El "sherpa" salteño llegó del Himalaya, donde protagonizó una increíble aventura y escapó de la muerte

En casi dos meses en Nepal, en plena cordillera del Himalaya, el salteño Jaime Soriano vivió uno de los momentos más intensos e increíbles de su vida. 
Las condiciones climáticas de la temporada fueron en extremo rigurosas e inusuales. Tanto, que se cobraron la vida de decenas de montañistas y de sherpas en el monte Manaslu (8.163 m), la octava cumbre más alta del mundo. 
Las avalanchas fueron constantes. La muerte rondó al grupo argentino integrado por Soriano, Sebastián Aldana y Matías Gómez (Jujuy), Diego González (Buenos Aires) y Martín Espejo (San Juan), quienes estaban acompañados por dos sherpas. Pudieron sentirla muy cerca.

 


Luego del primer gran alud ocurrido el 26 de septiembre entre los campos 3 y 4, en el que murió la famosa montañista estadounidense Hilaree Nelson y otros tantos resultaron heridos de gravedad, los argentinos continuaron el ascenso hacia la cumbre. No fue tarea fácil. Tuvieron que esperar a que las condiciones mejoraran, al menos un poco. En aquel momento se encontraban en el campamento base, a poco más de 4.800 m. 

 

 En el Manaslu (foto Simone Moro)

 

“Teníamos la esperanza de hacer cumbre, así que fuimos montando pequeños campamentos a diferentes alturas donde armábamos las carpas y dejábamos equipo, lo que nos permitía hacer rotaciones. Es decir, fuimos a permanecer y dormir en cada una de estas bases para aclimatarnos. Pasamos varias noches en ellas”, contó Jaime.  

Ya avanzada la expedición, en el campo 3, a unos 6.700 m comenzó a nevar cerca de las 15 y no paró en todo el día y la noche.

 

“Los estruendos de las avalanchas que se sucedían una y otra vez, eran impresionantes y ensordecedores. La montaña nos estaba dando un mensaje que había que escuchar. No fueron uno o dos deslizamientos, eran no menos de cinco o seis en el espacio de dos horas. Algo aterrador”, relató el salteño.

 


Con las carpas tapadas por el hielo, acariciando el techo del planeta, el grupo tuvo que tomar una decisión: priorizar la seguridad.  Les pesó por un momento la tristeza el no poder cumplir con el objetivo, pero entendieron que la decisión era la correcta. Y de hecho lo fue. “A pesar de no alcanzar la cumbre, personalmente estoy súper satisfecho. Fue toda una enseñanza respecto a cómo actúa mi cuerpo ante circunstancias tan adversas, mi fuerza física, mi preparación espiritual y mental. Estoy seguro de que pude haber hecho mucho más, si no fuera por las circunstancias climáticas extremas. No necesité oxígeno complementario, eso me dio una idea acabada de mi rendimiento”, detalló el montañista oriundo de San Antonio de los Cobres.


Un descenso lleno de peligro

La expedición al Manaslu fue una empresa muy arriesgada y el descenso no estuvo ajeno al peligro, por el contrario hubo momentos en que la muerte les acercó demasiado. “La zona entre los campamentos 1 y 2 era muy compleja, con glaciares y rocas. Cuando pasamos por allí vimos a los pocos metros un grupo de montañistas que parecían preocupados. Nos acercamos para preguntarles qué sucedía y nos dijeron que una avalancha se había llevado a tres sherpas, de los cuales uno había fallecido”, recordó Jaime.

El cuerpo sin vida del guía quedó tirado en la ladera. Fueron momentos muy tristes y angustiantes.

 

 

“Estuvimos en contacto permanente con gente que luego iba perdiendo la vida. Ver al hermano del sherpa fallecido llorando desesperadamente fue dramático. Solo atiné a abrazarlo y a acompañarlo en su dolor. Los sentimientos estaban a flor de piel. Este tipo de situaciones nos hizo reflexionar y supimos que habíamos tomado la decisión correcta”, manifestó Soriano.

