Sin coraje político no habrá salida

Cuando nos preguntamos desde la economía cómo llegaremos a las elecciones del próximo año, surgen varias dudas; la primera y quizá la más importante, es cuándo bajará y se podrá controlar la inflación para poder ser un país serio que nos permita planificar, invertir, mejorar la calidad de vida de los argentinos, bajar significativamente la pobreza, mejorar la salud, la educación, contener a nuestros jóvenes generando trabajos sustentables, en fin son tantas las necesidades que harán falta políticas de estado que se mantengan a través de los gobiernos, sean del signo político que sean.

Fiebre inflacionaria

La inflación es un fenómeno comparable con la fiebre de nuestro organismo: no basta con bajarla sino atacar todas las enfermedades que la producen, es decir cuando la economía anda mal genera entre otros síntomas inflación razón por la cual será necesario un buen tratamiento para reducirla o eliminarla.

La receta preparada para bajar la inflación y comenzar un proceso de crecimiento estable de nuestra economía son las que los profesionales idóneos recomiendan al gobierno. Estas requieren del consenso de toda la sociedad y, en muchos casos, obligan a pagar un alto costo político y social. Un costo antipático, que lamentablemente los gobiernos que tuvimos y la dirigencia que tenemos no parece estar dispuesta a pagar. Prevalece la prioridad absoluta de conservar el poder, es decir, la cultura populista.

El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional nos marcó un mini plan económico de estabilidad que, por factores internos y externos, está siendo modificado. Ese acuerdo nos obligaría a empezar a poner nuestra macroeconomía en orden, pero otros factores que nos marca la realidad deberán controlarse y solucionar, como el gran aumento de las importaciones y gastos en el exterior, el faltante de dólares, la escasez de abastecimiento por falta de planificación de combustibles. Estos factores pueden ser determinantes en el camino hacia el escenario electoral del 2023.

Los partidos políticos y las alianzas que aspiran a ser gobierno a partir del próximo año están preparando con sus equipos técnicos un plan de gobierno para atraer inversiones e iniciar el tan ansiado proceso de crecimiento y desarrollo de nuestro País para lograr la Argentina pujante que todos anhelamos y que ya fue.

Para ello será necesario cumplir con algunos preceptos que me he permitido sugerir con la idea que el circulo vicioso que actualmente tenemos sea convertido en virtuoso:

A) Reducción y eliminación de impuestos: se deberá revisar la estructura tributaria con el objeto de suprimir los gravámenes de escasa recaudación y, con los pocos que queden, simplificar su administración por parte de los contribuyentes; es difícil casi imposible pensar que cualquier inversor traiga sus negocios a un país que tiene más de 160 impuestos entre nacionales, provinciales y municipales; ese dato nos ubica entre los primeros en el ranking mundial de los países que más gravan a sus empresas en el mundo. Una calificada fuente del Banco Mundial dijo que si una pyme en Argentina pagara todos sus tributos es altamente probable que pierda plata y se funda.

B) Reforma de la administración pública: En los últimos 20 años prácticamente se han duplicado los gastos y la cantidad de empleados en la administración nacional, provincial y municipal. El mayor objetivo será reducir sustancialmente el gasto y las erogaciones que no sean necesarias y reducir la planta de personal. Y esto es clave: al hacerlo, se debe garantizar que ninguna persona en el corto plazo pierda ingresos y asegurarle la oportunidad de reinsertarse en la actividad privada y progresar. Será difícil, porque la ampliación de la planta permanente nace de los acomodos políticos pero, sobre todo, de la caída de la oferta de empleo privado. Los cambios en las normas laborales en el sector público y la cualificación de la carrera administrativa son imprescindibles. Para evitar el costo social harán falta crear incentivos para las empresas que contraten a ex¿empleados públicos como también a nuevos trabajadores. Por ejemplo, eximición de aportes patronales durante por lo menos dos años, subsidios a los gastos de capacitación en el nuevo empleo, facilitar la jubilación anticipada para los mayores de 60 años que no logren insertarse en el mercado laboral, y promociones y asistencia a las pymes y a los emprendedores, que representan más del 70% de la fuerza laboral.

C) Reconversión: buscar que el asistencialismo se convierta progresivamente en empleo genuino ya que los planes sociales que en distintas formal alcanzan a millones de personas, configuran un sistema deficitario e insostenible para el gobierno, y destructivo para los grupos sociales que van quedando excluidos de la actividad formal.

D) Reformar la Coparticipación Federal de Impuestos para devolverle a las provincias la potestad tributaria y que sean responsables de recaudar lo que gastan, evitando la dependencia y disciplinamiento con el poder central.

E) Subsidios: reducir hasta que se eliminen en un plazo preestablecido los subsidios especialmente a la energía y transporte, las tarifas y precios deberán cubrir los costos más una ganancia para que incentive la inversión del sector, cuidando el impacto sobre los usuarios de menores ingresos que deberán beneficiarse con una tarifa social

F) Legislación laboral: producir una reforma laboral saludable tanto para el trabajador como al empleador para terminar con el trabajo informal

G) La economía informal o en negro debe ir acompañada de la referida reducción gradual de impuestos, particularmente las normas de la AFIP, del BCRA y de otros organismos regulatorios que asfixian particularmente a emprendedores y a pymes

H) Estabilizar nuestra moneda, premisa más que imprescindible para lograr el equilibrio fiscal (gastar menos o igual de lo que se recauda) ya que sin esa condición, no hay una economía ni un país viables. Cualquier medida que se establezca para lograr la estabilidad de nuestra moneda, fracasará si no logra el equilibrio fiscal.

Tiempos electorales

Alerta rojo: solamente por la inflación y la suba de tarifas energéticas, el oficialismo piensa que pueden perder las elecciones del 2023 recordando lo que paso con el macrismo, que sufrió en las urnas el costo de los tarifazos de la electricidad y el gas impuestos con muy poco tacto por el entonces ministro por el entonces ministro de Energía y Minería, Juan José Aranguren.

Muchos sectores del kirchnerismo piensan que Martín Guzmán va camino a llevarlos a una especie de catástrofe tarifaria, perspectiva que los desvela.

 

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