La mirada de don Miranda

Por Israel Cinman

“¡Tripulación, a sus puestos! Estamos próximos a aterrizar en el aeropuerto de Maiquetía Simón Bolívar”, anuncia el capitán, mientras por la ventanilla diviso la costa llena de espuma de olas y recuerdo “Alma llanera”. “Soy hermano de la espuma, de la garza, de la rosa y del sol...” retumba en mi interior, compitiendo con mis latidos acelerados, aún más, con el arribo a esta épica exploración.

Llegar aquí -y en estos momentos- es una decisión que postergué hace tiempo. Vengo estudiando desde hace años su historia personal, ya que el presente es eco del pasado, saber que los resultados son procesos y no sucesos sin antecedentes, es por ello que pido permiso al caraqueño universal, que tanto admiro, a don Francisco de Miranda (1750-1816), para empezar este recorrido. Don Francisco de Miranda, el verdadero introductor, pionero y autor intelectual de la revolución continental, fue el primer sudamericano culto que exportamos a Europa, con 21 años. Y el único que participó en las revoluciones francesa, americana y venezolana. También fue el que introdujo, tanto a Bolívar como a San Martín y a cientos de prohombres, en los principios de la masonería universal, la que él importó y extendió en Sudamérica y desde donde se gestaron los movimientos independentistas en nuestro continente. Se vinculó de igual a igual con George Washington, Thomas Jefferson, Alexander Hamilton, John Adams, el Duque de Wellington, Catalina de Rusia, Federico II de Prusia y hasta Napoleón, quien dijo acerca de él: “Miranda, ese quijote al que le arde en el pecho el fuego sagrado del amor a la libertad”. Este explorador incansable del planeta apoyó libertades que lo llevaron a perderla en varias ocasiones. El único sudamericano que tiene su reconocimiento en el Arco de Triunfo de París -también su retrato colocado en la galería de los personajes en el Palacio de Versalles y su estatua erigida frente a la del general Kellerman en el campo de Valmy- es “el caraqueño universal Miranda”, el primero que pensó en una América Latina integrada, como él decía “desde el río Misisipi hasta el cabo de Hornos”. ¡La gran Colombia! América es una arcoíris y las banderas tienen sus colores dominantes. Hizo que tanto Venezuela como Ecuador y Colombia los porten. Francisco de Miranda, El Precursor, un verdadero perturbador sistémico, sostenía que lo político podría impactar en lo social con mayor velocidad y no al revés. Y como todo precursor pensó décadas adelante y sembró semillas de árboles de cuyas sombras nunca iba a gozar y eso lo hace aún más grande. Desde el paradigma del éxito inmediato, un precursor no deja de ser un perdedor coyuntural, pero un ganador de siglos posteriores.

Se dice que en el momento de arrestarlo, hacia su último encarcelamiento, donde murió el 14 de julio (día de la Revolución Francesa) de 1816 (5 días después de nuestra independencia) el exclamó: “¡Bochinche, bochinche! ¡Esta gente no sabe hacer sino bochinche!”, mientras le ponían los grillos.

¡Qué sentencia que tuviste, gran maestro! Tu visión parece estar viva en estos hermanos que -a sabiendas o no- siguen luchando como modus vivendi en todos los frentes y en todos los sectores, algunos para conservar la libertad y otros para recuperarla. Salgo de Migraciones rumbo a buscar mis valijas y un inmenso cartel me recibe: “Venezuela ahora es de todos”. Al salir a la calle otro cartel me vuelve a impactar: “Maduro, muere, por favor”. Y sí, general, por algo sos El Precursor de la Emancipación Americana, un adelantado como pocos. Permiso, gran maestro, empiezo a mirar esta revolución ¿de la que no participaste activamente?

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