“Quiero bailar hasta que mis piernas y brazos digan basta”

La presente no es una página de lo que fue; sino de lo que será. Se trata de Ana Laura Varela y cómo el “pole dancing”, conocido como baile del caño, le comenzó a cambiar la forma de ver la vida.
Hablamos de una joven salteña de 38 años que desde hace un tiempo comenzó a incursionar en una disciplina que hasta ahora se mantiene como un “tabú”.
Se trata de un baile muchas veces sensual que utiliza como elemento un poste o caño vertical sobre el cual el o la bailarina realiza su actuación. Sucede que la danza en barra tiene entre sus antecedentes a los bailes eróticos en clubes nocturnos, tanto para hombres como para mujeres. Pero en la actualidad es considerada como una de las mejores forma de realizar ejercicio físico y puede ser utilizada como una gimnasia aeróbica y anaeróbica. Los gimnasios y las escuelas de gimnasia están agregando esta opción como parte de su repertorio y crece su popularidad. Y ahí es donde entra la historia de Ana Laura.

 

Su origen puede encontrarse hace más de doscientos años, cuando comenzó a utilizarse el “mallkhamb”, una especie de pilar gimnástico para practicar yoga y aumentar la fuerza muscular. Asimismo, hay registros que dicen que proviene del mundo circense y de las ferias ambulantes que se realizaban a principios del siglo XX. 

 


“Yo entré en el pole dancing en una coyuntura de mi vida. Entré medio grande ya”, ríe y cuenta. “Tenía unos 35 años. Yo sé que soy joven, pero el comentario es por qué cada vez más jovencitas comienzan a practicar. Es una disciplina maravillosa para desarrollar físicamente todo el cuerpo. Yo entré a practicar como un hobbie y la verdad es que me cambió la vida y me ayudó mucho en un momento en que necesitaba un cambio. El pole dancing me dio un espacio y tiempo en donde me olvido de todo, es una hora y media en la que me concentro en mí misma”, dijo Ana apasionada por ese baile que requiere fuerza, resistencia y flexibilidad.


Quienes lo practican deben sostenerse el poste con una o ambas manos, con las piernas y especialmente con la fuerza abdominal para poder realizar los movimientos atléticos que incluyen: ascensos, giros e inversión corporal; aunque no hay que atemorizarse ya que es para cualquier edad.

 

 


“Mi papá no quería saber nada de que entre en este baile. Mirá que soy grande, pero todavía hay mucho prejuicio por esta disciplina. Cuando entré, fui muy afortunada porque conocí a Clara Alderete. Ella es como un faro en cuanto a lo que hace como docente y persona. Es una de las pocas profesoras que intenta que cada alumna la supere; eso es lo que tiene de único”, dijo.
Clara llevó a Ana Laura a un estado en que el pole dancing es ya una disciplina con un entrenamiento y una rutina de trabajo que es especial. “Nunca es aburrido, una va creando sus bailes y utilizamos todos los ritmos, todos los gustos; eso lo hace infinito”, describió. Con su profesora Clara ahora tienen un emprendimiento para comenzar a enseñar juntas el pole dancing. 
“Andamos buscando un lugar para comenzar a dar clases como una disciplina deportiva más. Queremos tener una mirada completa respecto de la alimentación, de los descansos, trabajar con la flexibilidad y con todos los cuidados físicos. Esta es una disciplina que trabaja con el propio peso por lo que no hay límites de edad, no tiene un alto impacto y es una entrenamiento completo para todo el cuerpo”, dijo.

Sobre los prejuicios

Ana Laura es hija de Luis Ramón “Chochi” Varela, un extrabajador de gráfica, y de Manuela. Es la hermana mayor de Jorge Luis y Mario Alberto. Conforman una familia que se hizo y se crió en el popular barrio Castañares. Son del “Cuervo” hasta en la piel y ella siempre fue una nena que jugaba al fútbol en la calle con todos los changos. Ser de Castañares es un privilegio de pocos. Sabe de códigos y del lenguaje de la calle; sabe de sus prejuicios.
Entonces entiende a su papá, el Chochi, que es muy querido en todos lados, cuando dice que no le gusta el baile del caño. Mucho más lo entendía cuando su hija mayor María Fernanda, teniendo sólo 13 años, comenzó a bailar también.

 

Mirá la galería fotográfica de Pablo Yapura en https://www.eltribuno.com/salta/fotogaleria/2021-8-14-20-51-0-el-pole-dance-gana-seguidores-de-todas-las-edades

 


“Cuando yo entré también lo hizo mi hija. Hoy ella tiene 16 años y es increíble cómo mejoró su aspecto físico con el entrenamiento. Sobre el prejuicio con mi papá trabajamos mucho y logramos que entienda que esto es una disciplina que avanza día a día”, aseguró.
Ella no solo está en la tarea de romper con los prejuicios, se ubica en el punto justo del quiebre, en la encrucijada de su vida; aunque ya sabe para qué lado irá su destino.
Estudió Comunicaciones Sociales y, aunque trabaja en algunos medios y hasta fue encargada de prensa de Central Norte por 10 años, ya sabe lo que quiere.
“Yo quiero seguir bailando hasta que mis piernas y brazos digan basta; creo que tengo muchos años más. Pero ahora creo que tengo la tarea de enseñar todo lo que sé, junto a Clara, para abrir este tipo de disciplina para que más personas disfruten de la magia que se experimenta”, concluyó.


 

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