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El coaching que necesita el ecosistema político

Lunes, 31 de octubre de 2022 02:14

"No hay persona en la vida que tenga más miedo que un candidato", dice el estratega colombiano Luis David Duque en el inicio de uno de los capítulos del libro de Daniel Ivoskus, Matrix Política, la construcción del candidato. Lo anterior y la actualidad política preelectoral nos lleva a reflexionar si los políticos y la política, además de media training, ejercicios para aprender a desempeñarse en los medios de comunicación, están necesitando profundizar en una disciplina profesional llamada coaching ontólogico. El coaching ontológico profesional no tiene nada que ver con el estafador piramidal de Cositorto ni tampoco con hacer repetir a políticos miles de veces ejemplos de supuestos diálogos con vecinos que no existen. Un profesional experimentado en esta disciplina puede, a través de diferentes herramientas, trabajar con personas, como los políticos y sus asesores, para que consigan los resultados que desean ayudándolos a cambiar el modelo de observador que están teniendo. Cambiando la forma de mirar la realidad, cambiarán consecuentemente las acciones que realicen y por lo tanto obtendrán otros resultados para ellos y la sociedad.

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"No hay persona en la vida que tenga más miedo que un candidato", dice el estratega colombiano Luis David Duque en el inicio de uno de los capítulos del libro de Daniel Ivoskus, Matrix Política, la construcción del candidato. Lo anterior y la actualidad política preelectoral nos lleva a reflexionar si los políticos y la política, además de media training, ejercicios para aprender a desempeñarse en los medios de comunicación, están necesitando profundizar en una disciplina profesional llamada coaching ontólogico. El coaching ontológico profesional no tiene nada que ver con el estafador piramidal de Cositorto ni tampoco con hacer repetir a políticos miles de veces ejemplos de supuestos diálogos con vecinos que no existen. Un profesional experimentado en esta disciplina puede, a través de diferentes herramientas, trabajar con personas, como los políticos y sus asesores, para que consigan los resultados que desean ayudándolos a cambiar el modelo de observador que están teniendo. Cambiando la forma de mirar la realidad, cambiarán consecuentemente las acciones que realicen y por lo tanto obtendrán otros resultados para ellos y la sociedad.

Dicho así parece fácil, pero hay que convencer al ecosistema político en probar otro camino. En el caso de los políticos, con coaching personal se pueden trabajar, entre muchas cosas, la indagación y la gestión de las emociones que surgen desde que alguien elige ser candidato, hasta que llega a ser concejal o presidente. En el libro de Ivoskus se menciona que el candidato "tiene miedo a perder, miedo a ganar, miedo a que se revelen sus secretos y miedo al miedo". El miedo no es de por si negativo, lo que importa es la forma en que reaccionamos ante e l. Si nos condiciona o nos paraliza, debemos aprender a gestionarlo, y para eso debemos conocerlo mejor con la ayuda de un profesional que nos acompañe a gestionarlo.

En el plano personal un coach profesional también puede acompañar al político a poder distinguir, en medio de la locura que implican las campañas, entre hechos e interpretaciones, las creencias propias que los favorecen y las que lo perjudican y el grado de compromiso que puede generar en un elector las promesas que realice. Los estados de ánimo propios y los que atraviesa la población y, sobre todo, a no confundir emociones con estados de ánimo ya que eso lo puede llevar a confundir el diagnóstico y la acción.

En la actualidad y desde hace años observamos que equipos que rodean a determinados políticos profesionales, luego de estudios cualitativos, insisten en que ese político adquiera atributos o características que no les otorga la investigación. Es así que, sin mala intención, el equipo quiere que el político adquiera la simpatía que quizás le falta e invierten años y recursos en algo que no está alineado con los valores y el ser de ese político. No entender que los políticos, en tanto personas, pueden funcionar porque los valores son la fuente que los impulsa a ser y hacer de determinada manera, avalando algunos comportamientos y evitando otros, llevará a continuar gastando recursos y tiempo. Si para el político la simpatía no es un valor , quizás por pedido de sus asesores intente ser más alegre, pero a la hora de decidir entre sonreír o razonar se quedará con explicar.

En tanto, el coaching de equipos es una disciplina a considerar también para gabinetes de gobierno y comités de campaña. En los comités de campaña que son grupos que se forman para una contienda electoral, además de trabajar con buenos profesionales, es fundamental que el grupo se transforme en un equipo. Es decir que ese grupo con habilidades complementarias (comunicación, jefe de campaña, territorio, finanzas, estrategia, agenda, etc) se comprometa con un propósito comun y adquiera competencias de desempeño colectivo por las que se sientan responsables. Formar un equipo no es tarea fácil porque, por ejemplo, pueden aparecer disputas de poder y desconfianza entre algunos de sus integrantes. Para ello un coach de equipos puede acompañarlos en ese proceso de formación, sin ser el líder pero despertando la consciencia del equipo para que el mismo tome sus decisiones y logre soluciones.

Para la ontología del lenguaje todo lo que hacemos y decimos revela una parte de quienes consideramos que somos y nos permite construir nuestra realidad. El lenguaje por intermedio del uso de diferentes actos lingüísticos (hechos, intepretaciones, declaraciones, pedidos y ofrecimientos) permite comunicarnos describiendo o creando realidades. Si bien es posible que el ecosistema político se entrene para usar las palabras -a los fines de la construcción de mejores políticos y candidatos que según Ivoskus para el Latinobarómetro 2021 presenta a América Latina como la región más desconfiada en los partidos políticos- se presenta el desafío y la oportunidad de interpelar a que aquellos que quieren ser candidatos puedan conocer que un habla responsable implica que cada acto lingüístico utilizado conlleva un compromiso asociado que será percibido de manera diferente por el elector.

 

 

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