“Robo del Siglo”: a 16 años siguen los cruces entre la banda

El 13 de enero de 2006 cinco delincuentes ingresaron al Banco Río de Acassuso, tomaron como rehenes a 23 personas y se alzaron con un botín de cerca de 19 millones de dólares. Aquel hecho, ocurrido en la calurosa esquina de Perú y avenida del Libertador, en el partido de San Isidro, se conocería posteriormente como el “Robo del Siglo”, por todo lo que implicó.

Mario Vitette, a 16 años del golpe conocido como el “Robo del Siglo”, volvió a exponer en las redes las heridas que quedaron tras la caída del grupo y la repartija del botín que lograron sustraer del Banco Río de Acassuso sin disparar un solo tiro.

“Hace 16 años que salí por esta tapa, de las calles Libertad y Tres Sargentos, rico y libre, y terminé pobre por un rastrero y preso por 2 delatores”, escribió el “hombre del traje gris” en Twitter, que acompañó el mensaje con la fotografía de una tapa de alcantarilla.

Ante las preguntas de sus seguidores, dio nombres de los compañeros que, según él, lo traicionaron: “Siempre un ‘fisura pastabasero’ como Fernando Araujo se queda en la chiquita de la rastreada y se pierde de la grandeza del respeto. Sebastián García Bolster prefirió la ‘delación’ a morir callado como indica el buen preceder tumbero”, detalló.

“El día que cuente la verdad verdadera se caen de espalda. Rastreadas, mandadas en cana, bajezas y traiciones que aún no se conocen”, indicó.
El tuit de Vitette fue furor en las redes y varios lo festejaron. Otros, en tanto, lo repudiaron. A todos, el exladrón uruguayo les respondió.

En un audaz golpe que fue planificado con un año de anticipación, el 13 de enero de 2006, cinco hombres ingresaron al banco Río de Acasusso y tomaron de rehenes a 23 personas simulando un robo exprés que se había complicado.

Mientras Vitette entretenía al negociador del grupo táctico Halcón, sus cómplices saquearon 143 cajas de seguridad y obtuvieron un botín estimado por la Justicia en 19 millones de dólares en joyas y dinero.

Con la ayuda de un sexto integrante que terminó de hacer un boquete, la banda huyó por un túnel que había construido a lo largo de un año y que los comunicaba con los desagües pluviales subterráneos, por donde navegaron en dos gomones y con la ayuda de un dique que construyeron para mantener el nivel de agua.

En el banco, los ladrones dejaron armas de juguetes y un cartel con la leyenda: “En barrio de ricachones, sin odios ni rencores, es solo plata y no amores”.
Gracias al análisis de las comunicaciones y a la pareja de uno de los miembros de la banda que los delató, la Justicia pudo identificar y detener a cinco de los autores del hecho, pero únicamente recuperó un millón y medio de dólares del botín.

No solo la cantidad de dinero sustraído, sino también -sobre todo- el procedimiento utilizado, que les garantizó a los cacos total impunidad.
El primero en ingresar fue Alberto “Beto” de la Torre, quien se dejó ver con un delantal y una peluca. A partir de allí, comenzó una odisea de casi siete horas.
“Alcanzó con mostrar el arma de juguete y reducir al policía que había adentro del banco. El guardapolvo lo usé para distorsionar la figura un poco, parecer más gordo”, contaría posteriormente el propio De la Torre.

En ese punto, empiezan a mezclarse los datos fehacientes, las leyendas urbanas y los inventos que introdujeron los propios ladrones para darle más épica a la historia.

 

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