Una historia de amor y ternura, que le permitió a una niña tener una familia

María y Javier nunca se imaginaron que Esperanza (nombres ficticios) llegaría a sus vidas tan rápido y de una manera tan amorosa.

Llevaban años intentando tener hijos y los tratamientos de fertilidad resultaban agotadores.

La opción de adoptar siempre estuvo latente para Javier, quien tiene varios familiares que pasaron por este proceso hace muchos años. En cambio, María no conocía a nadie que hubiera estado en esta situación y nunca había pensado en esta posibilidad.

Con ilusión y algo de miedo, comenzaron a averiguar por internet y a hablar con algunas personas cercanas. Así llegaron hasta la Secretaría Tutelar del Poder Judicial de Salta, donde les ofrecieron diversos espacios para consultar y sacarse todas las dudas. Les aclararon que los más importantes en este proceso no eran ellos, sino el niño, niña o adolescente, que tenía derecho a tener una familia.

Cuando el último tratamiento no funcionó, decidieron postularse para ingresar al Registro de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos. Recibieron mucho apoyo y acompañamiento por parte de los funcionarios que los atendieron. Una pareja que ya había adoptado los invitó a su casa y les contó cómo había sido su experiencia, tan desafiante como hermosa.

Una vez que estuvieron inscriptos y comenzaron las entrevistas con profesionales, recién les avisaron a todos sus amigos y familiares que se habían anotado. Antes, solo les habían contado a los más íntimos, pues sentían que era una decisión muy personal. Todos estaban felices.

Su sorpresa fue mayúscula cuando, apenas seis meses después de inscribirse, mientras estaban por volver de un viaje familiar, los llamaron por teléfono para decirles que en dos días debían estar en el norte provincial para conocer a una niña de dos años.

Cuando llegaron a Salta, acomodaron sus trabajos y en pocas horas, sus hermanas y cuñadas les consiguieron todo lo que necesitaban para ir a conocer a Esperanza: mamadera, algo de ropa y una sillita para el auto, por si volvían con ella.

Con mucha emoción y más miedo, se entrevistaron con los magistrados y funcionarios del Poder Judicial y del Ministerio de Desarrollo Social. Luego, buscar a la pequeña por el hogar y la llevaron al hotel, donde estarían alojados por tres días.

El primer día fue aterrador para todos. La bebé, porque no sabía ni dónde ni con quién estaba: hasta entonces, su corta vida había pasado entre las paredes del hogar, en plena pandemia. María y Javier, porque no sabían qué hacer con ella, que lloraba sin parar.

Desesperada, María llamó a la mujer que había conocido y que había tenido una linda experiencia de adopción para que le dijera qué hacer. "Abrazala, dale besos, bañala, ponele la ropa que le llevaste y el perfume con el que la querés sentir".

Su receta fue mágica. Después de llorar de manera desconsolada, Esperanza se calmó y ellos, también.

Al día siguiente, la psicóloga del hogar los acompañó a pasear y almorzó con ellos. Cuando terminaron de comer, la niña había cambiado: estaba tranquila sobre la falda de María y saludaba a los mozos.

Volvieron a la habitación, la bañaron, la cambiaron y la acompañaron mientras ella dormía la siesta: ellos no podían pegar un ojo, felices y emocionados como estaban.

Esa noche, Esperanza durmió por última vez en el hogar. Al día siguiente, la buscaron, se despidió de sus amiguitos y de los cuidadores de sus primeros varios meses de vida y emprendió viaje a Salta, tranquila, con sus papás.

Cuando llegó, revolucionó la casa y las vidas de María y Javier: pensaban en cómo se organizarían con el trabajo, en quién la cuidaría cuando ellos salieran y en las cosas que necesitaría para el día a día.

A pesar de todas estas preguntas, se dieron cuenta de que lo importante era conocerla y que ella los conociera, ayudarla para que se adaptara a su nueva vida y para que se desarrollara de la mejor forma posible.

Dos días después, Esperanza disfrutó a lo loco del asado en una comida familiar y comenzó a conocer a quienes la acompañarán por el resto de su vida.

Datos para saber más sobre el tema

Quienes están interesados en adoptar niños, niñas o adolescentes pueden comunicarse con la Secretaría Tutelar del Poder Judicial de Salta para recibir asesoramiento gratuito antes de tomar una decisión al respecto.

Pueden llamar por teléfono al 4258026, de lunes a viernes, de 8 a 13, o dirigirse a Ciudad Judicial, edificio Anexo 1, planta baja, sin turno previo, incluso en la feria judicial. Se puede escribir por correo a regadop1@justiciasalta. gov.ar o llamar a la línea 102.

En la Secretaría Tutelar hay profesionales dispuestos a brindar respuestas a las consultas.

 

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