arte
“Barro en suite”: el hornero como alegoría del oficio de ceramista 
Susana Rocha expone tres series de esculturas en el Museo Casa de Arias Rengel. La exposición se puede visitar gratuitamente de martes a domingo, de 10 a 16. 

Ayer en el Museo Casa de Arias Rengel (La Florida 20) quedó inaugurada la muestra “Barro en suite”, de Susana Rocha. 

Sus tres series semejan una composición instrumental integrada por movimientos muy variados, pero basados en una misma tonalidad... en este caso, “un corazón de barro”. 

En la sala mayor se dispuso el que la artista consideró el primer movimiento: esculturas inspiradas en la naturaleza, la flora y la fauna nativas: cardones, llamas, tarucas y quirquinchos. En la segunda sala, que se corresponde con el segundo movimiento, el visitante apreciará horneros intervenidos. Y en la última sala, se abre paso el universo, el tercer movimiento. 

Susana Rocha dialoga con los visitantes de “Barro en suite”. Jan Touzeau

Susana Rocha estudió la licenciatura en Diseño Interior en la Universidad Católica de Salta. Se dedica a la gestión cultural desde hace más de una década. En su amplio currículum se destaca que fue socia fundadora del Taller de las Artes y miembro de la comisión de Pro Cultura Salta y de la Fundación Copaipa. También que fue directora del Centro Cultural Aristene Papi. 

Actualmente integra la Comisión de Diseño de la Cámara Pymes y de Mad Group, donde se dedica a la organización de exposiciones, ferias y eventos. Desde 2010 trabaja en Galería de Arte Nativa, espacio que creó y ha orientado a la curaduría de arte y al montaje de eventos de diseño.

En 2017 recibió un reconocimiento por su trayectoria en la organización, gestión y difusión del diseño y la cultura en Salta, otorgado por el Ministerio de Turismo y Cultura de Salta, Secretaría de Cultura de la Provincia. Ha participado de la Feria Puro Diseño, de Buenos Aires, en varias ediciones, seleccionada para representar a Salta.

Quien haya visitado alguna de sus muestras individuales o colectivas conoce que es una artista dispuesta a desvelar procesos creativos y técnicas a los espectadores, a través de videos educativos o de amenas conversaciones. 

En “Barro en suite” capta especialmente la atención del visitante la singularidad de las casas de hornero y la alegoría del arte y oficio de ceramista que supone la representación de este pájaro como “constructor sustentable de la naturaleza”. En diálogo con El Tribuno Susana revela que caviló muchas veces en torno de este objeto sensible bajo su ojo artístico. Pronto indagó sobre las costumbres de estas aves y descubrió que emplean barro, paja, raíces y otras ramas unidas hasta formar una masa arcillosa, la que es esculpida por el hornero y su pareja hasta formar un horno grueso, donde luego la hembra pondrá sus huevos. “Esta pequeña ave de veinte centímetros arma su rancho en pareja como todo lo que hace. Macho y hembra cuidan los huevitos, luego de sus crías y también cantan a dúo, son un amor. Además, empecé a ver que ellos empiezan a fabricarse el nido en otoño para en octubre poner los huevos y a fines de verano ya lo abandonan”, informó. 

El hornero emplea barro, paja, raíces y otras ramas unidas hasta formar una masa arcillosa con la que hace su casa. Jan Touzeau

Agregó que si bien puede transformarse en refugio de paso de otras aves o de otros animales de porte pequeño la pareja de horneros lo deja, independientemente de lo bien ubicado y confeccionado que esté, respondiendo a una necesidad instintiva de construir. “Es un constructor nato. Es el primer constructor, porque posee nociones de arquitectura, de ingeniería y sobre todo de ceramista”, sintetizó. 

Su apasionamiento por los horneros la fue llevando a apoderarse de algunos hornos que encontraba. Puntualmente el primero refiere que lo rescató intacto de una tala de árboles en un campo. Pronto la gente supo de su afición y comenzaron a obsequiárselos, cuando los veían abandonados y fuera de época. 

