de crisis, de desempleo, de bajas remuneraciones y de grandes necesidades. Con tal, si cae “suerte”...

Es así que Salta cuenta para estas elecciones legislativas con 10.676 candidatos titulares y suplentes, postulados en 1.017 listas. En este punto vale la pena resaltar, que solo se trata de una votación intermedia, sin la relevancia de una general en la que se ponen en juego cargos ejecutivos. Y hay que tener en cuenta que las PASO se encuentran momentáneamente suspendidas, sino la cantidad de candidatos sería mucho mayor.

Tal vez el lector conozca a más de un aspirantes a una banca, que jamás creyó que se involucraría en política, entre otras cosas, porque nunca militó en un sector, porque jamás mostró interés o simplemente, porque no tiene idea del mundo de “hacer posible lo imposible”. De hecho, este fenómeno por el que transitamos confirmaría esa máxima.

Integrar un programa radial o televisivo por estos días se ha convertido en un gran trampolín. Ni lerdos ni perezosos los estrategas electorales, que constantemente se encuentran prestos a pescar votos, vieron que en la era de la exposición y de las redes sociales, las caras visibles de los medios de comunicación y los influencers pueden captar muchas adhesiones, sin importar siquiera sus propuestas, su competencia ni sus conocimientos. 

Los eslogan son básicos y apelan a la “juventud”, a las “nuevas ideas”, al “equipo” y a que no son del “palo”, haciendo alusión a que no pertenecen al mundo de la política. 

En general, tampoco el electorado exige propuestas ni destrezas. La experiencia indica, siempre hablando en sensu lato, que solo tiene en cuenta dos factores: si el candidato es “conocido” y si le cae “simpático”. 

Pero quién podría juzgar hoy en día la apatía del votante, si la “élite” política que tuvo la posibilidad de torcer la historia no lo hizo. Y quién podría señalar a muchos candidatos, que ven en una banca la oportunidad para mejorar sus vidas y la de los suyos. “Hay de todo en la viña del Señor”, pero la calidad de la semilla se verá en la cosecha... 
 

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