 

Una vez que llegaron al campamento base, a casi 5.000 metros de altura, organizaron un descenso por un valle que en condiciones normales. En comparación con otros tramos, es un tanto sencillo. Sin embargo, a causa de la rigurosidad del clima, atravesarlo fue una verdadera odisea en la que estuvo en serio riesgo la vida de los cinco argentinos. 


La nieve superaba el metro de altura y tuvieron que pasar una noche cobijados por tan solo una pirca de piedra. Fue infernal -aseguró el salteño-. Los castigó el frío intenso.

Estaban mojados y a esas alturas de la expedición contaban con poco equipamiento. Bajo estas condiciones tuvieron que atravesar una feroz tormenta de nieve. “Al amanecer nos encontramos con dos franceses desesperados, que pasaron la noche a la intemperie a unos 500 metros de donde estábamos nosotros y sin el equipo suficiente. Nos dijeron que su guía sherpa había muerto. Fue otro golpe, una nueva advertencia”, señaló conmovido el salteño.

Fue muy duro terminar el descenso. La nieve por sectores superaba el metro y medio. Los montañistas no lograban hacer pie, por lo que debían arrastrarse. Cuando llegaron a la base, un lugareño junto a sus hijos los albergó muy amablemente. Estaban asombrados de que hubiesen logrado bajar sanos y salvos en esas condiciones. “Nos dijeron que ese tipo de nevadas no se daban nunca para esta época. Que su magnitud era totalmente inusual. Reflexionamos en aquel momento que tal vez, en ese último tramo habíamos peligrado más que en la montaña misma”, recordó.


De camino al pueblo, abajo en los valles, el Manaslu los despidió con fuertes lluvias, caminos cortados y un alud de rocas, que muy cerca de allí, ante la mirada de los argentinos, lo destruía todo. 

 

"La montaña es como un espejo. No hay forma de caretearla. Te desnuda por completo ante los demás y frente a uno mismo. Te hace ver tus valores y tus miserias" 

 

 

La montaña les habló al oído y les dejó muchas enseñanzas

La experiencia en el Himalaya estuvo cargada de complejidades, físicas y sentimentales. La muerte fue una constante a lo largo del camino, algo que nunca olvidarán. Con la esquiadora Hilaree Nelson, fallecida en la primera avalancha, habían compartido hotel y se habían cruzado varias veces en el campamento base. Fue muy difícil de entender, que ya no estaría más. “La montaña nos dio un mensaje y supimos escucharla a tiempo. Mi grupo logró consolidarse y entenderse a la perfección. Primó el compañerismo y la camaradería. No hice cumbre, pero regresé con un cúmulo de aprendizajes y gané cuatro hermanos, de verdad ”, aseguró Soriano.

De regreso a Salta, lo esperaba una extensa agenda de actividades y solo pudo compartir unas pocas horas con su familia antes de emprender una excursión por los Valles Calchaquíes, junto al reconocido montañista Christian Vitry. Luego, tendrá que partir hacia el Llullaillaco y al Aconcagua.

“Como suelo decirle a los alumnos de mi escuelita de montañismo, no busco batir ningún récord y esto para mí no es una competencia con nadie. No quiero vencer montañas ni conquistar cumbres. Persigo la armonía de la naturaleza y la satisfacción de disfrutar el momento. Mi vida son las montañas. Acostarme, dormir y caminar por lugares increíbles es el premio más preciado”, concluyó el “sherpa” salteño.

 

La expedición requirió de gran preparación física y espiritual, y también de recursos económicos. En tal sentido, Jaime Soriano agradeció el apoyo de los intendentes Alberto Carral y Sergio Villanueva; del empresario Luis Vacazur, de GVH; de Caprosemitp, de la diputada Azucena Salva, del senador Leopoldo Salva y del ministro de Turismo y Deportes Mario Peña (h).

 

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