Susana cuece los horneros naturales y una vez transformados en cerámica los interviene. Jan Touzeau

Un día Susana se decidió a pasarlos por la cocción a 1080° a que somete sus piezas. El resultado la sorprendió de buena manera: una casita de hornero en color cerámica. Este hecho la hizo llegar a conclusiones propias. “Eso quiere decir que este barrio tiene mucho hierro, por eso el color, y que no eligen un barro al azar a pesar de que dicen que lo único que buscan es un lugar cercano al agua. Por lo menos estos hornos que yo rescaté acá en Salta estaban en distintos lugares, muy distantes unos de otros, y todos tuvieron la misma evolución, se hicieron cerámica”, explicó.

Una visitante registra las piezas que componen la muestra con su cámara: un arte que circula en redes. Jan Touzeau

El hornero fue declarado el ave nacional argentina en 1928, producto de una encuesta realizada entonces por el diario La Razón a los niños de las escuelas primarias de todo el país. También apareció dos veces en la moneda nacional: el medio centavo de austral en 1985 y el billete de mil pesos, a partir de 2017. “Está en todo el país, pero no sé si en otros lugares sus hornos tienen la misma característica de convertirse en cerámica. Esto me sorprendió muchísimo y por eso empecé a intervenirlos, a colocarles pinturas, esmaltes, colores, diseños. Hice esto para darles visibilización”, especificó Susana. En la vitrina que contiene los hornitos también recreó al pájaro con su pelaje pardo acanelado, salvo su blanco pecho y su cola rojiza. “Quizás en el futuro las personas podamos armar nuestra casa con lo que tenemos alrededor. Sería utópico, pero una posibilidad”, señaló. Agregó que quienes veían estas obras sentían ansias de conocer, lo que encendió luz verde a una visualización que a ella le ha parecido viable y enriquecedora. “Me parece que el hecho de que conozcamos la idiosincracia del hornero es también una manera de protegerlo”, reflexiona. Y una frase suya impresa en la pared de la Casa de Arias Rengel replica sus palabras: “Conocerlos es una forma de valorarlos y valorarlos una forma de protegerlos”. 

La tercera sala

“Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día cada uno pueda encontrar la suya”, interpelará Susana al espectador, mientras le proporciona, en la tercera sala, la experiencia de caminar entre planetas, estrellas y volcanes; pero no sin filiación, sino interconectados con una ficción fascinante “El principito”, de Saint-Exupéry. ¿Será alguno de esos cuerpos celestes, el asteroide B 612, la casa del misterioso personaje?

Susana se recibió de bachiller en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús. El dato sale al paso porque en los últimos años de la secundaria ella ubica la época en la que más leía, y en la que releía “El principito”.

La tercera sala, un guiño a la infancia del espectador, tan reflexivo y nostálgico como la obra en que se inspira. Jan Touzeau
“Todo comenzó cuando decidí hacer los planetas, allá por 2017. Tengo un par más de los que están en el museo. Al verlos todos juntos me remitió a ese libro”, dice Susana. Las referencias se desgranan en una catarata de frases que cae involuntaria desde la mente del visitante. “Poseo también tres volcanes a los que deshollino cada semana y también me ocupo del que está extinguido; pues uno nunca sabe lo que puede ocurrir”, parece decir el personaje ataviado en un verde monocromático con su infaltable bufanda en torno del cuello. La artista explica que las dos figuras fueron realizadas en marzo de 2022: “un principito de otro planeta, con todos sus atributos de magia, y un principito más adulto, observando la evolución de otros universos”.

Y si el llamado es a que “cada uno pueda encontrar” su estrella, no podemos dudar en que no se relaciona con la ambición de poseerlas a todas como el hombre de negocios de la fábula, sino con honrar aquellas estrellas que ríen, como las que le legó a su aviador el principito.