Los hermanos sean unidos...

Los hermanos sean unidos,/ porque esa es la ley primera./ Tengan unión verdadera,/ en cualquier tiempo que sea./ Porque si entre ellos pelean,/ los devoran los de ajuera"

El gaucho Martín Fierro, de José Hernández (1872)

En una entrevista del periodista Jorge Fontevecchia al sociólogo Julián Cárdenas, publicada en diario Perfil, este dijo: "Los empresarios de Argentina tienen una característica diferente de las de otros de América Latina: están muy poco cohesionados entre ellos. No depende de un gobierno u otro. Esto complejiza negociar con ellos. Es muy complicado sentarlos a todos a una mesa. Entonces, los acuerdos son parciales o sectoriales. Lo mismo ocurre con los beneficios. Una elite fragmentada tiene menos capacidad de negociar. Impide llevar a cabo políticas de desarrollo empresarial coordinadas que beneficien a gran parte del empresariado. No es el principal problema, pero sin duda está en la lista de inconvenientes de Argentina".

La cita viene al caso dada la escasa por no decir nula estrategia empresarial global (independiente de la cadena productiva) para mostrar o comunicar a la sociedad que además de impulso, innovación, inversión y calidad, el sector productivo juega y sobre todo jugará un rol muy importante para enfrentar, mitigar, adaptarse y mejorar la crisis ambiental y climática del futuro cercano, sino del presente.

Pocas veces se ha visto al sector productivo en su conjunto, articular y trabajar codo con codo. Sin duda el ejemplo emblemático ha sido el de la circular 125, que unió a todos, grandes y chicos, chacareros y pooles de siembra, contra las retenciones sobre la soja. Y solo se trataba de esta oleaginosa, pero también están los ganaderos, los frutihortícolas, las cerealeras, los agroindustriales, los forestales y madereros, tamberos...

En fin, el mundo de la producción, que con sus distintas producciones y modalidades ocupan gran parte del Norte Grande, como del resto del país.

En este universo diversificado de producciones y ecosistemas naturales se desarrolla una de las mayores controversias que puede tener un rol significativo en el futuro económico y social del país. Es que cada vez con mayor fuerza se va instalando en la sociedad, urbana sobre todo, que las actividades productivas son una amenaza a la protección de la naturaleza, a los bienes y servicios derivados de ella. Mensaje expuesto por organizaciones ambientalistas que hablan en nombre y representación del ambiente y su mensaje dirigido al seno de la sociedad apunta a un responsable único, el sector productivo: sea el forestal, agroindustirial, agrícola, pesquero, ganadero, minero o cualquier otro.

La elección dependerá de la oportunidad del momento.

La respuesta del sector productivo, (cuándo la hay) está atomizada en las distintas cadenas productivas, defendiendo un tipo de negocio y una manera de producir en particular, restando fuerza e impacto en una respuesta holística y contundente que la sociedad necesita.

Con el incremento de la población urbana (en Argentina supera el 90% de su población total) dicha posición crítica va en franco aumento, más aún en tiempos de pandemia, donde incrementamos nuestra mirada bucólica de la naturaleza, y extrapolamos directamente situaciones complejas de producción de otras partes del mundo, claramente diferentes en las prácticas, en las culturas, en los ecosistemas y en la vulnerabilidad.

Extrapolamos y sacamos conclusiones claramente fuera de contexto, con un resultado palpable de condicionamientos y mala prensa sobre nuestra actividad productiva, que si bien debe mejorar en muchos aspectos, lejos está de muchas comparaciones claramente odiosas.

 

El ambientalismo ha sido exitoso porque se unifica bajo el concepto de "ambiente" y de "cambio climático", y dirige sus críticas a un sector concreto, "el sector productivo", que responde como mencioné, desde una mirada de cadena productiva y con un mensaje atomizado desde sus contenidos e incluso discurso y palabras.

La realidad es que el ambientalismo ha sido muy exitoso en posicionar la temática ambiental, pero no es el sector que traerá "la solución". Ella está inmersa en el mundo productivo, que toma decisiones cotidianas sobre el futuro de la naturaleza, decisiones muy difíciles de encauzar solo con normativas legales y vagos controles en los territorios del norte argentino.

El futuro de Argentina está muy ligado a como nos vaya con las exportaciones, y para ello además de calidad y precio requiere compromisos ambientales y sociales requeridos por buena parte del mercado internacional. Necesitamos revertir la mala y mayormente injusta imagen de nuestras producciones.

Tenemos a lo largo y ancho de nuestro país muchos ejemplos de vínculo positivo entre producir y conservar la naturaleza, y es necesario que estas experiencias y otras que se irán sumando con el tiempo sean conocidas por nuestra sociedad y el mundo.

El futuro próximo sin duda es de grandes desafíos, entre ellos mejorar la calidad de vida de nuestros habitantes y que ello se realice de la mano de más y mejor protección de la naturaleza.

Ello solo se logrará transmitir adecuadamente con un mensaje claro y homogéneo, brindado por un sector productivo que se muestre transparente a nuestra sociedad y que se muestre como aliado de la misma, en el mantenimiento de un ambiente sano y bien conservado.

Argentina tiene la oportunidad de cambiar ese paradigma de la mano del incremento deseado del 25% del valor de sus exportaciones al mundo, objetivo asociado a la creación del Consejo Agroindustrial Argentino, que nuclea a todas las cámaras de alimentos y forestales del país.

Tenemos que asociar este impulso productivo a conservar más y mejor naturaleza, para que los productos de Argentina, además de su conocida calidad, puedan asociarse a la naturaleza que los contiene.

 

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